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Cine

'Juego de tronos', ¿el fin de una era?

Analizamos el tremendo impacto de la serie de HBO y su gran hito: tener a millones de espectadores opinando

18 junio, 2019 09:10

¿Permitirá el nuevo orden televisivo, marcado por la consolidación del streaming y el Video On Demand (VOD), que se repita un éxito de proporciones similares? Elena Neira, profesora de los estudios de comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya, especializada en nuevos modelos de distribución audiovisual, señala que “el modelo de consumo está cambiando de forma acelerada. Parte del fenómeno de JdT se debe a una curiosa combinación de consumo sincrónico (forzar a concentrar la audiencia en un día/hora determinada) con una narrativa que soporta mal el consumo diferido (por el riesgo de los spoilers) y una globalización del fenómeno (primero por la piratería y luego a través de los servicios SVOD). El hecho de que los estrenos en bloque sean la nueva normalidad (lo que fragmenta la audiencia, que consume a distintas velocidades) y la multiplicación de plataformas de streaming con contenido original (que multiplica la oferta, lo que dificulta que un programa destaque por encima de los demás) hacen muy complicado que se vuelva a repetir, al menos de forma tan sostenida a lo largo de los años”. Para Enric Pardo, guionista de Mira lo que has hecho, “el consumo y la creación de las narraciones audiovisuales han cambiado completamente; ahora vivimos una distopía de las plataformas en streaming.

Cuando empezó JdT nadie podía imaginar que un evento audiovisual de estas características no tuviera una ventana de exhibición en salas cinematográficas. En el futuro veremos una dura competición entre app’s de streaming que llevará a una atomización de la audiencia y, por tanto, de los contenidos. Una serie como JdT que pueda gustar a tanta gente tan distinta al mismo tiempo, siendo como era un producto premium y adulto, es una anomalía muy extraña”. En esa línea de pensamiento se sitúa, también, Alberto Rey, crítico televisivo del diario El Mundo, que recuerda que JdT arranca “cuando se empieza a configurar lo que ahora conocemos como nueva televisión, sustentada en las plataformas y las múltiples pantallas. El abandono de la TV tradicional por parte de determinados públicos ha sido paulatino y paralelo al desarrollo de una serie que en España comienza siendo de pago en Canal Plus y termina no sólo estando presente en dos plataformas tan distintas como Movistar+ y HBO España sino siendo realmente la única que se beneficia del efecto lo-que-quiero-y-cuando-quiero de las plataformas de VOD y a la vez mantiene el efecto cita… ¡a las 3:00 AM del domingo al lunes! Sólo por eso es excepcional y dudo que se repita el fenómeno”.

No obstante, otras corrientes de opinión como la del escritor, Jorge Carrión, autor de Teleshakespeare, señalan que “es imposible leer el futuro. Las masas pop reclaman fenómenos periódicos, después de Harry Potter llegó Perdidos y después JdT. A ver cuál es el siguiente, ¿El señor de los anillos? Yo diría que lo único que está claro es que será de género fantástico”. También se muestra cauta en sus previsiones Concepción Cascajosa, profesora titular de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III: “No creo que sea el fin de nada, porque estos fenómenos siempre han sido puntuales. Antes, porque la televisión en Estados Unidos tardaba mucho tiempo en llegar al resto. Y, más tarde, cuando se abrieron nuevos mecanismos de distribución, porque las series con capacidad de conectar así con las audiencias globales son muy escasas. El final de Perdidos es de 2010. Creo que esta faceta se ha exagerado mucho, y no resiste un buen análisis con perspectiva histórica de lo que ha sido el desarrollo del medio televisivo”. Para Jaime Vaca, coordinador de guion de Élite, “siempre ha sido, es y seguirá siendo complicado que se dé un fenómeno global a este nivel… Pero, cada cierto tiempo, aparece, sea cual sea el modelo de consumo, desde que la tele es tele. Sea analógica, consumida en familia y en blanco y negro, o en streaming, no lineal y en 4K. JdT ha reventado datos de audiencia a nivel global, conviviendo con otras muchas plataformas de streaming y tele lineal. Quizás en unos años habrá otro modelo de visionado, o el modelo actual habrá evolucionado, pero aparecerá, igualmente, un exitazo millonario fruto de esta nueva forma de consumo. Siempre, siempre habrá exitazos”.

De finales polémicos y redes sociales

Uno de los grandes hitos de JdT, destaca Alberto Rey, es haber logrado que su alto número de espectadores esté continuamente hablando de ella. El volumen de opiniones y la polarización ha sido tal que cerca de un millón de fans llegaron a solicitar que se reescribiera esta última temporada. Para Jorge Carrión, “los fans están viviendo en un malentendido. De acuerdo que su energía y sus opiniones son poderosas, decisivas. Pero no tienen poder de corrección. Que hayan pedido que se ruede de nuevo la última temporada demuestra hasta qué punto se ha extendido ese malentendido. Que los fans se equivocan incluso en el ámbito doméstico lo demuestra el gran número de niñas que se llaman Daenerys en España. Pretender que la opinión de alguien que comete ese error en su vida doméstica cuente tanto como la de Benioff y Weiss, que han sabido construir una ficción impresionante, histórica e internacional, no se sostiene”.

