Jamen Conlon. Foto: Dan Steinberg

Jamen Conlon. Foto: Dan Steinberg

Música

James Conlon: "Una sociedad que no se ancla en su patrimonio es peligrosa"

Pulcro y firme, el director estadounidense protagoniza el ciclo Sólo Música del CNDM, ‘enfrentando’ las cuatro sinfonías que tienen en su catálogo tanto Brahms como Schumann

14 junio, 2021 09:02

A los directores de orquesta, que tienen más horas de vuelo que muchos pilotos, el parón pándemico les produjo una sensación de irrealidad y extrañeza particularmente intensa. Imaginen lo que ha podido ser para James Conlon (Nueva York, 1950), por ejemplo, que simultanea la dirección musical de la Ópera de Los Ángeles con la de la Sinfónica Nacional de la Rai, perteneciente a la cadena pública italiana. Responsabilidades a las que hay que sumar sus múltiples alianzas ‘estratégicas’ con otras agrupaciones europeas, incluida la que mantiene con la Sinfónica de Madrid en el foso del Teatro Real, donde se ha prodigado como especialista verdiano: Las vísperas sicilianas (2014), Luisa Miller (2016), Macbeth (2017) y Giovanna d’Arco (2019). A lo largo del último año, varado en California, se ha volcado con el streaming (de conciertos sin público) y los podcasts (explicativos de partituras y compositores), dos vocablos ingleses que nos tuvimos que tatuar durante el confinamiento y que a la RAE, al final, no le quedará más remedio que sancionar.

En medio de este estancamiento, España ha sido un oasis para él: en marzo se puso al frente de las Sinfónicas de Galicia y de Castilla y León. Ahí ya asomó la patita de lo que tenía preparado para el Sólo Música del CNDM: un duelo romántico entre Brahms y Schumann, con las cuatro sinfonías de cada uno en atriles durante los días 18, 19 y 20. Bajo su batuta tendrá a las dos orquestas españolas ya citadas más la Orquesta Nacional y la JONDE (con la que también estará en el Festival de Granada el 21). Amable y didáctico, Conlon nos desgrana las claves del desafío.

Pregunta. Contrastar las sinfonías de Schumann con las de Brahms es un sugerente juego de espejos. ¿Hasta qué punto las del segundo están influenciadas por las del primero?

Respuesta. Ambos compositores tienen estilos que, en

realidad, son incomparables. La verdadera influencia de fondo es la de Beethoven y resulta muy interesante ver cómo ambos responden a esa gigantesca sombra. No hay ni un solo momento en las sinfonías de Brahms en el que uno pueda decir esto es una reminiscencia de Schumann. Su primera sinfonía es inequívocamente ‘brahmsiana’, en su totalidad y en sus detalles. Emerge como una criatura recién nacida, por así decirlo. Quizá porque el periodo de intimidación respecto a Beethoven y su larga gestación ya eran suficientemente prolongados como para haber alcanzado la madurez necesaria para construir una obra maestra propia. 

P. ¿Diría entonces que representan dos caras diversas del espíritu romántico que acuñó Beethoven?

R. La influencia de Beethoven tampoco puede ser exagerada. Se extendió por gran parte del siglo XIX pero, además de las músicas de Brahms y Schumann, produjo también otras tan dispares como las de Schubert, Berlioz y Wagner. Por esta razón debemos diferenciar entre el poder de Beethoven para generar modelos (con manifiestos resultados) y el desafío de las generaciones posteriores para encontrar sus propias voces, que pudieron, si no competir con el genio, sí al menos elaborar música con las dimensiones beethovenianas en amplitud, hondura, humanidad, intelecto, filosofía e intensidad emocional de tan insigne predecesor.

P. Brahms fue durante muchas décadas una figura etiquetada como conservadora. Hasta que Schönberg, sorprendentemente, elogió su modernidad y sus hallazgos. “Brahms el progresista”, lo llamó, agrietando el tópico. ¿Coincide usted con la opinión de Schönberg?

