Dos gatos.

Dos gatos. E.E.

Ciencia

La psicología dice que las personas que viven con gatos tienden a ser más independientes

El estilo de vida, la vivienda y el temperamento del animal también influyen al elegir entre convivir con un perro o un gato.

Más información: La psicología dice que las personas que viven con gatos no necesitan rodearse de gente para sentirse acompañadas

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Las claves

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Personas que prefieren convivir con gatos tienden a ser más autosuficientes, reservadas e imaginativas que quienes eligen perros.

El estudio analizó a 418 jóvenes universitarios y encontró que los amantes de los gatos valoran más el espacio personal y la autonomía.

La elección entre gatos o perros suele estar influida por el estilo de vida y la compatibilidad con las rutinas diarias, no necesariamente por la personalidad.

Las diferencias de personalidad entre dueños de gatos y perros son modestas y pueden variar según el contexto cultural y la muestra analizada.

Quien convive con un gato vive una relación que deja bastante espacio personal. El animal puede permanecer cerca, retirarse sin hacer ruido y regresar cuando le apetece, una forma de compañía que parece encajar bien con quienes valoran su autonomía.

Una investigación publicada en 2017 en Human-Animal Interaction Bulletin encontró una tendencia parecida. Las personas que se definían como amantes de los gatos puntuaron más alto en autosuficiencia que quienes preferían a los perros. También aparecían como más reservadas, imaginativas y sensibles.

Las conclusiones no significan que adoptar un gato cambie la personalidad. El estudio comparó rasgos y preferencias en un único momento, y la convivencia actual con el animal no fue el criterio utilizado para formar los grupos.

Los autores del estudio reunieron a 600 estudiantes de Psicología de una universidad privada del medio oeste de Estados Unidos. Todos tenían entre 18 y 22 años y respondieron un cuestionario de personalidad y otro sobre sus preferencias animales.

Más solitarios y autosuficientes

El análisis final incluyó a 418 jóvenes que se identificaban claramente con una especie. Un total de 352 preferían a los perros y 66 a los gatos. Quienes eligieron ambas opciones o ninguna quedaron fuera de la comparación principal.

Los investigadores utilizaron el cuestionario 16PF, que mide rasgos como calidez, vivacidad, sensibilidad, razonamiento, audacia social o autosuficiencia. Esta última escala dio origen a la idea central del artículo.

Quienes preferían a los gatos se mostraban más cómodos trabajando a solas, tomando decisiones propias y dependiendo menos del grupo. Los autores los describieron como "más solitarios, individualistas y autosuficientes", sin que eso implique aislamiento o falta de amistades.

El perfil incluía más razonamiento abstracto, sensibilidad emocional y menor apego a las convenciones sociales. Quienes preferían a los perros, en cambio, aparecían como más expresivos, sociables y orientados hacia actividades compartidas.

La diferencia apareció en una escala concreta del cuestionario. No equivale a ser independiente en todos los ámbitos de la vida, y la medida global de independencia del 16PF no mostró una separación clara entre ambos grupos.

También hubo más introversión entre quienes preferían gatos, aunque ambos conceptos no son idénticos. Una persona introvertida puede disfrutar de la compañía y necesitar simplemente menos estimulación social o más tiempo para sí misma.

Un estudio anterior con 4.565 participantes encontró un patrón parecido desde otro modelo. Los amantes de los perros eran más extrovertidos, agradables y responsables, mientras que los de gatos mostraban una mayor apertura a nuevas experiencias.

Los trabajos coinciden en algunos puntos, pero no dibujan el mismo retrato. Los resultados cambian según la muestra, el cuestionario utilizado y la forma de definir a quienes prefieren una especie u otra.

La forma de vivir también influye

La afinidad puede aparecer antes de que el animal llegue a casa. Quien disfruta de rutinas autónomas, tranquilidad o tiempo a solas puede sentirse atraído por una convivencia que no exige paseos diarios y permite más margen personal.

Un estudio australiano publicado en 2024 examinó a propietarios reales. Entre los motivos para elegir gatos aparecían el estilo de vida, la vivienda, la facilidad de cuidado y el carácter independiente del animal.

Los propietarios de perros hablaban más de compañía, afecto, interacción y paseos. La elección puede responder en parte a la compatibilidad entre las necesidades del animal y la rutina que cada persona desea mantener.

Una investigación en la que participó la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona comparó a 293 propietarias de gatos con una muestra equivalente de propietarias de perros.

El trabajo encontró diferencias en la forma de interactuar con ambas especies, pero no en la cercanía emocional que las participantes decían sentir ni en los costes percibidos de la convivencia.

Una relación con menos actividades compartidas o más espacio personal puede seguir siendo emocionalmente intensa. El vínculo con un gato no tiene por qué ser más débil porque se exprese de otra manera.

La Fundación Affinity aconseja valorar el temperamento antes de adoptar y explicar al refugio qué encaja mejor en cada hogar. Puede buscarse un gato tranquilo, sociable, cariñoso o más independiente según la rutina y las circunstancias del futuro cuidador.

Esa recomendación no demuestra que el propietario tenga una personalidad concreta. Sí refuerza la importancia de buscar una convivencia compatible con las necesidades de ambos, sin esperar que todos los gatos ni todos los cuidadores se comporten igual.

El estudio australiano encontró más resiliencia entre los dueños de perros y más neuroticismo entre los de gatos, aunque los efectos fueron pequeños. Su diseño tampoco permitió saber si la personalidad precedía a la elección del animal.

Las diferencias de 2017 también fueron modestas. En los rasgos donde aparecieron resultados claros, la preferencia por gatos o perros explicaba entre el 1% y el 4% de la variación.

La muestra era muy limitada. Todos eran universitarios jóvenes, casi tres cuartas partes eran mujeres, cerca del 90% se identificaba como blanco y solo 66 participantes pertenecían al grupo que prefería a los gatos.

Los autores pidieron estudiar edades y culturas más diversas. Además, la autosuficiencia distinguió especialmente a las mujeres de ambos grupos, pero no apareció con la misma claridad entre los hombres.

Convivir con un gato no permite saber si alguien será tímido, creativo o independiente. El estudio señala una afinidad promedio y sugiere que estos animales pueden atraer más a quienes valoran su propio espacio.

Al elegir un animal, resulta más útil valorar el tiempo, la vivienda, los gastos y sus necesidades reales. La compatibilidad se construye con cuidados y expectativas razonables, no intentando deducir la personalidad de alguien por la mascota con la que vive.