Música

Tenores, el poder latino

Una nueva generación de cantantes hispanos revoluciona la ópera

1 diciembre, 2005 01:00

Marcelo Álvarez en la Luisa Miller del Covent Garden en 2003

Una nueva generación de tenores hispanoamericanos, única en la historia, ha conquistado el mundo de la ópera. Al nombre del argentino Marcelo álvarez, máximo atractivo del estreno esta tarde de Luisa Miller en el Teatro Real, se suman los de Juan Diego Flórez, en plenas representaciones de Semiramide en el Liceo y recién aparecido su dvd del Barbero, el mexicano Rolando Villazón, triunfador del último Elisir barcelonés, Ramón Vargas, José Cura o Aquiles Machado. El Cultural analiza esta nueva y poderosa prole de cantantes latinos e incluye un perfil de la reconocida directora de escena Francesca Zambello que se presenta en España con la obra de Verdi.

Son múltiples los motivos por los que los focos de la noticia convergen en ese ramillete de tenores latinoamericanos que parecen conformar una generación de oro. El argentino Marcelo álvarez protagoniza Luisa Miller - junto a Fiorenza Cedolins, Elisabetta Fiorillo y Roberto Frontalli- en el Teatro Real en lo que supone su debut en Madrid mientras el peruano Juan Diego Flórez batalla con éxito en la Semiramide del Liceo. Paralelamente se presentan tres productos fonográficos que tienen a estos tenores, con "ñ de español", como protagonistas: álvarez canta Manon, con López Cobos y la Fleming para Sony, el mexicano Villazón presenta Traviata con Netrebko para DG, éxito del pasado verano en Salzburgo y Flórez interviene en un Barbero del Real, en la aplaudida producción de Sagi.

Para algunos sectores es posible que estas coincidencias no tengan mayor valor que el anecdótico, cuyo efecto está promovido por los medios de comunicación. Para otros es muy sintomático de una realidad de nuestra vida lírica actual. Pero lo cierto es que en el actual panorama canoro, de la media docena de tenores que podría entrar en un pretendido círculo de divos del repertorio italiano -Plácido Domingo, siempre maestro, está por encima de todos- cinco pertenecerían a Latinoamérica. Rolando Villazón, Ramón Vargas, Juan Diego Flórez, José Cura y Marcelo álvarez, tanto monta, monta tanto, son figuras demandadas con ansia por teatros y festivales de todo el mundo. Era López Cobos, director musical en la Luisa Miller del Real quien, recientemente y desde estas páginas, lanzaba la propuesta de un posible Premio Príncipe de Asturias de las Artes que reuniera a estos mosqueteros de la lírica. Y aunque quizá sean los más presentes en los media, sería injusto no señalar a otros con carreras importantes como el portorriqueño Francisco Casanova, el cubano Reinaldo Macías, el venezolano Aquiles Machado o el argentino Darío Volonté, entre una larga docena.

"Tenores hispanoamericanos los ha habido siempre", señala el también tenor Ernesto Palacio, responsable del impulso de su compatriota Flórez a quien asesora en su carrera. "Argentinos, chilenos, mexicanos o incluso peruanos. Pero quizá se ve más como una generación ante la falta de tenores italianos. Dígame un solo nombre de este país que esté al mismo nivel que los Vargas, álvarez o Flórez. ¡No lo hay.! Quizá, por faltar esa escuela, se haga más presente la hispana", afirma a preguntas de El Cultural.

La realidad es que, en estos momentos, Juan Diego Flórez es el auténtico rey del belcanto rossiniano sin competencia. En el terreno más romántico la figura del mexicano Ramón Vargas es insustituible. El éxito de Ronaldo Villazón en Alemania y Austria, impulsado por Berlín o Salzburgo, lo ha lanzado al estrellato más absoluto, aupado por su reciente y publicitada grabación de Traviata. Algo parecido a lo que ha sucedido con Marcelo álvarez en EE.UU, Gran Bretaña o, sobre todo, en Francia, lugar donde se grabó Manon junto a Renée Fleming, publicada estos días. Quizá más atípica, y sorprendente, pueda verse la carrera del argentino José Cura, quien alterna su presencia en el terreno más dramático -donde luce su Otello o los papeles veristas- con la batuta, con la que ya ha alcanzado un éxito inimaginable para un cantante.

