Kirk Jones, durante el rodaje de 'Incontrolable'

Kirk Jones, durante el rodaje de 'Incontrolable'

Cine

Kirk Jones, cineasta: “El lenguaje está muy vigilado hoy y expone a las personas con síndrome de Tourette”

Estrena 'Incontrolable', una emotiva película que ha llevado al cine a más de un millón de personas en Gran Bretaña. Robert Aramayo, el Elrond de 'Los anillos de poder', fue premiado con el Bafta por interpretar al protagonista.

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La secuencia no puede ser más solemne: John Davidson, un modesto conserje, recibe la medalla que lo acredita como Miembro de la Orden del Imperio Británico por concienciar sobre el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que provoca tics nerviosos y hace a quien lo padece proferir todo tipo de insultos y frases malsonantes, sobre todo a causa del estrés. Para muestra, un botón: en tan solemne evento Davidson le soltó a Isabel II un sonoro “que follen a la reina”.

Incontrolable, que llega a las salas el 10 de abril, nos cuenta esa historia de superación, de cómo Davidson logra sobreponerse a su trastorno, pero también la parte más oscura de su vida, desde su intento de suicidio en la adolescencia hasta la brutal agresión que sufrió cuando ya era adulto. En el filme, encuentra cobijo y cariño en la madre de su mejor amigo, Dottie (Maxine Peake), que lo acoge en su hogar.

Dirige con buen pulso y una armoniosa mezcla entre comedia y drama Kirk Jones (Bristol, 1964), un director que siempre ha sabido moverse en esa fina línea, como vimos en su celebrado debut, Despertando a Ned (1998) y en Qué esperar cuando estás esperando (2012).

Pregunta. ¿Qué le atrajo de esta historia?

Respuesta. La contradicción. Por un lado, John es un hombre que provoca rechazo por algo que no puede controlar. Por otro lado, es una persona profundamente valiente, con una enorme capacidad para seguir adelante. Y hay un elemento clave, que es el apoyo que ha tenido, especialmente de Dottie. Él mismo dice que, sin ese apoyo, probablemente estaría muerto. Eso me pareció esencial: no es solo una historia de sufrimiento, sino también de cuidado y de sostén emocional.

P. ¿Sigue siendo la enfermedad mental un tabú?

R. Sí. Desde el principio quise que la película sirviera para ayudar a comprender. Hablamos del Tourette, del autismo, del trastorno obsesivo-compulsivo y del TDAH de manera superficial, o directamente desde el prejuicio. Pero, cuando te acercas de verdad a alguien que vive alguno de estos trastornos, entiendes que hay una complejidad enorme. Mi objetivo era abrir una puerta a la empatía.

P. John era un niño completamente integrado. ¿Por qué se produce el cambio?

R. Existen distintas teorías. Hay quienes creen que puede desencadenarse tras intervenciones médicas. Otros hablan de traumas emocionales. En el caso de John, él sitúa el origen en dos operaciones: una en la garganta y otra en las vías nasales. Dice que, al salir del hospital, se sentía distinto. Ahora bien, nadie sabe con certeza por qué ocurre.

P. ¿Estas personas dicen sin filtro lo que piensan?

R. No, y es fundamental subrayarlo. Las expresiones malsonantes no son un reflejo fiel del pensamiento o de las creencias de la persona. Todos tenemos filtros que nos permiten retener algo inapropiado, pero con el Tourette ese filtro falla. Y entonces aparece lo peor posible en el peor momento. Eso genera situaciones muy difíciles, porque el entorno interpreta esas palabras como intencionales, y no lo son.

Robert Aramayo, en 'Incontrolable'

Robert Aramayo, en 'Incontrolable'

P. Y eso provoca reacciones muy intensas.

R. Ahí está la tragedia. John es una buena persona, pero enfada a los demás sin quererlo. En la película mostramos casos reales en los que esto desemboca en violencia física. Es importante no edulcorarlo porque es la realidad con la que conviven estas personas.

P. ¿Es, por tanto, una de las condiciones con la que es más difícil encajar socialmente?

R. Creo que sí. El lenguaje está hoy muy vigilado, y eso genera que alguien que no puede controlar lo que dice se vea más expuesto que nunca. Una palabra fuera de lugar puede tener consecuencias sociales y profesionales muy graves.

P. ¿Hoy existe más sensibilidad con la salud mental?

R. Me sorprendió que John me dijera que era más fácil vivir con Tourette en los 90 que ahora. Pero es que antes había más tolerancia hacia ciertos términos en el espacio público. Hoy hay más conciencia sobre salud mental, sí, pero también una reacción más inmediata, menos matizada.

P. ¿Es necesario darle sentido a lo que nos ocurre?

R. Es algo humano. Hay una tendencia natural a convertir las experiencias difíciles en algo que pueda ayudar a los demás. En el caso de John, su historia puede servir para generar comprensión y empatía. Y eso transforma el dolor en algo útil.

Robert Aramayo interpreta a John Davidson

Robert Aramayo interpreta a John Davidson

P. La película combina momentos muy duros con otros incluso cómicos. ¿Cómo trabajó ese equilibrio?

R. Pasé días enteros hablando con John, pidiéndole que me contara todo lo que recordaba de su vida. Luego me guié por una especie de instinto emocional. Hay momentos que pueden resultar absurdos, incluso divertidos, y otros que son profundamente dolorosos. No quería eliminar ninguno de los dos registros. En este caso, había algo que era prioritario: que John estuviera de acuerdo con la película, que se sintiera representado, y que la comunidad también la aceptara.

P. ¿Qué aprendizajes personales se lleva de este proceso?

R. Hay dos cosas que John me dijo y que no he olvidado: “no asumas que tu normalidad es la misma que la de los demás” e “ignora el tic, pero no a la persona”. Es decir, no centres toda tu atención en la manifestación del trastorno, pero tampoco invisibilices al individuo.