Ángel Stanich. Foto: Bitzsanz

Ángel Stanich. Foto: Bitzsanz

Música

Ángel Stanich, cantautor: "Bob Dylan fue mi caldo primigenio y Franco Battiato, un descubrimiento"

El enigmático compositor y cantante, uno de los mejores letristas del momento, publica su disco más introspectivo, ‘Por la hierba’, donde despliega un universo tan surrealista como acogedor.

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Copiando el lema de La Codorniz, digamos que Ángel Stanich (Santander, 1987) es el cantautor más audaz para el público más inteligente. Es lisérgico, críptico, irónico, político y lírico.

Ermitaño y guadianesco, aparece cuando publica material nuevo, se vacía en los escenarios y desaparece una temporada. La exposición pública es el peaje que ha de pagar por dedicarse a lo que le gusta, pero no le gustan los focos. Si por él fuera, apagaría hasta los del escenario. Quizá por eso oculta a medias su rostro tras una frondosa maraña capilar.

Estudió periodismo, pero prefirió ser “Bob Dylan que Manuel Campo Vidal”, canta en Hula Hula. Poco dado a apariciones en la prensa, logramos echarle el lazo para hablar de su universo creativo y de su recién publicado cuarto disco, Por la hierba, que le tiene ya inmerso en una gira por salas y festivales de todo el país.

Pregunta. ¿En qué se diferencia este nuevo trabajo de los anteriores?

Respuesta. Es un disco más reposado y menos recargado que el anterior, que venía de la influencia de Franco Battiato y tenía un punto barroco. Ahora he buscado ir a lo esencial en los arreglos, aunque tampoco es el Nebraska de Springsteen. En cuanto a los temas también es más franco y honesto, y a la vez redondo en lo conceptual, porque todo versa sobre ir por la hierba.

P. ¿Qué significa esa metáfora?

R. Salirse de la carretera. Llega un momento en que sientes que has perdido tu camino, la mayoría de las veces de modo accidental, debido a circunstancias que llevabas en la mochila vital, y a veces también de una forma feliz y voluntaria.

P. ¿Cuánto hay de Dylan y de Battiato en su música?

R. Dylan está en mi caldo primigenio, es lo que más me agitó desde pequeño. Mi madre me regalaba discos de Camarón, de Louis Armstrong, del cantautor italiano Angelo Branduardi, de Blur, de Oasis... Música muy dispar que me forjó un gusto muy ecléctico. Battiato, en cambio, es un descubrimiento de juventud, casi de madurez, que me dejó flasheado en la época de la pandemia y me influyó mucho para mi disco anterior. Siempre me había parecido un tanto verbenero, pero de repente conecté un montón con su música. Poco antes de publicar Polvo de Battiato se nos fue y parecía que el disco era un homenaje, pero fue todo muy fortuito.

"Sabía que mi voz no era algo por lo que escucharme, así que tuve que encontrar un modo de cantar que expresara"

P. Tiene un estilo vocal impostado que lo hace único, pero a la vez es muy arriesgado: o gusta mucho o causa rechazo. ¿Por qué lo eligió?

R. Sabía que mi voz no era algo por lo que escucharme, así que tuve que encontrar un modo de cantar que expresara de algún modo, y dar en las letras un extra para compensar una voz que no es líricamente ideal ni mucho menos. Ahí encontré un montón de referentes, como Dylan, Sabina, Lou Reed, Calamaro o Iggy Pop, que no tienen grandes voces pero han sabido utilizarlas. Ya no me preocupo tanto por la impostación de la voz, en algunas canciones mantengo mi engolamiento habitual y en otras no tanto, según lo que me pida cada una.

P. Usted es un cantautor de culto...

R. ¡Oculto!

Ángel Stanich. Foto: Bitzsanz

Ángel Stanich. Foto: Bitzsanz

P. ¿Cree que ha alcanzado su pico máximo de audiencia?

R. Seguramente no, pero no tengo prisa. Es bueno que mi música vaya haciendo su trabajito poco a poco. Eso encaja más con cómo soy y con mis intereses, que son disfrutar de la música y vivir de ella, pero tranquilamente.

P. Sus canciones son enigmáticas, casi acertijos a veces. ¿Cómo no pasarse para que la gente pueda entender y empatizar con lo que cuenta?

R. Me gusta ser críptico, sí. Es algo que me nace espontáneamente, y en este disco más, ya que las letras de las canciones han tenido menos elaboración, menos vueltas, incluso menos trabajo previo de documentación. Canto sobre cosas que estaban muy en mí. Las referencias a todo tipo de artes, subculturas, asuntos de actualidad o políticos me salen solas y no busco que no se comprendan ni mucho menos. Pero entiendo que haya gente que diga “bueno, esto no lo he entendido, esto tampoco sé lo que es, pues ya está”. Es como cuando yo veo la parte de las cifras en Cifras y letras, que desconecto y vuelvo ya con la parte de las letras.

P. Las referencias culturales son muy dispares, de Los Simpson a David Lynch, de Ilia Topuria a François Truffaut. ¿Cree que ayudan a generar una conexión especial con los oyentes que las capten?

R. Todos esos guiños que meto en las canciones para redondear el cuadro que quiero mostrar creo que hace que quienes los comprenden se sientan más en casa de algún modo. Es como una especie de tienda de discos o una librería en la que uno entra y dice: “¡Guau, qué guapo, está aquí todo lo que me gusta!”.

P. El humor y el sarcasmo son también ingredientes clave de sus canciones. ¿Se usan poco en la música española?

R. Tenemos a Albert Pla, a Pepín Tre o a Javier Krahe, y a otros más serios como Sabina, Serrat o Aute, que también usan el humor. Yo tengo una dosis mayor de surrealismo y de influencia de Faemino y Cansado, de Monty Python y de La Hora Chanante.

P. Decía Julio Camba que él escribía para un señor de Guadalajara. ¿A quién tiene usted en mente cuando escribe sus canciones?

R. Yo escribo para obtener el disputado voto del señor Cayo y para Fernando Conde, el tercero de Martes y Trece.