Chevi Muraday (Baco) y Carlos Hipólito (Dioniso) en un momento de 'Bacanal'.

Chevi Muraday (Baco) y Carlos Hipólito (Dioniso) en un momento de 'Bacanal'. Jero Morales/Festival de Mérida

Teatro

'Bacanal': Dioniso y Baco firman en Mérida un manifiesto a favor del placer, el vino, el teatro y la danza

Carlos Hipólito y un gran trabajo coreográfico destacan en esta obra concebida por Chevi Muraday.

Toni Acosta, Juana Acosta y Elisa Hipólito interpretan a las bacantes.

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¿Era Baco la copia vulgar de Dioniso? Eso es lo que le dice el dios griego, interpretado por un espléndido y juguetón Carlos Hipólito, a su sucesor romano, encarnado por un igualmente inspirado Chevi Muraday, en Bacanal, la obra interpretada del 22 al 26 de agosto en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

La obra tenía el aliciente añadido de ver por primera vez juntos en el escenario a tres miembros de la misma familia: Carlos Hipólito, su hija Elisa en el papel de la bacante Híspala y su mujer, Mapi Sagaseta, como otra de las sacerdotisas de Baco.

Las actrices Toni Acosta y Juana Acosta (sin lazos familiares en su caso) en el papel de otras dos bacantes principales: Pácula y Duronia, respectivamente. Completaban el elenco Cisco Lara, Julen Pazos, Georgina Flores, Tamar Vela, Inés Valderas y Javier Aguilera, además de un coro integrado por jóvenes intérpretes y bailarines del Conservatorio Profesional de Danza de Cáceres.

Danza contemporánea, toques de humor y tragedia, lecciones sobre mitos griegos y proclamas a favor de la libertad y el goce de vivir se dan cita en este espectáculo concebido por el propio Muraday, director, coreógrafo y coautor del texto junto a Juan Carlos Rubio.

El movimiento y la palabra comparten, entrelazándose, el protagonismo de la obra, y ese es su gran atractivo. Las estupendas coreografías, diseñadas al milímetro pero revestidas de cierta apariencia caótica, sugieren más que muestran el desenfreno de una bacanal, con el elenco de bailarines y bacantes arremolinado en un tira y afloja de cuerdas rojas que parecían representar lo instintivo y visceral de aquellos ritos ancestrales.

Un momento de 'Bacanal'.

Un momento de 'Bacanal'. Jero Morales/Festival de Mérida

Destacan también el aire ebrio y cómico en las coreografías interpretadas por el propio Muraday, el vestuario diseñado por Eudald Magri y una escenografía sobria con elementos desmontables que se incorporaban de una manera muy inteligente al movimiento de los actores y bailarines.

La trama se inicia con la prohibición de los cultos báquicos por parte del senado romano. Entonces Baco se presenta ante Dioniso (que en la obra se llama Dionisio) para convencerle de unir fuerzas para evitar su desaparición de la vida religiosa del pueblo romano.

Aunque Dioniso se niega al principio, reconsidera su postura y finalmente se alía con Baco. De hecho, uno de los momentos más divertidos de la obra es cuando Hipólito abandona súbitamente su altivez tras darle un trago a una botella de vino.

Era imposible no reír cuando, mientras Baco explica a sus bacantes que él solo es la mitad del ser divino que forma con Dioniso, Hipólito entra en escena llevado en volandas por el resto del elenco, abandonado ya al placer de la ebriedad.

Carlos Hipólito (centro) llevado en volandas por otros intérpretes de 'Bacanal'.

Carlos Hipólito (centro) llevado en volandas por otros intérpretes de 'Bacanal'. Jorge Morales/Festival de Mérida

Tras el planteamiento de la trama, el nudo se convierte en una lección de mitología clásica. Dioniso fue engendrado por Zeus y por su amante mortal Sémele, hija de Cadmo, el fundador de Tebas. Tras matar accidentalmente a Sémele (a la que calcinó al mostrarse ante ella en su resplandeciente forma verdadera), Zeus rescató el feto de las llamas y lo cosió a su propio muslo, donde terminó su gestación. Tras esto, temiendo la cólera de Hera, la esposa a la que había sido infiel, Zeus encomendó su crianza a las hermanas de Sémele: Ino, Ágave y Autónoe, que padecieron destinos terribles.

En la obra, Dioniso concede a las tres bacantes protagonistas “el don del recuerdo”, y las tres rememoran por turnos los trágicos acontecimientos que marcaron sus vidas pasadas como las tías del dios griego, con pasajes de enajenación y muertes espeluznantes, como la de Penteo a manos de su propia madre, Ágave, que lo confundió con un león; o la de Acteón, hijo de Autónoe, transformado en ciervo por Artemisa y devorado por sus propios perros.

Juana Acosta, Toni Acosta y Elisa Hipólito en el papel de las bacantes.

Juana Acosta, Toni Acosta y Elisa Hipólito en el papel de las bacantes. Jorge Morale

Tras ese largo flashback a los orígenes de Dioniso, la obra reserva el resto del texto para algunos mensajes políticos de brocha gorda (“para que haya unos pocos arriba tiene que haber muchos abajo” y cosas por el estilo) y la típica perorata sobre la importancia del teatro, todo eso de la catarsis colectiva que nos han contado millones de veces. Venía al hilo, es cierto, porque la invención del teatro, en la cultura clásica, se atribuye a Dioniso-Baco.

El espectáculo se anunciaba como “una experiencia ritual colectiva” que buscaba la participación del público. Esta consistió en encender, a sugerencia de la bacante interpretada por Toni Acosta, las linternas de los móviles y leer un manifiesto a favor de la libertad, el movimiento y el goce de vivir que se nos había entregado a la puerta del teatro.

En suma, Bacanal es un espectáculo ameno, grato de ver, con una gran fuerza plástica, buenas interpretaciones y un mensaje con el que, sin duda, comulgamos, aunque nos resulte algo tosca su manera de subrayarlo.