Isabelle Huppert en 'La mujer más rica del mundo'. Foto: Caramel Films.

Isabelle Huppert en 'La mujer más rica del mundo'. Foto: Caramel Films.

Cine

Isabelle Huppert interpreta a 'La mujer más rica del mundo': "Tener muchísimo dinero crea fantasmas"

El mito viviente del cine francés estrena un 'biopic' de Liliane Bettencourt, la dueña de L’Oreal, quien le regaló 1.000 millones de euros a su polémico mejor amigo.

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Isabelle Huppert (París, 1953) es una institución en sí misma. Una actriz capaz de brillar con los papeles más arriesgados sin perder jamás la compostura. En un lejano 1978 ganó en Cannes por Violette Nozière (1978), sobre una joven prostituta que mata a sus padres, y con Michael Haneke dio lugar a la perturbadora La pianista (2001), un salto sin pértiga sobre la represión sexual.

Huppert ha trabajado con Bertrand Tavernier (1280 almas, 1981), Jean-Luc Godard (Salve quien pueda la vida, 1980), André Téchiné (Las hermanas Brontë, 1979) o Hong Sang-soo (En otro país, 2012); sin olvidar la impresionante Elle (2016), de Paul Verhoeven, por la que ganó el Globo de Oro.

Hablamos con la actriz a su paso por Madrid, donde ha actuado en los Teatros del Canal protagonizando Bérénice, a las órdenes de Romeo Castellucci. En su nueva película, La mujer más rica del mundo, dirigida por Thierry Klifa, se mete en la piel de Marianne Farrère, trasunto de Liliane Bettencourt, la archimillonaria dueña de L’Oreal.

El escándalo surge cuando su propia hija (interpretada por Marina Foïs) pide que un juez la incapacite después de regalarle a su mejor amigo, el fotógrafo homosexual y pendenciero Pierre-Alain (Laurent Lafitte), la inverosímil cifra de 1.000 millones de euros.

La tormenta se convirtió en un escándalo político por unas grabaciones clandestinas de su propio mayordomo entre la millonaria y su contable, en las que se desveló que también hacía pagos a políticos de izquierda y derecha. La película pasa de puntillas por esa dimensión del caso para centrarse en la seducción del fotógrafo a la potentada, que causa estupor en la familia y la sociedad parisina.

Una pasión muy lucrativa para el advenedizo que no solo despertó en la hija la voluntad de defender su (inmenso) patrimonio, también viejos sentimientos de rencor por sentir que no es amada por su madre (que quizá sí la quiere pero no le cae bien).

Pregunta. Evidentemente, hay un misterio en esta película, si este hombre abusa de ella o es tan sencillo como que se hacen verdaderos amigos y tiene todo el derecho del mundo a hacer con su dinero lo que le da la gana. 1000 millones de euros es una cifra astronómica pero era un 1% de su fortuna. ¿Qué opina?

Respuesta. Creo que hay que ir a ver la película para entenderlo, porque la película cuenta muy bien a la vez la sinceridad de esta relación y también su complejidad, ni siquiera diría su ambigüedad. Hay una ambigüedad quizá afectiva, porque hay verdaderamente un sentimiento muy fuerte que está en algún lugar entre la amistad y casi el amor. Y eso es muy conmovedor en la manera en que está mostrado en la película. Pero evidentemente hay la complejidad de esta relación, porque hay tanto dinero en juego que se pasa de la sinceridad a la sospecha en cualquier caso.

»En el momento en que la familia se mete, que los vínculos afectivos se ponen en cuestión, que la economía se encuentra amenazada… En realidad ni siquiera está amenazada, porque como usted ha dicho muy justamente, eso concierne a una parte ínfima de su fortuna, pero se vuelve casi algo simbólico. ¿Tenemos derecho a tocar ese poder, ese equilibrio?

Isabelle Huppert, en  'La mujer más rica del mundo'. Foto: Manuel Moutier / Caramel Films.

Isabelle Huppert, en 'La mujer más rica del mundo'. Foto: Manuel Moutier / Caramel Films.

