Chuck Norris en 'Walker, Texas Ranger'

Chuck Norris en 'Walker, Texas Ranger'

Cine

Chuck Norris: los valientes ya no visten de negro

El fallecimiento del actor deja huérfanos a los bromistas de las redes sociales, pero también a un puñado de amantes de las artes marciales que lo veneraron sinceramente.

Más información: Fallece el icónico actor Chuck Norris a los 86 años, estrella del cine de acción y protagonista del primer gran meme de internet

Publicada

Los críticos de cine, los cinéfilos y la gente de bien del mundo de la cultura y las artes nunca le tomaron en serio e incluso lo despreciaron. Afortunadamente, los amantes de otras artes, esas que llaman marciales, sabían que había algo que hacía casi único a Chuck Norris, de entre tantas estrellas del cine de acción que dominaron el género durante los años ochenta y después: él sabía dar hostias como panes de las de verdad de la buena.

Era uno de los tres únicos estadounidenses que había alcanzado el grado ocho como cinturón negro de tae-kwon-do y el décimo en tang-soo-do, además de ser también cinturón negro de jiu-jitsu brasileño. Fundó sus dos propias escuelas de artes marciales: el tang-soo-do americano y el chun-kuk-do o "estilo universal". No solo dio réplica a Bruce Lee en el mítico duelo de El furor del dragón (1972), con el Coliseo de Roma como escenario, sino que entrenó con el malogrado genio chino del kung fu.

Enseñó defensa personal a Steve McQueen y su hijo Chad, a Michael Landon y Dan Blocker, entre otros. Fue seis veces campeón del mundo de karate. Olvídate de Stallone, Schwarzenegger, Bruce Willis, Michael Dudikoff o Harrison Ford: Chuck sí sabía dónde, cómo y cuándo pegar para hacer daño.

Por supuesto, nada de eso te convierte en buen actor, especialmente si te vas a dedicar a la comedia romántica o al musical. Pero reconozcamos que si lo tuyo es la acción, quizá sean virtudes tan importantes o más que pasar por el Actor´s Studio o la Royal Shakespeare Company. Y contra el mito de que Norris no hizo buenas películas, eso será si no te gusta el cine de acción, porque a mí me vienen a la cabeza unos cuantos títulos que hicieron las delicias de los amantes del género.

Los valientes visten de negro (1978) de Ted Post, con sorprendente mensaje anti-Vietnam; Golpe por golpe (1981) de Steve Carver, con Chuck contra las Tríadas; Furia silenciosa (1982) de Michael Miller, donde se enfrenta a un psicópata con poderes sobrehumanos; McQuade, lobo solitario (1983), también de Carver, donde se las ve con David "Kung Fu" Carradine, prácticamente origen de su personaje televisivo: Walker, Texas Ranger; Código de silencio (1985) del gran Andrew Davis, Chuck contra el cártel y Henry Silva; o El héroe y el terror (1988) de William Tannen, cruce entre thriller de acción y slasher pelón.

Algunos de los productos Cannon más estimables, resultado de la perfecta sintonía entre los inefables Golam & Globus y ese republicano conservador, judío cristiano renacido y hombre de orden admirador de John Wayne que fue Norris.

Pero seamos honestos. Lo mejor de Chuck es que las malas también nos gustan, quizá más. ¿Cómo olvidar Desaparecido en combate (1984), el Rambo del pobre? ¿O Invasión U.S.A. (1985), con las calles de Estados Unidos en poder de los rusos y el fantástico Richard Lynch como villano soviético? Ambas firmadas por el inestimable Joseph Zito.

¿Qué decir de El templo del oro (1986), la comedia de aventuras estilo Indiana Jones dirigida por J. Lee Thompson? Aunque quizá sea imposible superar el delirio de El mensajero del infierno (1994), con Chuck enfrentado a los mismísimos demonios del Armagedón, dirigida por su hermano Aaron.

De los cines de barrio al videoclub, varias generaciones de freaks crecieron, se apuntaron a karate, lo dejaron lisiados y se enamoraron (algunos literalmente) del feo pero carismático Chuck Norris. Durante los ochenta y noventa, una de las frases más escuchadas sobre el tatami del gimnasio era, póngase acento cheli de Vallekas o Karabanchel: "¿Han estrenado ya la nueva de Chuckchurris?".

Varias generaciones de freaks crecieron, se apuntaron a karate, lo dejaron lisiados y se enamoraron del feo pero carismático Chuck Norris.

Lógico que, televisión de por medio, Norris se convirtiera en personaje más allá y más acá de las pantallas. Concursante de lujo en reality shows, autor de libros de auto-ayuda, columnista de la prensa conservadora, apoyando públicamente a políticos republicanos como Mike Huckabee (actual embajador de Estados Unidos en Israel), Newt Gingrich o, por supuesto, Donald Trump, además de amigo personal de los dos Bush, padre e hijo.

Las redes sociales enloquecieron durante el nuevo milenio transformando a Norris en proveedor habitual de memes —el artista antes conocido como chiste— a su costa, fundiendo y confundiendo personaje, persona y personalidad. Son los famosos Chuck Norris Facts, algunos gloriosos: "¿Qué hace El Hombre del Saco antes de irse a dormir? Mira debajo de la cama por si está Chuck Norris". O: "Las lágrimas de Chuck Norris pueden curar el cáncer. Lástima que Chuck Norris nunca llore. Nunca".

En su honor, hay que decir que se lo tomó casi siempre con humor, hasta usando uno en Los mercenarios 2 (2012): "Una vez Chuck Norris fue mordido por una cobra. Después de cinco días de agónicos dolores, finalmente la cobra murió". Hasta que Penguin los reunió todos en un libro sin su permiso, interponiendo entonces una demanda contra la editorial, que retiró después para publicar su propia versión: The Official Chuck Norris Facts Book.

Pero Chuck Norris no era inmortal y ahora son sus fans quienes visten de negro. Eso sí, ha muerto a la nada despreciable edad de 86 años, trabajando hasta el fin. Su última aparición fue en Agent Recoon (2024), donde se enfrentó al único enemigo que se la había resistido: una invasión alienígena. Por desgracia, los tiempos dorados de la Cannon están muy lejos y el resultado es mejor olvidarlo, por el bien de la memoria del viejo Chuck.

Y puede que quien más esté lamentando su pérdida no sea sino Donald Trump. Porque el hombre que salvó a Estados Unidos de los soviéticos rescató a los americanos prisioneros en Vietnam y comandó a la mismísima Delta Force (1986) a las órdenes de Menahem Golam, sin duda habría sido capaz de conquistar Irán en un día. Ahora, nos va a tocar esperar que surja un nuevo héroe americano tan grande como Chuck Norris… Lo que ya no parece muy probable.