Para Ernesto Palacio, hay que tener cuidado a la hora de establecer categorías: "Siempre ha habido dos tipos de cantantes. Los que hacen su carrera en teatros con nivel y calidad y aquellos que se ven favorecidos por el plus de popularidad que proporciona el disco. Y, ante esto no hablamos de calidades. Kraus estuvo entre los primeros y, para muchos, no tenía igual en su época. En el ejemplo de los tenores hispanoamericanos, encontramos a los Machado, Macías, Casanova, Volonté, que están haciendo unas carreras muy buenas que, a lo mejor pueden verse un tanto más bajas frente a los Villazón, Flórez, Vargas o álvarez -ya que el caso de Cura es un poco especial-, que se ven convertidos en estrellas mediáticas gracias a la proyección que dan las grabaciones en la actualidad", comenta.

Situación coyuntural
El hecho de que en estos momentos sea una generación la que se enseñoree en el gran repertorio mediterráneo es, para Ernesto Palacio, coyuntural. Sin embargo, José Cura declaraba a El Cultural que las condiciones de vida en América son muy diferentes a las europeas y que ese aspecto puede ser determinante en la eclosión de un bloque más o menos compacto: "Para transformarse en un músico serio tienes que invertir como mínimo entre doce y quince años de tu vida para luego poder decir ya tengo una madurez, una autoridad para ser considerado, ¿cuántos jóvenes hay en Europa dispuestos a invertir ese tiempo? Son apuestas de vida que necesitan de una fuerza, de una rabia sana que sale a menudo de la desesperación, por eso tanto cantante viene de allí o de la antigua URSS, saben que hay que luchar porque si no, no se come...". También el venezolano Aquiles Machado se expresa en esta misma línea cuando afirma que "cuando una persona no tiene algo y lo quiere con todas sus fuerzas lo conseguirá en cualquier parte del mundo. Latinoamérica ha estado en todos estos años sumida en una profunda carencia cultural y quien escuchó algo que llamaron ópera se puso tan loco que le llevó con todas sus fuerzas a ello. Sin medios, hemos hecho ópera de la nada", añade.

En realidad las dificultades en el caso de su colega álvarez fueron evidentes. Tras intervenir ocasionalmente en Buenos Aires, entre otras en una Doña Francisquita en el Teatro Avenida, decidió después del cierre al que le sometió el Colón, vender todos sus bienes y tomar el camino de Italia, alentado por Giuseppe di Stefano después de una audición. álvarez subrayaba que "tanto a mí como a José Cura nos pasó casi exactamente lo mismo con la misma gente. Lo importante es que después de nuestras críticas se empezó a abrir las puertas a la gente joven a hacer ópera. ¿Cómo se puede tener una escuela de canto y no darles funciones a los jóvenes? Este es el gran error del Colón. Cómo se puede saber si un chico tiene condiciones si le toman una audición en el tercer subsuelo y no en el escenario y no puede tener una oportunidad. Se le tiene que dar una función y aunque sea un ensayo. Darío Volonté tuvo una puerta abierta en el Colón luego de nuestras críticas y nuestros triunfos en el mundo a pesar del rechazo inicial del teatro". Por su parte, Ramón Vargas declaraba recientemente que "hay una capacidad que todavía tenemos en Sudamérica de expresarnos con libertad a través del arte. Estamos menos comprometidos mediáticamente".

También se valora, en líneas generales la capacidad de expresión latina. La mezzo Elisabetta Fiorillo, una de las grandes figuras del reparto de Luisa Miller en el Real, muestra una gran devoción por esta generación. "La emoción que trasmiten es fruto de un color extraordinario. Cuando la siento cerca de mí, me entusiasma por su mediterraneidad, porque tiene el calor de lo latino", afirma. Fiorillo, gran triunfadora en ciertos roles verdianos y habitual colaboradora de los más grandes, señala que "en Europa se aman este tipo de vocalidad, un timbre bello, ideal para compositores como Verdi, Donizetti o Rossini".

Voces limpias
Que todas ofrezcan elementos comunes es, según Ernesto Palacio, resultado de la emisión del español. "Según se habla, se canta. Las voces que tienen una resonancia más gutural, como las de los países del este, tienen a ser más gruesas. Por el contrario, las latinas, incluso más que las españolas, el sonido es más claro, con una emisión más limpia. Las voces surgen naturales, espontáneas".

Sobre esta generación el tándem Pavarotti-Domingo ha ejercido una gran influencia: "Ellos han cambiado muchos aspectos de la ópera" comenta Ernesto Palacio. "Siempre hubo artistas diferentes, pero el caso de Pavarotti y Domingo ha supuesto un salto cuantitativo espectacular. No es de extrañar que hoy día los cantantes de ópera se vean de forma diferente y la actual generación los considere su gran referente". En lo positivo hay que valorarlo aunque también implique elementos negativos ya que, como afirma Ramón Vargas, "querer comenzar enseguida y convertirse en los tres tenores es un principio negativo del que hay que huir. Hay que cantar por el amor al canto. Sin más".

