La actuación del London City Ballet en el Conde Duque.

La actuación del London City Ballet en el Conde Duque. José Sevilla / Madrid Destino

Danza

Alina Cojocaru y London City Ballet: la belleza se impone en el Conde Duque

El talento de la compañía sostuvo una función marcada por desajustes, interrupciones y una preocupante falta de rodaje escénico.

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A veces todo está a favor de que una noche sea perfecta. La temperatura dio un respiro en la capital, aunque la preocupación por los fuegos cercanos mantenía la alerta. El público estaba entregado. El enclave, el patio del Conde Duque, es magnífico. El programa era heterogéneo y prometía. La compañía, legendaria: London City Ballet. Y, para colmo de placer, la presencia en la última pieza de Alina Cojocaru.

Sin embargo, hasta el plan más perfecto puede hacer aguas por un cúmulo de fallos técnicos, cambios de última hora y, probablemente, la falta de un ensayo riguroso. Eso ocurrió en la noche del estreno. Hubo momentos de gran danza, pero también interrupciones, desajustes y una sensación de fragilidad escénica.

Vayamos por partes.

La función comenzó con Mephisto Waltz, de Ashley Page, un número de apertura exuberante, construido para mostrar la destreza técnica de los bailarines y la personalidad del conjunto.

El London City Ballet en su actuación en el Conde Duque

El London City Ballet en su actuación en el Conde Duque José Sevilla / Madrid Destino

Sobre el papel era una elección perfecta: energía, velocidad, brillantez y una sucesión de entradas que permitían reconocer las cualidades individuales de la compañía. No decepcionó, pero tampoco alcanzó la precisión que una pieza así exige.

Desde los primeros compases se percibió cierta incomodidad con el espacio. El escenario parecía no estar todavía incorporado al cuerpo de los intérpretes. Algunas trayectorias resultaban demasiado prudentes; otras se resolvían con una urgencia poco controlada.

No era un problema de nivel, sino de adaptación. Hasta los profesionales más experimentados necesitan un ensayo riguroso para medir distancias y convertir un espacio ajeno en territorio propio.

La pieza permitió apreciar la potencia técnica del elenco, pero no siempre la armonía del grupo. Hubo líneas bien construidas y saltos limpios. También pequeños desajustes que, en una coreografía tan expuesta, se hacen visibles de inmediato.

Un momento de la actuación del London City Ballet en el Conde Duque

Un momento de la actuación del London City Ballet en el Conde Duque José Sevilla / Madrid Destino

Mephisto Waltz debía abrir la noche con una declaración de autoridad. Dejó, en cambio, una impresión prometedora pero inestable.

La plenitud llegó después con Concerto pas de deux, de Kenneth MacMillan.

Fue, probablemente, el mayor acierto de la noche. Jimin Kim y Joseph Taylor ofrecieron una interpretación magnífica, capaz de conjugar virtuosismo y lirismo sin caer en el exhibicionismo. Ambos entendieron que la técnica, cuando es verdadera, no necesita subrayarse.

Kim bailó con claridad y sensibilidad. Cada movimiento parecía nacer de una decisión interna. Taylor fue un compañero sólido, atento y musical, con esa cualidad esencial del buen partenaire: sostener sin invadir. Entre los dos construyeron una relación escénica limpia, honesta y sin artificios.

MacMillan exige mucho más que precisión. Sus pasos necesitan respiración, confianza y una entrega emocional que nunca debe confundirse con el exceso. Kim y Taylor encontraron ese equilibrio. Hubo belleza en los apoyos, fluidez en las transiciones y una intimidad que creció sin gestos grandilocuentes. Fue una de esas interpretaciones que llegan muy dentro porque no parecen buscarlo. El público respondió con un aplauso más cálido, menos automático.

A continuación, se produjo un cambio respecto al programa inicialmente anunciado. La compañía presentó Soon, de la coreógrafa Tasha Chu.

La pieza aborda el duelo anticipado, ese dolor que comienza antes de que la pérdida se produzca por completo. Vive en la tensión de un tiempo prestado y reflexiona sobre la complejidad de saber lo que está por llegar cuando todavía no ha sucedido.

Un momento de la actuación del London City Ballet en el Conde Duque

Un momento de la actuación del London City Ballet en el Conde Duque José Sevilla / Madrid Destino

Es una coreografía inteligente, construida desde la contención. No intenta representar la muerte, sino el espacio previo: la espera, la sospecha, la imposibilidad de detener aquello que avanza. Los cuerpos se acercan, se sostienen y se separan. Cada gesto parece guardar algo que no llega a decirse.

La interpretación tuvo que sortear desperfectos técnicos. La función se interrumpió y fue necesario recomenzar la pieza. El incidente rompió la concentración de los bailarines y alteró el silencio que la coreografía necesita. Sin embargo, en el segundo intento, Soon logró imponer su lógica interna. La compañía recuperó el pulso y la obra apareció con mayor nitidez.

El programa se cerró con Pictures at an Exhibition, de Alexei Ratmansky, con la participación de Alina Cojocaru. Era una de las promesas más esperadas de la noche y no decepcionó. Cojocaru volvió a ser esa bailarina sublime, lírica y profundamente emotiva que domina la escena sin apropiarse de ella.

Su técnica sigue siendo prodigiosa, pero lo decisivo está en otro lugar. Cojocaru baila desde la vulnerabilidad. No oculta el esfuerzo convirtiéndolo en frialdad, sino que lo transforma en emoción. Cada desplazamiento tiene intención; cada pausa, contenido. Su presencia modifica el aire alrededor. No necesita reclamar la mirada: la mirada llega hasta ella.

Ratmansky organiza la pieza como una sucesión de imágenes vivas, con cambios de tono y agrupaciones que exigen cohesión. Aquí el conjunto mostró la coherencia que había faltado al comienzo. Los bailarines parecían finalmente instalados en el espacio, atentos entre sí y capaces de sostener la arquitectura de la obra.

Pictures at an Exhibition salvó el cierre y recordó el merecido prestigio de la London City Ballet. La compañía mostró calidad, sensibilidad y una nómina de intérpretes capaces de momentos memorables. Pero una institución legendaria no queda exenta de las exigencias básicas del escenario.

El London City Ballet en su actuación en el Conde Duque

El London City Ballet en su actuación en el Conde Duque José Sevilla / Madrid Destino

La danza necesita talento, sí, pero también ensayo, coordinación y condiciones técnicas a la altura. La noche no fue perfecta. Quizá por eso resultó reveladora. Mostró la belleza y la fragilidad del espectáculo en vivo: todo puede elevarse en un instante y todo puede tambalearse por un fallo mínimo.

Al final quedaron MacMillan, Cojocaru y varios momentos de gran danza. También una certeza incómoda: el prestigio abre la puerta, pero solo el rigor mantiene el escenario en pie.