El violonchelista Jean-Guihen Queyras. Foto: Marco Borggreve

El violonchelista Jean-Guihen Queyras. Foto: Marco Borggreve

Escenarios

Jean-Guihen Queyras estrena Stradivarius: "Bach fue el mayor optimista. En tiempos de la IA, es necesario"

El chelista es uno de los más reputados intérpretes de las 'Suites para violonchelo solo' del compositor alemán, que interpretará en los próximos días para el público español.

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Tres siglos después de su creación, las Suites para violonchelo solo de J. S. Bach siguen siendo el Everest de los violonchelistas. El equivalente al sherpa Kami Rita —récord de ascensiones (¡más de 30!)— es Jean-Guihen Queyras (Montreal, 1967), que entre 2011 y 2019 las interpretó en más de 134 recitales.

Todo empezó los domingos, cuando se despertaba escuchando las cantatas de Bach en la versión favorita de sus padres, la de Leonhardt y Harnoncourt. La cama vibraba con los graves y bajaba a desayunar con la sensación de estar "dentro de la música, en el escenario, en medio de los cantantes".

Formado en Lyon, Friburgo y Nueva York, el francocanadiense está estrechamente vinculado a la música de cámara y a la creación contemporánea.

Su encuentro con el chelista Anner Bylsma le dio las claves para habitar las Suites desde dentro, hasta convertirlas en un laboratorio vivo que comparte con sus alumnos de la Musikhochschule de Friburgo.

Del 20 al 25 de enero las interpretará con su nuevo Stradivarius en el Espacio Turina de Sevilla, el Teatro Circo de Albacete y el Auditorio Nacional de Madrid. Con motivo de esta cita imprescindible, comparte con El Cultural sus reflexiones sobre la obra que vertebra su vida escénica.

Pregunta. Tras terminar sus estudios, pasó diez años en el Ensemble intercontemporain de Boulez. ¿Le dejó huella?

Respuesta. Sí. Tenía mucha curiosidad por la nueva música y me ilusionaba participar en la creación de nuevos lenguajes. Boulez me fascinaba y pudimos interactuar con Ligeti, Berio, Kurtág y otros grandes músicos menos conocidos. Fue de un valor incalculable.

P. También ha tenido una intensa colaboración con intérpretes como Tabea Zimmermann o Isabelle Faust.

R. Para mí, Tabea es la quintaesencia de la música. Y con Isabelle comparto el compromiso de tocar desde el corazón, siempre a partir de cómo esté construida la música. Su integridad, y la de tantos otros, me ha moldeado como músico.

P. ¿Esas vivencias y la sensación de "volver a casa" que despierta Bach le han dado un punto de vista diferente sobre las nuevas músicas?

R. En un concierto ideal estás presente de forma absoluta e incluyes al público en el universo del compositor. Bach es un caso aparte, pero esa sensación de "volver a casa" la he vivido con todo tipo de música.

P. Esa cercanía depende también del instrumento. Durante años tocó un Goffredo Cappa de 1696. ¿Cómo fue esa relación? ¿Y la transición al Stradivarius?

R. El Cappa fue mi acompañante diecisiete años, y fue una relación feliz. En septiembre de 2024 un mecenas en Canadá me dejó el Stradivarius 'Kaiser', de 1707. Me fascinó su sonido, pero me advirtieron que requeriría tiempo sacarle partido. Me llevó un año. Ahora me siento más en casa. Y aunque toco de todo, con Bach me ha abierto nuevos territorios.

P. Grabó las Suites dos veces con el Cappa.

R. Fueron mi primera y mi última grabación con él. Ahora con el Strad me dicen que tendría que hacer una tercera, porque aunque sigue siendo mi voz, es otra historia.

P. A lo mejor, en diez años…

R. ¡A lo mejor! [Ríe].

P. Ese mismo repertorio lo tocó en Madrid en 2016. ¿Qué le ilusiona de volver?

R. Tú, yo y el público viviremos algo ese día y a esa hora, y el lugar y su acústica importan. En 2016 fue en la Sala de Cámara, maravillosa; hace poco tocamos allí Messiaen y nos impresionó. Esta vez será en la Sala Sinfónica: tendrá otra cualidad. En mi último concierto en Tanglewood, Yo-Yo Ma me dijo entre bastidores: "Toca para el universo". Esa dimensión jugará un papel.

P. Pero Bach también es muy terrenal.

R. Era un optimista increíble: tuvo veinte hijos, enseñaba, componía una cantata a la semana… Estaba centrado en vivir. Es curioso que escriba una suite de danzas no para que se baile: junta gigues y sarabandes populares con allemandes de corte. Quiere contarnos una historia y sumergirnos en meditaciones profundas, siempre en relación con el cuerpo.

"con estas 'Suites', Bach busca sumergirnos en meditaciones profundas relacionadas con el cuerpo"

P. ¿Qué imágenes le vienen con cada una de las Suites?

R. Tocar las seis seguidas es un viaje, una iniciación. La primera alude a la naturaleza, es como un río que intento dejar que fluya a través de mí. La segunda es más reflexiva, más humana. La tercera despierta la alegría de vivir. La cuarta alude a la forma, la verticalidad, la religión.

»La quinta es un big bang: los tres primeros movimientos son 'caóticos' en sentido griego, energía pura; y tras la courante, llega la etérea sarabande, con sus armonías imperceptibles. La sexta es la más universal, una celebración de amor. Me gusta compartirlas así.

P. Hasta ha escrito un libro, Les Suites en partage. ¿Escribirlo le dio claridad?

R. Sí. Las Suites son senza basso, Bach estaba muy orgulloso de eso. Que el bajo, protagonista, no esté, en una música tan basada en la armonía, es casi un oxímoron. Escribirlo también me hizo ver que necesitaba volverlas a grabar.

P. En el espectáculo Mitten wir im Leben sind Anne Teresa De Keersmaeker incorpora una coreografía a las Suites. ¿Cómo sintió ese salto a lo colectivo?

R. Se convirtieron en música de cámara, un intercambio de energía. Los bailarines estaban tan cerca que el público temía por mi instrumento. El centro de gravedad se desplazó: ya no estaba en mí, sino entre los bailarines y yo.

P. Ya no escuchamos música tan basada en el contrapunto. ¿Por qué seguir escuchando estas Suites?

R. A todos nos preocupa que los algoritmos gobiernen nuestra vida. Hace unas semanas se le rompió una cuerda a la cosolista, Veronika Eberle, y el director, Yannick Nézet-Séguin, dijo que eso pasa "cuando un músico da el 200 % y pone toda su alma, mente y cuerpo para darle vida a la música. No podemos estar más lejos de la IA". Bach, tan humano, era el mayor optimista: por eso lo necesitamos, ahora más que nunca; también a Beethoven, a Schumann… Pero a Bach, seguro.