El cineasta alemán Fritz Lang junto a un cartel de 'Metrópolis' y una imagen de la película.

El cineasta alemán Fritz Lang junto a un cartel de 'Metrópolis' y una imagen de la película. Foto: Joost Evers. Nationaal Archief. Diseño: F. D. Quijano

Cine

De 'Metrópolis' al cine negro: 50 años sin Fritz Lang, el pionero de las distopías que se reinventó en Hollywood

Se cumplen cincuenta años de su muerte y el año que viene, cien de su visionaria obra maestra de 1927.

Referente del cine clásico, fue infravalorado en la meca del cine.

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Este domingo, 2 de agosto, se cumple medio siglo desde el fallecimiento, en 1976, de Friedrich Christian Anton Lang, más conocido simplemente como Fritz Lang. Y a comienzos del próximo año, se cumplirá el centenario del estreno de su más famosa obra: Metrópolis, cuya primera exhibición tuvo lugar el diez de enero de 1927.

La historia del cine y de la cultura moderna sería, sin duda alguna, muy distinta sin el genio de este cineasta alemán, afincado durante buena parte de su madurez en Estados Unidos.

Aunque durante cierto tiempo su nombre estuvo bailando entre aquellos que componen el Olimpo de los creadores cinematográficos por excelencia, entrando y saliendo del canon según qué críticos y qué momentos, hoy no se puede negar que Lang pertenece por derecho propio a la gran estirpe de los Billy Wilder, John Ford —tuerto como él—, Welles, Hawks o Hitchcock, por citar algunos indiscutibles del Séptimo Arte.

Como ellos, el cineasta de origen vienés contribuyó decisivamente a crear el esplendor del cine clásico, a través de sus aportaciones a géneros tan característicos como el film noir, el wéstern, el thriller y hasta el bélico. Sin embargo, a menudo se minusvaloró su papel en la era dorada de Hollywood, por culpa de "otro" director: el propio Fritz Lang, como si encarnara el tan apropiado drama arquetípico del doppelgänger.

A cien años de 'Metrópolis' (1926), la primera gran distopía del cine.

A cien años de 'Metrópolis' (1926), la primera gran distopía del cine. Divisa Films.

Lang contra Lang

Fritz Lang, llegó a Estados Unidos en 1936, tras abandonar la Alemania nazi en 1933, pasando por París, donde dirigió la estupenda Liliom (1934), habiendo sido ya uno de los realizadores más importantes, innovadores y polémicos del cine de Weimar, junto a ilustres colegas como Wegener, Murnau o Pabst, lo que daría por resultado que crítica e historiadores consideraran que su posterior periodo estadounidense era significativamente inferior al alemán.

Seamos justos: no es de extrañar. Entre 1918 y su partida del país, huyendo, según la leyenda extendida por él mismo, de la oferta de Goebbels para convertirse en director de la UFA, Lang dirigió, entre muchas otras, la fantasía romántica y metafísica Las tres luces (1921); El doctor Mabuse (1922) y su continuación, El testamento del Dr. Mabuse (1933); la épica en dos partes Los nibelungos (1924); Metrópolis (1927); Los espías (1928); La mujer en la luna (1929), primera descripción "realista" de un viaje espacial; y M, el vampiro de Düsseldorf (1931), primer y seminal retrato de un asesino psicópata en serie. Muchas creadas con su esposa, la guionista y escritora Thea von Harbou.

Peter Lorre, el primer verdadero asesino psicópata en serie de la historia del cine, en 'M, el vampiro de Düsseldorf' (1931).

Peter Lorre, el primer verdadero asesino psicópata en serie de la historia del cine, en 'M, el vampiro de Düsseldorf' (1931). Divisa Films.

Con ellas, estableció y llevó a su máxima expresión géneros como el thriller de espionaje, los supervillanos criminales, la fantasía épica histórica y legendaria, la ciencia ficción distópica y espacial o el psychothriller policial y de terror. No es exagerado afirmar que sin él, películas como 2001. Una odisea del espacio (1968), Blade Runner (1982), El silencio de los corderos (1991) o El Señor de los Anillos (2001) quizá no existirían o habrían sido muy distintas.

