Ramoncín durante un concierto. Foto: María2001

Ramoncín durante un concierto. Foto: María2001

Música

Ramoncín, 50 años a contracorriente: "Hoy te llaman rojo por la mañana y fascista por la tarde"

El provocador roquero y tertuliano que abanderó la lucha contra la piratería lleva a Madrid su gira con la que celebra 70 años de vida y medio siglo encima de los escenarios.

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Ramoncín está de doble aniversario: cumplió 70 años en 2025 y este año cumple 50 de carrera musical. El roquero y tertuliano televisivo lo está festejando con una gira llamada Celebración 50/70, que este domingo le lleva, dentro de la programación de Inverfest, a la sala La Riviera de Madrid, donde hará un repaso de sus grandes éxitos.

Con más de una docena de discos de estudio publicados y más de un millón de copias vendidas, entre sus canciones más conocidas figuran “Hormigón, mujeres y alcohol” (más conocida como “Litros de alcohol”), “El rey del pollo frito” (que trataba de un capo de la industria musical pero acabó convirtiéndose en su propio apodo, a su pesar), “Como un susurro”, “La chica de la puerta 16”, “Rock and roll duduá” o “Ángel de cuero”.

La primera vez que Ramoncín (José Ramón Julio Márquez Martínez) se subió a un escenario corría el año 1976. “No teníamos ni Constitución y tenías que ir a apuntarte en un registro en el que nos clasificaban como ‘silbadores’ a los que no sabíamos solfeo”, cuenta el cantante en una torrencial conversación telefónica rebosante de anécdotas, reflexiones y opiniones a contracorriente.

Haciendo enemigos

Son muchos años haciendo amigos… y enemigos. “Tiene incluso más que yo”, cuenta el otro gran roquero macarra e intelectual de su generación, Loquillo, en el documental Ramoncín. La vida en el filo (2016, disponible en Netflix y en Prime Video). Y eso ya es decir. Además, hay que tener en cuenta que Loquillo mide casi dos metros y es difícil toserle, mientras que él ronda el 1,70. Pero lo que le falta por un lado, le sobra por otro.

“Tener enemigos ya no es un valor, ahora todo el mundo tiene una cantidad de enemigos tremenda. ¿Tengo yo más que Javier Bardem o Sarah Santaolalla, por ejemplo? A mí me gusta mucho tener determinados enemigos. Me parece cojonudo que cuando el Ayuntamiento de Madrid me propone para recibir la Medalla de Oro el único partido que se oponga sea VOX, es coherente para ellos y para mí”, afirma el músico.

“Yo lo único que he hecho ha sido el bien, he estado en los festivales donde había que recaudar dinero para alguna causa, he luchado por los derechos de autor más que nadie, pero hoy te llaman rojo por la mañana y fascista por la tarde”, protesta Ramoncín, que considera un eufemismo la palabra polarización.

“El mundo no está polarizado, sino enfrentado. Es mucho más grave de lo que parece y en este país se nota mucho. Los medios tienen sus líneas editoriales y nadie quiere salirse de ahí. Es muy difícil oír a alguien reconocer que se ha equivocado. Yo en las tertulias jamás grito ni insulto a nadie, y puedo asentir con la cabeza si alguien opuesto a mí ideológicamente dice algo con lo que estoy de acuerdo”.

En cuanto al posicionamiento político de los artistas, opina: “Muchos somos tan gilipollas que tomamos una posición. Yo soy un librepensador, lo mismo me da atizarle a uno que a otro. Soy de izquierdas, creo en la justicia social, en la redistribución de la riqueza, en la sanidad y la educación públicas, gratuitas y universales”.

“Pero no soy un extremista —continúa—, no abomino de los que son de derechas, solo tengo problemas con la ultraderecha. Este año va a ser terrible, porque los partidos de ultraderecha van a ser las sucursales europeas de Trump, que es un analfabeto incapaz de enlazar una subordinada en su propio idioma y tiene al mundo en vilo. Maduro es un impresentable y le tenían que echar, pero desde su propio país a través de unas revueltas, como pasó con el Muro de Berlín”.

Ramoncín en concierto. Foto: Amalia Villar

Ramoncín en concierto. Foto: Amalia Villar

"Soy de izquierdas, pero a mí no me engañan ni Maduro, ni el régimen cubano, ni Ortega. El problema de una parte de la izquierda es ser incapaces de reconocer que Stalin y Mao eran unos genocidas que provocaron millones de muertes".

Adalid antipirata

Además de los 50 años de su primer concierto, este 2026 se cumplen otros dos aniversarios redondos relacionados con la trayectoria de Ramoncín.

Por un lado, han pasado 20 años desde que tuvo que suspender su actuación en el Viña Rock porque el público le lanzó una lluvia de objetos, entre ellos “cedés recortados como estrellas ninja”.

Miembro de la junta directiva de la SGAE durante décadas, por entonces Ramoncín era el principal rostro visible de la lucha contra la piratería y la defensa del polémico canon digital. Se convirtió en símbolo de una política muy impopular en plena expansión de Internet y la cultura gratis.

Aunque en aquella época él reclamaba lo que legítimamente pertenecía a toda la profesión, los compañeros no dieron la cara por él. El mismísimo Miguel Ríos lo reconoce en el citado documental. “Me lo comí yo solo. No les guardo rencor, pero aprendí a distinguir entre compañeros y coincidentes laborales”, afirma Ramoncín.

Para más inri, algunos años después fue acusado de haber defraudado más de 50.000 euros a la SGAE con varios proyectos no realizados, pero demostró que él cumplió su parte y entregó los proyectos aunque después no llegaran a materializarse y quedó absuelto en 2016 (he aquí el otro aniversario), como también fueron absueltos en 2021 Teddy Bautista y otros nueve acusados por el caso Saga.

