FAMILIA. La historia de una familia disfuncional, diríamos hoy por defecto con perezoso etiquetado. La novela corta Un traje rojo para un duelo (1996), de la dramaturga y narradora mexicana Elena Garro (1916-1998), publicada por Bamba Editorial, es mucho más. El título le vendría bien a una novela negra, pero no pertenece al género. Eso sí, es negra, negrísima, de una oscuridad irrespirable.

Realista con un pie en lo fantástico, Un traje rojo para un duelo está contada por Irene, una niña preadolescente –hay una contradicción sobre su edad– que vive tiranizada, virtualmente secuestrada, por Pili, su despótica y maligna abuela, apodada La Gorgona, en una mansión siniestra, lóbrega y subterránea que algún día fue vivienda de familia acomodada y hoy es sombría cárcel rezumante de secretos, probables crímenes y suicidios ocultados por la vieja matriarca, una cabeza que corona un cuerpo de reducida estatura, obeso y grasiento.

Asustada –miedo es la palabra que más se repite en el claustrofóbico relato–, perdida, aislada, fustigada y humillada, el cautiverio de Irene es posible gracias a la complicidad de Gerardo, su padre, hijo mimado de Pili y abducido por ella, que apenas consiente que alguna vez pueda visitar la casa de Natalia, su madre, tachada de puta por la abuela, odiada a muerte por Gerardo desde su separación, que malvive al borde del desahucio, acompañando la enfermedad terminal de su padre. En el desamparo absoluto de la muchacha, Natalia, su madre, tampoco es siempre un refugio seguro.

INSECTO. En el coral reparto de vidas atroces participan otros varios familiares, miembros del servicio y conocidos –cuyos nombres e identidades el lector deberá retener con atención para no liarse–, y tiene especial protagonismo una inquietante criatura, un insecto siempre móvil y omnipresente, suerte de mínimo homúnculo, llamado el Gigante, el ojo policial y vigilante de esa divinidad maléfica que es Pili, la abuela.

He ahí, quizás, un vestigio del realismo mágico que se atribuyó a Elena Garro –y ella rechazó– cuando publicó su primera y mejor novela, Los recuerdos del porvenir (1963), sobre la Guerra Cristera. Quienes hayan leído recientemente a la argentina Aurora Venturini (1922-2015) quizás piensen en los convulsos y deformados universos familiares de la autora de Las primas (2007). Pero su escritura no es la misma, y Garro no da opción al humor, aunque sea macabro.

'Un traje rojo para un duelo' es una novela negra, negrísima, de una oscuridad irrespirable

La novela de Garro gira casi circularmente, y con algunas reiteraciones, sobre el mismo núcleo de abyección moral y sufrimiento hasta que, a modo de engrosamiento y avance de la delgada –aunque espesa– trama irrumpen los dos elementos, brutalmente interrelacionados, a los que alude el título de la novela: el simbólico traje rojo que Pili regalaría a Irene para su primera fiesta y el duelo por la muerte del abuelo materno.

ENEMIGO. Pero hete aquí que, según revela detenidamente en un documentado e imprescindible epílogo Patricia Rosas Lopátegui –profesora universitaria, biógrafa, agente literaria, máxima especialista y máxima defensora de la controvertida figura de Elena Garro–, Un traje rojo para un duelo es un roman à clef, una novela con fuertes trazos autobiográficos que esconde (y muestra) a personajes y hechos reales de la tremenda relación entre la escritora y el no menos controvertido poeta y ensayista mexicano Octavio Paz (1914-1998), que estuvieron infernalmente casados entre 1937 y 1959.

Irene y su peripecia representarían a la poeta y memorialista Helena Paz Garro (1939-2014), única hija de ambos. El Cervantes y Nobel asomaría en la figura del castrante Gerardo y Natalia sería un trasunto de la propia Elena Garro. Y, claro, la monstruosa abuela Pili no sería otra que Josefa Lozano, la madre de Octavio Paz. Dos años antes de morir Elena Garro dijo su última palabra sobre su opresor. Su “enemigo”.