Quizá la percepción de una generación hispana venga favorecida, por nuestros hábitos en la concepción de Latinoamérica como un todo, olvidando que las dos principales potencias culturales, Argentina y México, unidas por el idioma, están a miles de kilómetros de distancia y cuentan con una idiosincrasia muy marcada. Sin ir más lejos, el propio Vargas señalaba que "no sólo me siento mexicano sino, orgulloso de serlo y de representar a México en el mundo. Saberme mexicano me da seguridad; no me imagino con una nacionalidad distinta. Soy residente suizo, pero mi verdadera identidad es la mexicano; ésta no la puedo ni quiero cambiar... Gracias a esas raíces, me siento seguro, auténtico, único".

Vínculo imperfecto
El vínculo con España, además, dista mucho de ser perfecto. Si bien algunos como Flórez, que habitualmente visita nuestras temporadas, o Cura y Machado, que incluso viven aquí, en el caso de los otros, sus visitas son escasas, cuando no inexistentes . Del tenor mexicano de moda, Rolando Villazón, perdura el recuerdo de su debut escénico junto a Arteta en el Campoamor por su grabación de Romeo y Julieta para RTVE, o su más reciente éxito en el Elisir del Liceo. De Vargas y álvarez la referencia es escasa y son contadas sus apariciones en los teatros. De hecho, el segundo ha tenido que esperar a debutar en el Real con esta Luisa Miller después de una impactante y apreciada carrera en París, Londres o el Met. "Hace falta un puente entre España y América", afirma el gerente de un teatro que ha preferido mantener el anonimato, "porque hasta ahora no se ha hecho muy bien. España tendría que ser la puerta de entrada a Europa y, desde luego, no lo es".


Zambello en España
El estreno esta tarde de Luisa Miller en el Teatro Real supone la presentación es España de la directora Francesca Zambello. Son varias las mujeres que se han visto fascinadas por la puesta en escena operística. Desde la pionera argentina Margarita Wallman, pasando por Ruth Berghaus, en las últimas décadas podemos citar a Liliana Cavani, nuestra Nuria Espert o la transgresora alemana Doris Dürrie, además de actrices como Marthe Keller o cantantes como Brigitte Fassbaender. Pero, posiblemente, ninguna ha logrado imponerse en los últimos tiempos con tanta fuerza como Zambello. Nacida en EE.UU., pero de origen italiano y educada en Europa, estudió en la Universidad de Moscú y comenzó su andadura como asistente del recordado Jean-Pierre Ponnelle. Su primer trabajo como directora de escena tuvo lugar en la ópera de Houston en 1984 con Fidelio. Tres años después hizo su presentación en Europa, en La Fenice de Venecia, con Beatrice di Tenda. A partir de entonces, sus trabajos han podido verse a ambos lados del Atlántico. Le gustan especialmente los grandes frescos de masas, a los que siempre aporta una cierta ironía para huir de la monumentalidad como ha podido desarrollar en montajes como los de Billy Budd y Guerra y Paz en la ópera de París (ambos galardonados con el Gran Premio de la Crítica Francesa), Les Troyens o Cyrano de Bergerac en el Met, o West Side Story para el Festival de Bregenz. Nombrada por el Gobierno Francés Chevalier des Arts et des Lettres, ha obtenido tres veces la Medalla Olivier. Ha demostrado un particular interés por la ópera contemporánea, dirigiendo los estrenos mundiales de Arshak II de Tigran Chukhadian, Emmeline de Tobias Picker (de quien actualmente prepara la creación de An American Tragedy en el Met) o Florencia en el Amazonas de Daniel Catán, con libreto de Gabriel García Márquez. Y también por el mundo de los niños, como prueban sus realizaciones de Amahl and the Night Visitors de Menotti (filmada para la BBC), The Little Prince (con música de la oscarizada Rachel Portman) en el West End londinense o el musical Aladdin para Disneylandia.
Su montaje de Luisa Miller se estrenó en septiembre de 2000 en San Francisco. En este drama de violentas pasiones, ha querido resaltar la relación entre la política, las desigualdades sociales y el sexo. Sin duda, desde una mirada femenina, o, al menos, diferente. Rafael BANúS