Ahondando en esa argumentación, Enric Pardo incide en que mientras las opiniones, amplificadas por las redes sociales, son libres, “la creación y la escritura no son democráticas, no hay constitución que valga en una writers room y recuerda que “la última vez que guionistas y productores hicieron caso de lo que se decía (entonces en foros) sobre su serie, dio lugar al final de Perdidos. Es importante tener en cuenta al espectador, saber qué información posee y manipularlo emocionalmente, pero sin condicionar las decisiones creativas. Espero y deseo que los creadores sigan gozando del privilegio de contar una buena historia según lo que los escritores y guionistas decidan que es interesante, emocionante y sea digno de contar”. El también guionista Jaime Vaca amplía el marco de discusión y remarca que “la polarización es social” y hace hincapié en que “hemos perdido los matices y nos hemos entregado al blanco o negro, al conmigo o en mi contra. Sin grises de por medio. Esto también se traduce en que solo toleramos lo que nos gusta al ciento por ciento. No nos vale el noventa y nueve. Con semejante manera de abordar los problemas o los debates es absolutamente imposible, ya no contentar a todo el mundo, sino satisfacer completamente a una sola persona”. Bien es cierto que, como apunta la profesora Concepción Cascajosa en una aproximación de corte metalingüístico, JdT pedía ‘guerra’: “la serie trata de un enfrentamiento por el poder, ¿qué se espera de sus seguidores si no es enfrentamiento? Los espectadores han asumido las banderas de esas familias y han hecho suyo el destino de esos personajes. Y conforme han pasado los capítulos y se acercaba el final, era imposible contentar a todo el mundo”.

Sin embargo, esta oposición receptiva no siempre es negativa. Para la profesora de la UOC, Elena Neira, “con las redes sociales se ha producido una desintermediación total en la comunicación del contenido. Este ‘adueñamiento’ de la serie que hace el fan a la cadena le viene muy bien, ya que genera su propio marketing con cero coste y muchísima más efectividad. Además, el feedback es muy valioso a la hora de promocionar el contenido (cuando tienes información sobre, por ejemplo, los personajes que generan más conversación o las tramas que provocan más reacciones). Muchos creadores han declarado que tienen muy en cuenta esta opinión a la hora de hacer productos más conectados con el público. El lado oscuro de esta implicación es, justamente, la visceralidad de las reacciones, el considerar que se tiene derecho a otra cosa. Y, sobre todo, que las reacciones son ahora muy inmediatas. Los season finales de una serie-fenómeno enfrentan al fan a distintas fases del duelo. Creo que cuando se haya llegado a la fase de aceptación las valoraciones serán menos duras…”.

Pero ¿afecta las reacciones vertidas en redes sociales al desarrollo de las series? Un creador como Jaime Vaca (Velvet, Las chicas del cable) afirma no creer que “Benioff y Weiss hayan claudicado a los seguidores porque sus exigencias habrán sido infinitas e inabarcables. Yo sí he sentido que los escritores de JdT aman la serie que han hecho, han cuidado y mimado a sus personajes, y han defendido la historia lo mejor que han sabido y han podido, dada la falta de información (por los libros que no han salido y que George R.R. Martin tampoco habrá facilitado)”. En opinión de Concepción Cascajosa, la desviación de las novelas originales ha permitido que los creadores de la serie hayan “tenido más libertad, y eso ha hecho que la serie haya encontrado un carácter propio, quizás menos sofisticado que el tipo de trama que gustaba a Martin. Pero no creo que haya habido concesiones, entre otros motivos porque si algo hemos visto, es que el fan de esta serie es muy diverso y el apasionamiento se dirige hacia a muchos personajes”. Enric Pardo (Arròs Covat, El club de los buenos infieles) también dice notar “en matices, en situaciones y en personajes, una música autoral sutilmente distinta, pero no creo que Benioff y Weiss hayan hecho concesiones de ningún tipo, sino que han intentado contar la mejor historia posible”.

Por el contrario, el titular de ‘Asesino en serie’, el blog sobre series del diario El Mundo, Alberto Rey, apunta que “por mucho que los creadores de series digan a veces que no responden a las reacciones que su producto (una narración viva, que emite unos episodios mientras otros se ruedan, otros se escriben y otros se idean) suscita, es imposible abstraerse en cualquier trabajo, y menos de uno creativo y narrativo, del mundo en el que vivimos. Y el mundo en el que vivimos está sumido en discusiones a cuál más enloquecida sobre la injustica, la misoginia, la violencia y el totalitarismo, temas que en JdT siempre han sido importantes. Aunque últimamente han perdido su potencia metafórica para ser tan literales como, en el mal sentido, literarios (es decir: abiertamente ficticios o inventados). Si eso estaba previsto o ha surgido en una sala de guionistas donde esos debates eran igualmente incómodos… no sé si lo sabremos alguna vez. Como bien dice la serie, lo que está escrito es lo que queda. Los porqués de esas decisiones de guion, si los conocemos dentro de años cuando estemos en otras guerras, no tendrán mayor importancia. Otra cosa es que desde el núcleo creativo de la serie se lanzase ahora esta conversación públicamente. Eso sí sería interesante, un “por qué hemos escrito como hemos escrito” o, mejor aún, “por qué nos hemos achantado un poco”. Yo sí creo que hay concesiones en todas las series. ¿Como no vas a “premiar” a tus seguidores fieles cuando gracias a ellos has sobrevivido? Otra cosa es que, teniendo en cuenta que hay muchos tipos de espectadores viendo JdT, muchos nichos entrelazados, pueda parecer que la serie ha elegido premiar a unos y castigar a otros. Esa teoría yo, en cierto modo, la comparto. Yo personalmente no me considero en absoluto premiado. ¿Bran rey? ¿En serio?”.

