Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax Les Films du Losange

Cine

'No soy yo': Leos Carax se autorretrata en clave godardiana

Llega este viernes a Filmin No soy yo, un mediometraje del director de 'Mala sangre', 'Los amantes del Pont-Neuf' y 'Holy Motors', que enamoró hace un par de años al Festival de Cannes.

En cuarenta minutos, presenta una mascarada infinita en la que el propio autor queda diluido en la materia de sus propios sueños.

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Leos Carax (Suresnes, París, 1960) nunca ha sido un director prolífico. En más de cuatro décadas apenas ha firmado un puñado de largometrajes, pero todos dialogan entre sí hasta el punto de que cada nueva película obliga a mirar las anteriores de otra manera. Sus personajes regresan bajo otras formas, las mismas imágenes reaparecen transformadas y sus obsesiones –la identidad, el amor, la muerte, la belleza, el propio cine– se alimentan de perspectivas distintas.

No soy yo (2024) participa de esa dinámica hasta el límite. En apenas 40 minutos, Carax convierte toda su filmografía en materia de reflexión y compone una suerte de autorretrato fragmentado en el que la memoria personal, las imágenes de sus filmes y la historia del cine acaban formando un único flujo.

Nacida como un encargo del Centre Pompidou para una exposición que nunca llegó a celebrarse, la película trata de dar respuesta a una pregunta planteada por la institución museística: “Où en êtes-vous, Leos Carax?” (“¿Dónde estás ahora, Leos Carax?”). El cineasta contesta desde el propio título. No soy yo parte de la certeza de que toda tentativa de autorretrato acaba desembocando en una sucesión de máscaras. Si algo ha demostrado su cine es que la identidad nunca es fija: siempre está en movimiento. Y ya sabemos que no hay mayor verdad que la que se dice bajo una máscara.

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax Les Films du Losange

De ahí que No soy yo funcione como una arqueología de imágenes, una mascarada infinita en la que el propio autor queda diluido en la materia de sus propios sueños. Fragmentos de sus películas dialogan con fotografías familiares, documentos históricos, secuencias de otros cineastas y materiales de archivo que, más que contar una historia, proponen un flujo de pensamiento.

Es imposible no pensar en Jean-Luc Godard y sus colosales Histoire(s) du cinéma (1989-1999), por supuesto. Es casi un ejercicio copista si no sintiéramos también la personalidad de Carax en cada minuto del montaje torrencial que despliega, imitando incluso la voz ronca del autor de Elogio del amor (2001), con superposición de textos e imágenes y estableciendo un diálogo constante entre la historia del cine y la Historia con mayúsculas. Carax no evita evidenciar su personal tributo al maestro franco-suizo poco después de su desaparición.

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax Les Films du Losange

Desde Boy Meets Girl (1984), donde París ya era un paisaje mental antes que una ciudad, pasando por Mala sangre (1986), que convertía el thriller en una coreografía romántica, o Los amantes del Pont-Neuf (1991), uno de los grandes melodramas modernos sobre el exceso y el deseo, Carax ha construido una obra tan breve como coherente.

Tras un extraño filme, Pola X (1999), bastante alejado de sus poéticas más reconocibles –que no obstante Jacques Rivette consideró el filme francés más hermoso de los años noventa–, el punto de inflexión llegó con la imprescindible Holy Motors (2012). Allí, Denis Lavant atravesaba identidades sucesivas y cada uno de sus personajes era una posibilidad del cine. No soy yo desplaza esa lógica hacia el propio autor. Ahora es Carax quien aparece descompuesto en recuerdos, películas, fantasmas y proyecciones.

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax

Fotograma de 'No soy yo' de Leos Carax Les Films du Losange

Aunque las comparaciones con Godard, en su condición de ensayista (incluso el musical Annette no dejaba de ser una película-ensayo sobre las mutaciones del cine), son inevitables, conviene matizarlas. Allí donde Godard aspiraba a construir una filosofía de las imágenes, Carax trabaja desde un lugar quizá más íntimo o al menos confesional. Su película no pretende explicar el siglo XX a través de su propia historia del cine, sino comprender una vida (la suya) atravesada por las imágenes del siglo.

Cierto es que, al igual que en la monumental serie en vídeo godardiana, irrumpen en No soy yo una y otra vez el nazismo, la guerra o los grandes traumas de la historia contemporánea. Si bien aquí aparecen como el reverso inevitable de cualquier autobiografía. Carax parece decirnos que ninguna memoria personal puede construirse al margen de la memoria colectiva. Si Godard se interrogaba sobre el destino del cine, Carax se pregunta qué puede hacer todavía el cine a partir de sus ruinas.

En esa reflexión, como no podía ser menos, también reaparecen los fantasmas de su propia obra: Denis Lavant y su Monsieur Merde, por supuesto, y Juliette Binoche, y Michel Piccoli… y, claro está, la ausencia siempre presente de Yekaterina Golubeva, madre de su hija, protagonista de Pola X, fallecida en 2011. Su sombra, como ocurría en Holy Motors y en Annette, termina impregnando de un tono elegíaco buena parte del filme, donde la famosa carrera-baile de Mala sangre ya no avanza al compás de Modern Love, sino de la última composición de David Bowie. Las películas son organismos mutantes.

No soy yo no funciona en última instancia como un mero apéndice experimental, ni como un ejercicio menor en la carrera de Leos Carax. Es probablemente su obra más libre, lo que es mucho decir para un autor que siempre ha podido hacer lo que ha querido (aunque no siempre cuando ha querido), que en cierto modo viene a reorganizar retrospectivamente toda su filmografía. Puede que sea la película que funciona como una llave capaz de abrir todas las demás.

No soy yo

Dirección: Leos Carax.
Guion: Leos Carax.
Intérpretes: Leos Carax, Denis Lavant, Katerina Yuspina, Nastya Golubeva Carax.
Año: 2024.
Estreno: 10 de julio