En especial, Metrópolis establecería el paradigma cinematográfico de la distopía, con un nivel de espectacularidad e innovación técnica y narrativa sin precedentes. Lang, hijo de arquitecto, pintor y escultor él mismo, volcó sobre el guion de su mujer y contando con un enorme presupuesto, toda su imaginación y atrevimiento formal, creando un espectáculo alucinante y alucinado.

'Los sobornados' (1953), el 'noir' más despiadado de Fritz Lang.

'Los sobornados' (1953), el 'noir' más despiadado de Fritz Lang. Columbia Pictures.

Fábula política sobre el hombre convertido en pieza de la maquinaria capitalista y tecnológica del futuro, pese a su simplismo, que disgustaba al propio Lang, Metrópolis alcanza visualmente cotas de excelencia nunca vistas antes o después. Sus efectos especiales, su diseño de producción, inspirado en el futurismo italiano y soviético así como en la Bauhaus, sus personajes icónicos, como la androide María o el diabólico ingeniero-alquimista Rotwang, cambiarían el rumbo de la ciencia ficción dentro y fuera del cine, mostrando por vez primera que se trataba de un género que tenía muchas cosas que decir y mostrar a los espectadores.

El sueño americano

Con estos antecedentes, no es raro que algunos críticos, como Noël Burch, consideraran al Lang de Hollywood menor e irrelevante. Raro, no. Pero sí injusto. Porque si bien en la meca del cine nuestro director se encontró condenado casi a la Serie B y a trabajar con presupuestos muy alejados de los que manejara en su país, no sólo supo sacar provecho de ello, convirtiendo las carencias en virtudes, sino que creó un nuevo corpus autoral igualmente influyente y espectacular.

Marlene Dietrich en 'Encubridora' (1952), el 'western camp' de Lang.

Marlene Dietrich en 'Encubridora' (1952), el 'western camp' de Lang. A Contracorriente Films.

Autoral, porque Lang, salvo contadas excepciones, siempre supo aplicar a cualquier género y título su mirada personal, tanto formal como narrativa y moral. Influyente, porque con obras como Solo se vive una vez (1937), La mujer del cuadro (1944) o Los sobornados (1953), prefiguró, consolidó y llevó a la modernidad respectivamente el film noir. Con El hombre atrapado (1941), Los verdugos también mueren (1943) y El ministerio del miedo (1944), su trilogía antinazi, demostró que podía hacerse propaganda política y cine de altura al tiempo que cautivar al espectador con thrillers llenos de intriga y suspense.

Lang, que al llegar a Hollywood se empapó de cultura popular leyendo cómics, literatura pulp e historia del Oeste americano, nunca perdió el sentido del humor ni del espectáculo, sorprendiendo con extravagancias hoy convertidas en filmes de culto como el noir psicoanalítico Secreto tras la puerta (1947); el melodrama wéstern Encubridora (1952), digno compañero camp de Johnny Guitar (1954), al que antecede; la deliciosa aventura juvenil de época Los contrabandistas de Moonfleet (1955) o el díptico exótico con el que retornara a Alemania: El tigre de Esnapur y La tumba india (1959).

'El tigre de Esnapur' y 'La tumba india', ambas de 1959, el retorno de Lang al exotismo y la gran aventura.

'El tigre de Esnapur' y 'La tumba india', ambas de 1959, el retorno de Lang al exotismo y la gran aventura. Delta Films.

Hoy, pese a prejuicios a favor, en contra o todo lo contrario, la dicotomía entre el Lang alemán y el hollywoodiense está superada. Fritz Lang solo hay uno. Cuando se cumplen sendos aniversarios en torno a su figura y obra, es justo y necesario recordar que a lo largo no de una, sino de dos carreras, a menudo en contra de la incomprensión de los productores, fue capaz de conciliar el genio autoral con la mejor praxis del cine comercial, gustando desde a Hitler y Goebbels hasta a Bertolt Brecht y Clifford Odets, con quienes colaboró en Hollywood… Y, por supuesto, fascinando a todos los amantes del mejor wéstern, el noir, la aventura y la ciencia ficción.