Escena del espectáculo. / Foto: Pablo Lorente.

Escena del espectáculo. / Foto: Pablo Lorente.

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Joglars contra los beatos del poder

Se agradece un espectáculo teatral que hable de algo tan viejo y a la vez tan actual y trascendental como son las maniobras dirigidas a limitar la libertad de pensar y de actuar

12 febrero, 2022 03:56

Joglars está en Madrid, la compañía vuelve siempre a esta ciudad con la regularidad de las estaciones del tiempo, así que su presencia puede interpretarse como signo de normalidad tras los años de pandemia. Aquí tienen un público que les sigue desde hace sesenta años; la noche del pasado jueves llenó el patio de butacas de los Teatros del Canal para ver ¡Qué salga Aristófanes!. La nueva producción apela al autor griego porque sus comedias, dardos contra la mediocridad moral de su época, han sido inspiradoras para la compañía catalana desde sus orígenes. Ahora Joglars le invoca directamente para que clame contra la caterva de beatos del poder y su cruzada moralista.

Pocas compañías teatrales pueden presumir no sólo de veteranía, sino de llevar haciendo sátira desde hace sesenta años contra la autoridad política, religiosa o de otra naturaleza, y eligiendo casi siempre adversarios difíciles de batir. El objetivo ahora está claro, aunque el sujeto esté difuminado: la mediocridad moral en la que han caído las democracias actuales, y la servidumbre con la que sus ciudadanos la aceptan. Por ejemplo, en Europa se manifiesta en la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, redactada en un lenguaje chusco, ininteligible y burócrata, del que los joglares se mofan a modo en este espectáculo.

La obra se desarrolla en un centro de reeducación psicocultural donde unos cuantos viejos preparan una performance como terapia para su adaptación social a los nuevos tiempos. El director de la obra -Ramón Fontseré- es un profesor de lenguas clásicas expulsado de la universidad tras los escraches de la jauría internauta, motivados por sus anticuados métodos de enseñanza. Veremos que el profesor experimenta brotes de senilidad que le hacen creerse Aristófanes, viejo recurso metateatral ensayadísimo por Joglars (si no recuerdo mal comenzaron a emplearlo en Yo tengo un tío en América, en 1993, y no han dejado de repetirlo en espectáculos posteriores).

Ramón Fontserè (en primer plano) protagoniza '¡Que salga Aristófanes!'. Foto: Els Joglars

Ramón Fontserè (en primer plano) protagoniza '¡Que salga Aristófanes!'. Foto: Els Joglars

La fórmula es eficaz, -Peter Weiss se anticipó con ella en Marat-Sade-, ya que nos presenta a los guardianes del nuevo orden y la ortodoxia -la directora del centro (Pilar Saenz) y el burócrata que llega a supervisar la performance de los ancianos (Alberto Castrillo-Ferrer)- frente a las "locuras" que se les ocurren a los actores (Dolor Tuneu, Xevi Vilà, Angelo Crotti). En realidad, parecen más cuerdos los viejecitos, que solo aspiran a representar lo más fielmente posible cómo eran las fiestas de Dionisos, con su sacrificio del macho cabrío.

La situación facilita a los cómicos situaciones jocosas en torno al lenguaje inclusivo, el animalismo, la resiliencia, la sostenibilidad, chascarrillos sobre el heteropatriarcado machirulo, la cultura colonial… un amplio muestrario de pamplinas moralizantes de la religión de moda, con las que los cómicos consiguen arrancar la risa del público. Estas funcionan muy bien cuando las ofrecen de forma dramatizada; hay otros momentos, por ejemplo cuando Fontserè nos alecciona sobre el valor de los clásicos, que pecan justamente de discursivos y pedagógicos.

Se agradece un espectáculo teatral -el único que he visto hasta la fecha en los escenarios madrileños- que hable de algo tan viejo y a la vez tan actual y trascendental como son las maniobras dirigidas a limitar la libertad de pensar y de actuar. Joglars nos recuerda con humor una vieja frase de Tocqueville, el de que una democracia se vuelve despótica cuando "hace cada día menos útil y más raro el uso del libre albedrío".

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