Víctor Navarro junto a su hijo José Navarro, ambos dedicados al mundo de la fontanería.

Víctor Navarro junto a su hijo José Navarro, ambos dedicados al mundo de la fontanería. YouTube

Ciencia

Los fontaneros españoles están de acuerdo: "Ahora se trabaja físicamente menos que hace 40 años, se sudaba más en verano"

Progresivamente, el sector de los oficios ha ido cambiando y mejorando en ciertos aspectos. Aunque siguen siendo trabajos con alta carga física.

Más información: Francia cambia las normas: pide a España que se prepare porque la corriente atlántica está a punto de colapsar

Publicada
Las claves

Las claves

La fontanería en España ha experimentado una notable reducción del esfuerzo físico en los últimos 40 años gracias a la mecanización y el uso de materiales más ligeros.

Antes, los fontaneros trabajaban principalmente con tuberías de hierro, lo que exigía mucha fuerza y esfuerzo manual, especialmente en verano debido al calor.

El uso de herramientas eléctricas y nuevas técnicas ha disminuido las lesiones musculoesqueléticas, aunque los problemas físicos y el estrés térmico siguen siendo comunes en el sector.

La modernización ha hecho que la fontanería sea más tecnológica, rápida y segura, aunque el trabajo aún requiere esfuerzo físico y adaptación a condiciones adversas como el calor.

"Ahora, físicamente, se trabaja menos que antes". No es una frase al azar, sino que se trata de una afirmación realizada por un fontanero veterano que no busca criticar a las nuevas generaciones, sino más bien recordar que en las últimas cuatro décadas el sector de la fontanería ha mejorado en ciertos aspectos.

Como recuerda el fontanero Vicente Navarro en una reciente entrevista, este servicio ha pasado a depender en gran medida de la fuerza de brazos y espalda a apoyarse en materiales más ligeros, herramientas eléctricas y automatizadas y procedimientos más rápidos.

Antiguamente se trabajaba con tuberías de hierro: cada tramo debía medirse, cortarse y enroscarse, muchas veces a mano, mediante terrajas que exigían una fuerza considerable: "Las sudadas que pegaba en verano eran así, porque las roscas se hacían todas a mano".

El ejemplo más gráfico de este fontanero es la fabricación de un filtro para la depuradora de una piscina, construido pieza a pieza con tubos de hierro de dos pulgadas.

Por aquel entonces pesaba 50 kilos y, como reconoce él mismo, al llegar al segundo hilo de la rosca, empezó a notar que su fuerza se agotaba y que precisaba la ayuda de otro compañero. No se trata de ninguna exageración.

Un trabajo menos artesanal

Como ejemplo, un estudio realizado con 340 trabajadores de la construcción, incluyendo fontaneros, analizó la manipulación manual de materiales, la presión biomecánica sobre la región lumbar y el tiempo que estos profesionales pasaban arrodillados, agachados, inclinados o trabajando con los brazos elevados.

Como cabría esperar, los resultados de este estudio indican que estos oficios producen una significativa carga a nivel lumbar.

Por su parte, otro trabajo centrado en fontaneros e instaladores de tuberías también encontró una elevada frecuencia de molestias musculoesqueléticas relacionadas con el trabajo.

Entre las actividades más "problemáticas", identificadas por los mismos trabajadores, estarían la elevación de materiales, los trabajos en posiciones incómodas y la repetición de esfuerzos con brazos y manos.

La mecanización de estos trabajos, incluyendo la fontanería, ha permitido reducir estas cargas. Las roscadoras eléctricas, las herramientas a batería, los sistemas de prensado y los dispositivos para transportar o elevar materiales han sustituido muchas operaciones manuales.

Incluso los métodos de unión de tuberías han cambiado, algo que ha mejorado la salud física de los trabajadores, como sugirió un estudio más reciente focalizado en estos nuevos métodos.

A todo esto hay que sumar la transformación generalizada de las instalaciones. En muchos trabajos domésticos, el hierro y otros materiales pesados han dado paso a soluciones más ligeras y fáciles de montar.

Sin embargo, trabajar con menos esfuerzo físico no significa que la fontanería haya pasado a ser una actividad sedentaria, ni mucho menos. Continúa siendo habitual que se produzcan tareas en espacios reducidos, de rodillas, con los brazos elevados o la espalda flexionada.

En este aspecto, una revisión sistemática y metaanálisis reciente confirma que los trastornos musculoesqueléticos relacionados con el trabajo siguen siendo uno de los principales problemas de salud laboral entre los profesionales de la construcción.

Asimismo, tampoco debemos olvidar el calor, el cual era un mayor problema si cabe cuando se debía trabajar con hierro en pleno verano.

En este sentido, un metaanálisis publicado en The Lancet Planetary Health concluyó que el estrés térmico laboral perjudica tanto la salud como la productividad: la exposición al calor durante el trabajo se relaciona con aumento de temperatura corporal, deshidratación, alteraciones renales y una reducción del rendimiento.

Paradójicamente, aunque hoy en día muchos trabajos requieren menos esfuerzo físico, el calor durante el trabajo no es un problema del pasado sino todo lo contrario: la Organización Internacional del Trabajo calcula que en 2030 podrían perderse cada año el equivalente al 2,2% de las horas de trabajo a nivel mundial a causa del calor, ya sea porque las temperaturas impidan trabajar o porque obliguen a reducir el ritmo.

Como conclusión, es posible afirmar que la fontanería moderna es menos artesanal en algunos aspectos y más tecnológica, rápida y segura.

Sin embargo, es importante recordar testimonios de quienes trabajaron hace 40 años y no olvidar aquellas épocas donde no solo se requería un gran esfuerzo físico, sino incluso la ayuda de otros compañeros de trabajo para funciones que hoy en día están significativamente automatizadas. Valorar lo que se tiene implica recordar tiempos pasados.