Cine

El demonio sigue vivo

"Apocalypse now", de Coppola, veinte años

28 febrero, 1999 01:00

Hace ya veinte años que Francis Ford Coppola, director de "Apocalypse Now", consiguió plasmar en dos horas y media el nauseabundo horror de la guerra, y, sobre todo, la angustia del ser humano enfrentado a sí mismo -cuidado con esa loca bestia que todos llevamos dentro...- y su relación, siempre oscilante y ambigua, con el bien y el mal. Hoy, el espíritu de la película continúa asombrosamente palpitante, y justo cuando Terrence Malick acaba de ganar el Oso de Oro de Berlín con la extraordinaria "La delgada línea roja" (otra guerra, pero idéntico dolor), recordamos cómo y por qué nació el que es sin duda uno de los filmes más míticos de la historia del cine.

Doscientos treinta y ocho días largos y calurosos días de rodaje y un infarto de miocardio, el que sufrió Martin Sheen el 1 de marzo de 1977 y que mantuvo alejado al gran actor de la película más de un mes. El difícil rodaje de "Apocalypse Now", con un tifón incluido que arrasó completamente los decorados y unas enigmáticas sustracciones del material filmado que jamás fueron del todo probadas, fue una alucinada pesadilla para el equipo. Filmada en escenarios naturales, Coppola -que perdió peso y sufrió varias crisis nerviosas durante la rea- lización de la película- se empeñaba en no perder la compostura en medio de aquella tierra de nadie, a pesar de que las condiciones no podían ser peores.

La muerte del dios
Además, algo extraño le estaba ocurriendo a todo el mundo, algo que influía en el estado anímico de cuantos se encontraban implicados en el proyecto. Pero, ¿qué? La esposa del cineasta, Leonor, que también participó en el rodaje, llegó incluso a escribir que "los que han venido a Filipinas parecen estar experimentando alguna cosa que les afecta profundamente, cambiando su perspectiva del mundo o sobre ellos mismos... desde luego, a mí me está pasando algo y a Francis también". El matrimonio sufrió una profunda crisis que estuvo a punto de acabar en divorcio.
¿Qué diablos estaba filmando la cámara de Coppola, qué contaba "Apocalypse Now" para provocar aquella especie de permutación colectiva? Veamos: Vietnam, finales de los años 60. El capitán Benjamin L. Willard (Sheen) cruza el río Numg rumbo a Camboya para asesinar al coronel Walter E. Kurtz (Marlon Brando), un extraño visionario otrora brillante militar que lidera un pequeño ejército en lo más profundo de la selva. Paulatinamente, y a medida que Willard se acerca a su víctima, el capitán comienza a identificarse con la persona a quien tiene que asesinar. Quizá porque, piensa, la respuesta de este hombre a una guerra especialmente absurda y cruenta no es tan descabellada. Pero Willard sabe que ha de cumplir su misión, aunque le pese. Y nadie como él sabe cuánto. Sobre todo, después de conocer al desquiciado coronel Kilgore (espléndido Robert Duvall), quien organiza, en la que es una de las mejores secuencias del filme y de la historia del cine, el alucinante ataque aéreo a un poblado vietnamita al son de "La cabalgata de las walkirias" de Wagner. Willard vuelve a cuestionar su misión: "Si ésta es la manera de hacer la guerra de Kolgore, me preguntaba qué se le reprochaba a Kurtz". Y otra vez la duda desgarrada sobre la que se soporta esta magistral obra: pero, ¿quién dictamina finalmente qué está bien y qué está mal, y por qué?

Brando, el visionario
Antes de rodar "Apocalypse Now" (cuyo guión, escrito por Coppola y John Milius, está basado en la novela "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad), el cineasta había rodado las dos primeras y magistrales partes de "El padrino" (1972 y 1974, respectivamente), y sí, intuía ya los problemas con los que podía toparse: no en vano, casi todos "se referían a la película como una tarea imposible, porque es un filme que para sobrevivir necesitaba de un esfuerzo descomunal y de una entrega incondicional por parte del equipo", aseguró entonces Coppola. Y a fe que lo consiguió. La primera escena de la cinta muestra a un Martin Sheen borracho y medio enloquecido que hace añicos un espejo al saber que debe matar a un compatriota. El actor, que no solía beber alcohol, estaba completamente ebrio, y llegó incluso a fracturarse un dedo durante su interpretación. Ningún director de este mundo podrá jamás exigir mayor grado de verismo.
En cuanto a Marlon Brando, muy pocos actores (probablemente, ninguno) podría haber encarnado mejor a Kurtz, al loco, visionario, cansado, enfermo y desengañado coronel Kurtz. Brando, el actor más grande que ha dado el cine, no tuvo apenas problemas con Coppola, bajo cuyas órdenes había ya trabajado para "El padrino, I". Entre ambos consiguieron, transformando continuamente los diálogos, encontrar el tono adecuado para el final de la película. Un final que generó no pocas dudas al director y que, en el momento de su estreno, también levantó un revuelo considerable. De hecho, la película acaba de dos formas diferentes: en una, y tras asesinar a Kurtz, Willard le sustituye en su puesto, y en otra, la que circula por casi todos los rincones del mundo, incluido, claro es, Estados Unidos, se marcha tras matar a ese hombre que, en el fondo, admira. Quizá porque Coppola tenía miedo, quizá porque no olvidó que el ejército de su país rehusó cooperar en el filme. Qué equivocados estaban, empero, si creían que aquella era sólo una cinta sobre la intervención de Norteamérica en la durísima contienda...
"Apocalyse Now" se estrenó finalmente en agosto de 1979, y le valió a Coppola su segunda Palma de Oro en Cannes (donde el director presentó una copia con el final menos conocido). Además, fue nominada a los Oscars a la mejor fotografía, espléndida, y sonido, pero no consiguió ninguno. Paradojas del destino, la película ganadora fue otra sobre el Vietnam, "El cazador", de Michael Cimino, aunque estaba claro que la mejor película del año era la de Coppola, quien, sin embargo, se dio por satisfecho con la acogida general del público, y así lo expresó en unas declaraciones realizadas tras el estreno: "‘Apocalypse Now’ emocionó a algunos espectadores. Si te emociona es que el milagro se ha producido. Sé que no es perfecta, pero la perfección no es una necesidad". Una vez más, tenía razón.