R. Yo lo que creo es que las etiquetas de conservador o progresista en lo relativo al pasado tienen que ser revisadas por completo.  Es una tarea pendiente. En consecuencia, no me siento en disposición de responder una cuestión así.

“El periodo romántico en la música clásica es uno de los más relevantes en creatividad de Occidente”

P. Forzando un poco la interpretación, el duelo de ambos fue más allá de lo musical ya que Brahms vivía enamorado de la mujer de Schumann: la pianista y compositora Clara Wieck. Esto le pone un poco de picante a la ‘confrontación’ planteada en el Sólo Música, ¿no?

R. La historia de las personalidades de Brahms y Schumann combinada con la figura capital de Clara en medio de ambos por supuesto que le añade morbo y es materia para ‘romantizar’ sus biografías. Pero es importante tener claro que interpretar el arte en clave autobiográfica es una cuestión delicada, sujeta a conjeturas y, por tanto, a confusiones y bulos. Tampoco piense que defiendo un acercamiento absolutamente abstracto a los pentagramas, desligados de las emociones, como si estas no jugaran un papel crucial. Lo que digo es que el ‘producto final’ es un universo propio y autosuficiente, con su lógica y su raison d’être internas, sin conexión con las vivencias particulares de los creadores.

P. El romanticismo exaltó precisamente esas emociones a las que aludía. ¿Cómo describiría la importancia de esta corriente en la historia de la música?

R. El denominado periodo romántico en la música clásica (tan diferente del literario y del uso que se hace de este término en otros campos) es, en mi opinión, el más relevante en cuanto a creatividad y productividad en la cultura occidental. Abarcó casi todo el siglo XIX y, de diversos modos, el XX.

Homérica ambición

Este duelo romántico no es, en realidad, la idea original, que era ensartar siete Séptimas sinfonías, en un sugerente recorrido de la mano de Haydn, Mozart, Bruckner, Beethoven, Dvorák, Shostakóvich y Mahler. En un único día, como mandan los homéricos cánones del ciclo Sólo Música. Pero no podía ser ejecutada bajo este contexto pandémico: tantas horas, tanta gente, agrupada en un mismo espacio... “Estaba entusiasmado con el proyecto de las Séptimas pero el duelo romántico es muy buena alternativa”, afirma. En total, las cifras que resumen este nuevo hito son: ocho sinfonías, cuatro orquestas y tres días. Un castizo diría aquello de que no es moco de pavo. “Me parece maravilloso dirigir dos series sinfónicas simultáneamente. Lo más complicado es realmente situarnos en el Auditorio Nacional manteniendo las distancias entre los músicos, más amplias de lo habitual. Y también la reducción de las cuerdas. Pero los desafíos son así, hay que afrontarlos, y respecto al detalle de las cuerdas conviene recordar que esta sección, en vida de Brahms y Schumann, no estaba tan nutrida como es costumbre en la actualidad”.

P. Ya ha trabajado con cuatro de las orquestas con las que llevará a cabo este duelo: OCNE, Sinfónica de Galicia y la Sinfónica de Castilla y León. ¿En qué nivel diría que están nuestras agrupaciones?

R. La relación más antigua es la que mantengo con la OCNE aunque lo cierto es que no la he dirigido en los últimos años. El nivel de todas es muy alto y es un auténtico placer trabajar con ellas.

P. Son orquestas sustentadas con cargo a las arcas públicas, al contrario de lo que ocurre en su país. ¿Qué modelo le parece más adecuado para hacer que la música clásica cale en la sociedad?

R. Llevo años anhelando que en Estados Unidos haya mayor apoyo público y que este se combine con el sistema privado de patrocinios. Los dos pueden funcionar juntos. Como visitante puntual a España, no estoy suficientemente informado sobre sus esquemas de financiación. Pero defiendo firmemente el respaldo institucional europeo y su expansión.