Pero en este país siempre han pesado más las acusaciones que las absoluciones. Su nombre quedó en el imaginario popular ligado a la corrupción, el mangoneo y la “casta cultural”.

Ramoncín abandonó la junta directiva de SGAE hace ya muchos años, en 2007. Esto es lo que opina de cómo ha evolucionado la defensa de los derechos de autor en los últimos años: "Me jode mucho decir que el tiempo te da la razón, pero es que la tenía. El derecho de autor prácticamente ha desaparecido, en el mundo en general, pero en este país en particular. La SGAE recaudaba 360 millones de euros cuando en Francia se recaudaban 700. A día de hoy, allí recaudan 1400 y si aquí se hicieran las cosas como hay que hacerlas, la SGAE estaría recaudando 900 millones” [según los datos de la propia SGAE, en 2024 recaudó 390 millones, su máximo histórico].

El punki que leía a Balzac

Ramoncín siempre ha llevado a gala su origen barrial. Creció en Delicias, “un barrio obrero, de fábricas y de talleres en los que se podía aprender cualquier oficio, pero en las casas había libros. Unas calles en las que se oían las sirenas de los talleres de la Renfe y veías salir a cientos de personas salir de trabajar con monos marrones y azules”. Él vivía en la calle Canarias, en unos bloques donde “el 90 % eran perdedores de la guerra”.

Siempre fue por libre, a la contra, provocando. Una actitud desafiante con la que ya desde el principio se ganó detractores —en su concierto de 1978 en el Parque de Atracciones una parte del público le lanzó huevos—, pero también hizo que se ganara rápidamente un hueco en el panorama cultural, porque él no pasaba por ningún sitio de puntillas.

En su primera actuación en televisión, en 1978, apareció con un rombo pintado alrededor del ojo, a lo David Bowie. Querían que tocara "Rock and roll duduá", pero se empeñó en cantar "Marica de terciopelo". Aunque tenga un título políticamente incorrecto para los estándares actuales, la canción no era insultante para el colectivo gay, sino todo lo contrario: un canto a la libertad sexual y contra la represión de la época. Fue en Dos por dos, el programa de entrevistas que presentaban Mercedes Milá e Isabel Tenaille. Al coger el micro, dedicó la canción a todos los que estaban “en el maco colocados sin ninguna distinción”.

Casi medio siglo después, Ramoncín se imagina a una familia que viera aquello por la tele: “El abuelo diría ‘a este en mi época lo hubiéramos fusilado’, el padre diría ‘menudo maricón’, y el hijo diría ‘quiero ser como él’”.

Era un tipo peculiar, un macarra leído y elocuente. Se codeaba con Umbral y con Cela dentro y fuera de los platós de televisión que tantas veces ha pisado como tertuliano, cosa que sigue haciendo en La Sexta. Un día, mientras Umbral se cortaba el pelo, el barbero dijo: “A ver si el punki este se va a mear en las macetas”, y el escritor contestó: “El punki este lee a Balzac”.

En otra ocasión, en una entrevista en la SER cuando tenía 19 años, recuerda que le preguntaron: “¿Y tú qué lees, chaval?”, a lo que respondió: “Me estoy leyendo el diccionario filosófico de Voltaire, ¿y usted?”.

“Eso para mí es provocar”, dice Ramoncín. “Yo jugaba esa baza y la sigo jugando. Yo me siento en las tertulias después de haber leído y pensado mucho”, dice quien tuvo la peregrina idea de hacer un monumental diccionario de jerga callejera, El tocho cheli, para el que confeccionó fichas que llenaban dos bolsas de deporte con las que se presentó en el despacho de la editorial.

Entre Asfalto y la Movida

Ramoncín se queja de que a veces parece que en España no pasó nada a nivel musical entre los grupos de los 60 —Los Bravos, Los Brincos, Los Canarios, Los Salvajes, Lone Star...— y la Movida madrileña. Se pasa por alto a menudo, dice, a bandas como Asfalto, Bloque, Ñu o Alarma!!!. "Yo no encajaba ni con ellos ni con la Movida. Yo no hacía ese rock progresivo de Asfalto, lleno de pasajes musicales geniales porque ellos sabían tocar y nosotros no. Lo nuestro eran canciones directas. También en mi época surgió Burning, a los que iba a ver tocar".

"Cuando la Movida apareció, yo ya iba por mi cuarto disco", recuerda Ramoncín. "Yo solía decir que a ellos les habían comprado las guitarras sus padres, no como a nosotros. Ellos hacían música para divertirse; nosotros queríamos divertirnos y al mismo tiempo decir algo. Yo no podría haber cantado algo como 'Horror en el supermercado'; yo hacía canciones como 'La chica de la puerta 16', donde hablaba de cómo se trataba a las lesbianas".

En todas las conversaciones con artistas musicales de los 80, surge inevitablemente el tema de la droga. "Fue horroroso, como si hubiéramos tenido nuestro propio Vietnam. Habría que echar cuentas de a cuánta gente joven le costó la vida. Pocos amigos míos cayeron por la heroína, pero en el mundo de la música los vi caer como moscas. Muchos eran niños bien portándose mal. Recuerdo que se hizo un festival en Barcelona para recaudar fondos para los afectados por el aceite de colza. Fuimos muchos, estaban Antonio Vega, Antonio Flores, Teddy Bautista, la Orquesta Mondragón... Estuvimos un par de días ensayando antes del concierto y a la salida de los ensayos los camellos regalaban la heroína. Ese era el negocio, lo regalaban con el hachís. Te decían que no hacía falta pincharse, pero yo nunca quise saber nada de drogas duras. Malditos 80".