Aceleración narrativa

Las quejas procedentes del fandom mostraban su descontento por el desenlace que afectaba a determinados personajes. Sin embargo, quizá el mayor problema de una teleficción que, como señala Carrión, “ha mantenido un altísimo nivel hasta el final” se halle en la velocidad a la que se ha desarrollado esta última temporada. Para Concepción Cascajosa ha habido “un aceleramiento narrativo” que “no ha dado tiempo a asumir las tramas finales, que eran a veces poco lógicas y necesitaban de mucha sobre-exposición en los diálogos”. Ahora bien, la autora de La cultura de las series destaca que si algo distingue a JdT es su “carácter de gran espectáculo. En ese sentido tiene dos o tres episodios fabulosos. También valoro los pequeños momentos de encuentro entre los personajes, sobre todo el capítulo previo a la batalla de Invernalia, que me parece de los mejores”. A esa valoración se suma, también, Jaime Vaca: “ese episodio es de los mejores de toda la serie: pura épica humana sin guerras ni luchas, solo contando las horas de espera previas a una muerte segura”. El creador de La otra mirada también incide en ese apresuramiento que ha marcado el cierre: “da la sensación de que, quizás por contrato, tenían menos capítulos de los que hubieran deseado. Valgan como ejemplos Daenerys, y su proceso de enloquecimiento, o Cersei, y su despedida poco grandiosa”.

Alberto Rey pone el acento sobre el cambio de rumbo que ha vivido la serie: “si JdT fue osada y valiente en determinados planteamientos, en su temporada final no lo ha sido. Si lo más arriesgado que han hecho ha sido jugar con la iluminación para hacer un experimento casi arty… El resto, alardes de producción aparte, podríamos haberlo visto en cualquier otra serie del género. Y JdT no es cualquier serie”. Su condición de fenómeno cultural abre otra vía de interpretación relacionada con la recepción por parte de los espectadores: “el tiempo de espera entre la séptima y la octava temporada ha funcionado a favor y en contra de la serie” afirma Elena Neira, “a favor, porque ha permitido concentrar el consumo (con récords históricos de audiencia, altas en el SVOD y conversación social) lo que ha permitido reforzar la marca. Pero también ha jugado en su contra. El metraje de los capítulos y la información previa al estreno sobre la espectacularidad de las batallas creo una burbuja de expectativas que se ha traducido en reacciones negativas muy viscerales (como los pésimos ratings de cada capítulo en Rotten Tomatoes o la petición en Change.org para volver a rodar la temporada)”. 

Jorge Carrión impugna un par de escenas del último episodio “que no me han parecido que estuvieran al nivel de excelencia” de la serie: “la de la reunión de los representantes de las diferentes casas en que se decide que Bran será el rey (el parlamento de Tyrion es excelente, pero la reunión es grotesca), y la reunión del consejo del rey final. Parecen reforzar la idea de que con Daenerys era posible otra ambición, otra seriedad, otro alcance, y que esa posibilidad se ha perdido con su muerte. Lo cual es contradictorio con la decisión que tomaron los guionistas de ir demonizándola”. Ahora bien, el autor de Librerías coincide con Enric Pardo en que “JdT ha sido coherente con el universo que ha planteado, y sus personajes han sido congruentes con lo que habíamos visto en las anteriores entregas. Por otra parte, el nivel y la calidad de la producción ha ido en aumento, reconfigurando el marco de excelencia audiovisual en producciones sin exhibición en salas cinematográficas”. El guionista de Trash también remarca “cierta precipitación” narrativa y una “carencia de profundidad que ha ido a más en cuanto se ha despegado de la referencia de los libros”, además de un “esquematismo en la victoria de buenos y malos, un regreso al núcleo central de historia convencional, que no ocurría en las primeras entregas cuyo valor máximo era que todo podía pasar, cualquier personaje podía morir”. Finalmente, el último capítulo, “que se ve lastrado por una segunda mitad anticlimática, toma decisiones de construcción dramática que permiten despedirse de los personajes y del viaje que el espectador ha hecho con ellos durante ocho años”. Porque, como indica Concepción Cascajosa, “la serie empezó con los Stark y sus creadores han decidido terminar con ellos”.