P. La relación con la hija es crucial. Vemos que sufre al ver cómo su madre dilapida tantos millones pero también hay unos celos evidentes porque siente que no es amada, o “gustada”, por su madre. ¿Es en realidad un drama sobre una madre y una hija?

R. En todo caso, es cierto que en esta película es ahí donde la historia se vuelve compleja, se vuelve cruel, y que se pasa de la comedia a la tragedia casi shakespeariana. Es que efectivamente eso revela el déficit afectivo entre esta madre y esta hija. Es una película en la que, de repente, una madre dice a su hija: “¿quieres saber si te quiero? No lo sé. No sé si alguna vez te he querido. No lo sé”. Entonces eso es muy violento de escuchar. Y eso se paga de la manera más… en el sentido propio y en el sentido figurado. Y ella hará pagar a su madre esa crueldad, o al menos lo que ella percibe como una crueldad.

P. Es una historia muy conocida, sobre todo en Francia, pero también en todo el mundo. ¿De qué manera marca interpretar a unos personajes que han existido en la vida real?

R. Cuando veo una película y me dicen que está inspirada en una historia real, más que la perspectiva del placer que voy a sentir, eso siempre me inspira una cierta desconfianza. Que una película esté inspirada en hechos reales no garantiza en absoluto que vaya a ser una buena película. En cambio, prefería apoyarme en lo que percibía en la lectura del guion, en los diálogos, en la preparación que tuvimos. Trabajamos mucho en el vestuario, en el peinado. Estaban todos esos indicios, evidentemente muy importantes, los primeros que se dan al espectador. Después, está la fuerza de la propia película, que te arrastra. Es la película la que lo hace, es el cine lo que está en juego. No es la realidad, es verdaderamente el cine.

P. Todo el mundo sabe que la gente no se comporta de una manera natural cuando está con personas con mucho poder. ¿La maldición de los millonarios es no saber si sus afectos son verdaderos o interesados?

R. Eso crea siempre una ambigüedad, una sospecha, y crea también muchos fantasmas. Y es evidentemente lo que la película intenta describir. Pero en el fondo la película no habla tanto de la imagen que esa situación puede tener de cara al gran público.

»Lo que es interesante en la película es que en esta historia todo el mundo conocía el final, es el momento en que la historia se vuelve extremadamente mediática, donde todas las interpretaciones y sospechas se vuelven más excitadas, más delirantes. Pero la película elige al contrario entrar por la pequeña puerta de la intimidad de esta relación e intentar comprender o dar a ver lo que ha podido llevar a esa situación, y no directamente mostrar las consecuencias.

Isabelle Huppert, en  'La mujer más rica del mundo'. Foto: Manuel Moutier / Caramel Films.

Isabelle Huppert, en 'La mujer más rica del mundo'. Foto: Manuel Moutier / Caramel Films.

P. Estamos en un momento, con casos como el escándalo de Epstein, en el que cunde la sensación de que hay una elite que lo domina todo y vive en la impunidad. Bettencourt financió de tapadillo a partidos de izquierda y derecha. ¿Esta historia representa también ese vivir “fuera de la realidad”?

R. No creo que el filme hable de eso. La élite no está, como se muestra en la película, protegida de lo que nos constituye a todos: celos, sospechas, traiciones, revelaciones, secretos familiares. Eso puede pasar en esas familias como en cualquier otra. Así que hay algo universal.

P. En la película también vemos como el marido de la “mujer más rica del mundo” es atacado por unos artículos antisemitas durante la ocupación nazi de Francia, de los que se arrepiente. ¿Ese pasado colaboracionista y fascista de Francia aún pesa como un trauma nacional?

R. Sí, creo que hace ya tiempo que hemos vuelto sobre nuestra historia. Es verdad que, a diferencia de los americanos, que fueron capaces de revisitar muy rápidamente su historia con Vietnam, mostrando, analizando, ficcionalizando esas situaciones, en Francia hubo mucha más reticencia. Pero hoy tenemos la posibilidad, la capacidad de volver sobre esa historia y mirarla de frente.