Image: Sokolov, la calidez del pentagrama

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Música

Sokolov, la calidez del pentagrama

16 febrero, 2018 01:00

Grigory Sokolov. Foto: Klaus Rudolph

El pianista ruso inicia su gira por España en Alicante este martes 20. Luego visitará Murcia, Valencia, Madrid y Barcelona. Llega con una magnífica combinación de Haydn y Schubert que dará la medida de su impávida maestría.

Cuando conocimos a Grigory Sokolov (San Petersburgo, 1950), hace ahora unos veinte años, quedamos impresionados por su seriedad interpretativa, por su técnica, su musicalidad y su firme concepto. Descubrimos a un pianista de una solidez y una seguridad raras. Llevaba ya al menos desde 1975 dando lecciones de ejecución. Tras su apariencia impávida, su rostro sombrío, su gesto pétreo, su rutina de movimientos y acciones pudimos comprobar lo que ya nos decían los escasos discos que nos agenciamos, algunos en el sello Opus 111. Ahí pudimos localizar una antigua grabación de El Arte de la fuga de Bach realizada hace casi treinta años, donde el joven artista acertaba a embarcarnos con su ya consumado arte.

Sus repetidas visitas a nuestro país han corroborado sus virtudes, primero entrevistas, más tarde ampliamente confirmadas. Y hemos aprendido a entender sus presupuestos y acostumbrarnos a sus modos, a su severidad, a sus planteamientos, que siempre tienen una base y son fruto de un largo y constante trabajo de depuración. Cada programa es estudiado y medido al límite; y tocado vez tras vez, siempre de la misma manera; algo que apreciamos después de escucharle, con idéntica selección de partituras, en distintos lugares con unos días de intervalo.

Mucho nos alegra reencontrarlo de nuevo en su tradicional visita a España, que supone además su 20° aniversario en el ciclo Grandes Intérpretes de Scherzo. Será el próximo lunes, 26 de febrero, cuando se produzca el reencuentro en el Auditorio Nacional. La primera parte del concierto tocará tres Sonatas de Haydn, las números 32 op. 53/4 en sol menor, 47 op. 14/6 en si menor y 49 op. 30/2 en do sostenido menor; respectivamente Hob.XVI:44, Hob.XVI:32 y Hob:XVI:36. Una auténtica inmersión en ese territorio no demasiado conocido que es el de la música para teclado del compositor de Rohrau, con obras en este caso oscuras y admirablemente construidas. En la segunda parte abordará partituras de Schubert. Una magnífica combinación en la que se hermanan creadores muy afines a Viena. Un antes y un después en el desarrollo de la forma.

Y una nueva oportunidad de admirar las cualidades del pianista ruso. Las bazas de su pianismo, que aparecen gobernadas desde el principio por el análisis riguroso, casi enfermizo de cada compás, por el control exhaustivo de la digitación, el ataque preciso, que opera dentro de un amplio abanico de dinámicas, el fraseo medido y la exactitud agógica. Luego, el control de un pedal que le permite extraer insólitas luces y recrear múltiples colores, con un magnífico sentido de la articulación. La exposición, siempre bien ligada, es así fluida, iridiscente y minuciosa; sin que el discurso pierda nunca el formidable ensimismamiento. Lo primero que aplaudimos del teclista, hay que decirlo otra vez, es la mecánica, la infalibilidad, el ataque a la nota. Cualidades que sin duda volverá a ratificar en este su próximo concierto.

Su aire taciturno no desaparece cuando se sienta ante el teclado, sino que se acentúa y su expresión se torna cada vez más reconcentrada. Parece embeberse y fundirse con la música, que sale de sus manos con la forma, el tacto, la fluidez, el equilibrio justos. Y es curioso, en efecto, que esa severidad, esa cara de póker, esa exactitud, esa sorprendente minuciosidad, esa mecánica infalible, no acabe por dar una irremisible sensación de frialdad, de mecanicidad.

Al contrario, en el fondo de sus interpretaciones siempre late, quién lo diría, una innegable expresividad, un matiz poético que se nos revela, de pronto, absolutamente espontáneo. Verdaderamente insólito.

Este silencioso y reconcentrado instrumentista ha sido ya reconocido ampliamente en los diez últimos años. Ilustres estudiosos e intérpretes del piano, como el estadounidense Harold C. Schonberg y el italiano Piero Rattalino no lo han tenido en cuenta a la hora de analizar el arte de los mejores, aunque sus trabajos tienen ya algún tiempo. Pero Sokolov es un pianista sensacional, que reúne cualidades de excepción tras esa su apariencia tan poco atractiva.

Cuando sale, cabizbajo y serio, bamboleante su corpachón, coronado por una pequeña y blanca cabeza, nada hace suponer que unos segundos después aquellas manos nerviosas van a penetrar de tal modo en los pentagramas, que salen transformados, impulsados y dotados de una extraña y cálida vida.

Sokolov ha trabajado con todas las grandes orquestas del mundo. Aunque esta actividad la ha abandonado desde hace unos años para dedicarse únicamente a dar recitales a solo. Por supuesto, todas las grandes salas de música del mundo lo han acogido con los brazos abiertos. Graba en la actualidad exclusivamente para Deutsche Grammophon. El sello alemán lo contrató en 2015 y recogió su famoso concierto salzburgués de ese año. Luego, en enero de 2016, registró los Impromptus de Schubert y la impresionante Sonata Hammerklavier de Beethoven. En 2017 apareció otra estupenda grabación junto a la Mahler Chamber Orchestra con los Conciertos n° 23 de Mozart y n° 3 de Rajmáninov.