Cine

'Vida en sombras' o cómo existir a través del cine

Filmoteca recupera el título de culto de Llobet Gracia

19 octubre, 2012 02:00

Fernando Fernán Gómez en Vida en sombras, de Llobet Gracia.


"El cine es lo que ocurre cuando no estás rodando", dijo un día el cineasta filipino Raya Martin, como si hubiera intuido, sin verla, sin conocerla siquiera, Vida en sombras, el único largometraje profesional del cineasta amateur Llorenç Llobet Gracia, rodado entre 1947 y 1948, y desaparecido, denigrado y olvidado hasta que en 1983, el crítico Ferrán Alberich recompuso la película a partir de unos deteriorados positivos en 16 mm.

Ahora, esta película inagotable, de una modernidad sorprendente, renace para la historia del cine español, con su aura de película maldita intacta, pero con una imagen renovada por la restauración digital llevada a cabo por la Filmoteca de Catalunya, en colaboración con Filmoteca Española y los Laboratorios Deluxe de Barcelona. Si Raya Martin viera la película, que se ha presentado en formato DCP (Digital Cinema Package, el nuevo estándar de proyección digital) en los festivales de San Sebastián y Sitges, antes de recalar el miércoles (24 de octubre) en los Cines Doré de Filmoteca Española, quizás pensaría y reformularía de nuevo su frase, a la luz (o a las sombras) de la reflexión que propone la película, un juego de capas superpuestas entre el cine y la vida que culmina con la constatación de que ambos, cine y vida, no solo son inseparables, sino en el fondo una misma cosa: representaciones, reflejos y claroscuros, actos de amor hacia lo desaparecido, relatos con vocación de dar sentido a lo que no lo tiene. Como la muerte. Como la guerra. Como la vida o como el amor. Como el propio cine y los misterios que nos rodean. Como las sombras que durante mucho tiempo han ocultado la película y la figura de su director, que sigue siendo, en la práctica, un auténtico desconocido.

Nacido en la Segunda República, y con una expansión creciente que llega hasta finales de los setenta, el cine amateur español sigue siendo uno de los fenómenos menos estudiados de nuestra historia cinematográfica, y que sin embargo esconde figuras tan interesantes como la de Llorenç Llobet Gracia, destacado ‘cineísta' (como estos cineastas gustaban llamarse) que en sus trabajos amateurs ensayó caminos formales al hilo de las vanguardias de la época.

Debut y testamento

Un trabajo de reflexión formal que pudo llevar al extremo en el que sería su único largometraje comercial, al mismo tiempo debut y testamento, y con grandes rasgos autobiográficos, que arrancó como una producción más o menos al uso y acabó únicamente gracias al empeño y los ahorros del propio Llobet Gracia, que terminó el rodaje arruinado económica y moralmente por la muerte de su hijo. El catálogo de la Mostra de Venecia, que incluyó la película en sus sesiones especiales en 2008 (hecho clave para la reivindicación definitiva y necesaria del filme) afirmaba, no sin razón, que la película es "una excepción en el panorama cinematográfico español. No sigue los preceptos oficiales del cine nacional de los cuarenta y es un producto de la pasión, no del interés comercial".

Y es cierto que Vida en sombras es, ante todo, la hija de una pasión, la cinematográfica, llevada a ese extremo donde la cinefilia roza con la enfermedad. Película sobre el cine, cine sobre cine, Vida en sombras, en su modernidad, no es un compendio de citas y homenajes (de Méliès a Hitchcock), sino una densa reflexión sobre los pliegues de la representación cinematográfica. En la era Youtube, donde todo son citas, reescrituras y copias sin original, la obra de Llobet Gracia es una película más que pertinente: el protagonista, interpretado por un joven Fernando Fernán Gómez, encuentra en las imágenes caseras rodadas con su amada, muerta por un tiroteo el día que estalla la Guerra Civil, el mausoleo de su amor, y al mismo tiempo, el impulso necesario para retomar su pasión cinéfila. Quizás porque cerca de la muerte es donde crecen las flores más bellas, Llobet Gracia convierte las imágenes, sombras fantasmales de lo que ya no es, en un impulso renovado para vivir... a través del cine. O como le dice Carlos, el protagonista, a su amada en un rodaje amateur: "Déjame, pero no salgas de cuadro".