Fotograma de Spider-Man: Homecoming

Hace cinco años los estudios Sony decidieron resucitar a su superhéroe más emblemático, Spider-Man o el "hombre araña", siguiendo una estrategia parecida a la de Warner con Batman. El éxito de la adaptación de Cristopher Nolan del personaje arranca con Batman Begins (2008) sigue con El caballero oscuro (2008) y acaba con El caballero oscuro: La leyenda renace (2012). O sea, convertirlo en "serio". De esta manera, si el murciélago del director británico se transformaba en pantalla en un héroe con tintes shakespearianos en unas películas que servían como metáfora a las convulsiones políticas contemporáneas, el siempre simpático Spidey, ese superhéroe adolescente y atribulado, tenía que ser profundo y atormentado para adaptarse a los nuevos tiempos.



Y Sony contrató a Marc Webb, director que había triunfado con (500) días juntos (2009), película sobre la ruptura de una pareja que había entusiasmado a la crítica. El resultado no fue un desastre pero The Amazing Spider-Man (2012) y su secuela un par de años más tarde con Andrew Garfield como protagonista tenían toda la pirotecnia de Hollywood para hacer pasar el trance. Pero el cineasta traicionó la propia esencia ligera y juvenil del personaje, que había captado muy bien, sin embargo, Sam Raimi con sus fantásticas películas de la década anterior, para darle un aire de gravedad que le resultaba ajeno y tedioso.



El mejor hombre araña vuelve a lo grande en esta fantástica Homecoming en la que, por suerte, el director Jon Watts (conocido en nuestro país por el thriller de 2015 Coche policial) es fiel a la esencia del superhéroe. Despistado, patoso, un tanto friki, ni de cerca el más popular del instituto y con un corazón de oro, Peter Parker siempre ha sido el "normal" de los superhéroes, al contrario que el atormentado Batman o el perfecto Superman. Parker es ese tipo que no sabe qué decir a la chica que le gusta, llega tarde a clase y parece vivir en las nubes y el joven Tom Holland (el niño de Lo imposible de Bayona) está gracioso y chispeante en su reinterpretación del personaje.







Lo curioso del asunto quizás es que al tiempo que el filme devuelve la frescura al superhéroe también logra lo que sí logró Raimi y no Webb, una buena película que sin pretender alcanzar grandes cotas operísticas sí funciona como película de adolescentes y no de las malas. Durante casi todo el metraje tenemos más la impresión de estar viendo un filme de jóvenes, con algunos de sus clichés inevitables pero también con muchas ideas audaces, en la que da la casualidad de que el héroe tiene superpoderes y se disfraza de hombre araña por las noches para salvar al mundo de los malos. En este caso, el villano es un genial Michael Keaton, como suele, que casi parece plantear una dialéctica con su personaje de actor encasillado en el género de la oscarizada Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014).



En tiempos de Trump, vemos una constante celebración de una América multirracial y diversa en la que Parker se enamora de una chica mulata y la eterna tía May es una latina con la cara de Marisa Tomei. Este Spider-Man aprende español en la escuela y tiene un mejor amigo de origen asiático gordo y friqui a más no poder que ejerce un papel de escudero estilo Sancho Panza. El referente más claro de estos filmes son las comedias dirigidas o producidas por Judd Apatow, una suerte de celebración de esa nueva masculinidad sensible que reclama su derecho a la inseguridad e incluso lo sentimental y que hemos visto en filmes dirigidos por Apatow como Virgen a los 40 (2005) o Lío embarazoso (2007) aunque el referente más claro, la fantástica Supersalidos (2007) fuera una producción suya dirigida por Gregg Mottola.



Hace tiempo que los estudios han encontrado la manera, como ya hicieron los cómics, de multiplicar sus personajes-franquicia en multitud de películas que se solapan y confunden entre ellas. Si Wonder Woman hizo su primera aparición en el Batman de Affleck, aquí el mentor del joven aspirante a salvador del mundo es un siempre carismático Robert Downey Jr./Tony Stark/Iron Man que hace tiempo que es el jefe de esos Vengadores a los que el hombre araña se unirá, o no. Y al final, el joven Holland logra dar cierta profundidad y carisma a su personaje de "chico normal", definitivamente no cool y buena gente que siempre ha estado en el corazón mismo de Spider-Man.



@juansarda