Cerca de la normalidad

P. ¿Cuál es la situación, por cierto, de las orquestas en EE.UU. tras el impacto de la Covid-19?

R. Es demasiado pronto para hablar de los efectos a largo plazo de la pandemia. En el corto, España ha destacado como el país que fue capaz de mantenerse más cerca de la normalidad que los demás, al menos por lo que yo he visto. Pero hay que estar atentos a lo que está por venir. Me pregunto por ejemplo si el público se ha acostumbrado tanto al streaming y a estar cómodamente en su casa que ya no sentirá la necesidad de volver a los auditorios. Recientemente, sin embargo, tuve la impresión opuesta: que la gente ha echado mucho de menos la experiencia del directo y está deseando regresar. Ese deseo es, por otra parte, particularmente apremiante entre los músicos.

“El abandono de las bellas artes en los colegios en la era reagan ha empobrecido la vida cultural de estados unidos”

P. ¿Y en la Ópera de Los Ángeles cómo están las cosas?

R. Hemos vivido, precisamente, una temporada muy provechosa en el terreno del streaming pero la primera función presencial no llegó hasta este fin de semana. En streaming completamos el Edipo rey de Stravinski y una gala simbólica para celebrar nuestros planes de abrir con normalidad próximamente. La intención es hacerlo en septiembre.

P. Usted es muy crítico con las políticas educativas que se implantaron bajo el gobierno de Reagan en los 80 porque suprimieron las bellas artes (incluida la música) de los planes lectivos. ¿Qué consecuencias han tenido aquellas medidas?

R. El abandono de las bellas artes en los colegios ha empobrecido notablemente la vida intelectual y cultural del país. No podía ser de otra manera. Un porcentaje amplio de nuestra población no tiene ningún contacto significativo con el arte. Son ya cuatro décadas de progresivo declive del interés por este mundo, incluso aunque las orquestas, los teatros de ópera y los conservatorios han continuado expandiendo su actividad cualitativa y cuantitativamente. En términos económicos eso significa un aumento de la oferta y una reducción de la demanda. Lo más grave, claro, es que la sociedad ha perdido el influjo humanizador que procuran las artes.

P. ¿Una sociedad regida por personas sin el más mínimo interés por la cultura le parece potencialmente peligrosa?

R. Para responder como es debido a una pregunta de tanto calado filosófico necesitaría mucho más tiempo del que tenemos en esta entrevista. Pero, si me esfuerzo por ser conciso e ir al grano, diría que una sociedad que no se ancla a sí misma en su patrimonio artístico corre un gran riesgo de verse arrastrada hacia derroteros muy peligrosos.

@alberojeda77

TRACA FINAL SINFÓNICA

El ciclo Sólo Música salió en 2011 del inagotable magín de Antonio Moral, anterior director del CNDM. Era una manera de cerrar con una traca sinfónica las temporadas de una institución esencialmente camerística. Ya ha dejado algunos hitos:

Mucho beethoven. El añorado López Cobos, en una sola jornada en 2013, dio cuenta de las nueve sinfonías del genio de Bonn. Estas ‘locuras’ le daban la vida al director zamorano, que dejó, una vez más, huella de su rigor, hondura y disciplina.

Chaikovski seis. Fue Juanjo Mena el encargado de pasearnos en 2015 por la integral sinfónica del compositor ruso. Pura belleza estilizada y guiños a las danzas populares coronados con la bombástica, patriótica y celebratoria Obertura 1812.

Nueve novenas. Tremendo tour de force el que acometió Víctor Pablo Pérez en 2017. Despachó de una tacada las Novenas de Beethoven, Haydn, Schubert, Garay, Mozart, Bruckner, Dvorák, Shostákovich y Mahler. Nunca visto/oído.

Que vienen los rusos. Otro título posible podría haber sido: “Bailando con rusos”, aludiendo al envite de hace un par de años en el que Josep Pons nos hizo cimbrearnos con los ballets de Stravinski, Chaikovski y Rimski-Korsakov.