Image: Tony Oursler, el vídeo mató a la magia

Image: Tony Oursler, el vídeo mató a la magia

Exposiciones

Tony Oursler, el vídeo mató a la magia

Imponderable. L7-L5

9 junio, 2017 02:00

Imponderable, 2015-2016

Caixaforum. Avenida de Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8. Barcelona. Comisaria: Nimfa Bisbe. Hasta el 3 de setiembre

En el marco de Loop, la feria/plataforma dedicada al videoarte, Caixaforum Barcelona presenta un diálogo entre dos obras de Tony Oursler (Nueva York, 1957), creador multimedia conocido especialmente por su combinación de vídeo, escultura y performance: por una parte, L7-L5, realizada en el lejano 1984 y recientemente incorporada en la Colección "la Caixa" y, por otra, Imponderable (2015-16), una de las últimas producciones del artista.

La primera consiste en una instalación que posee un carácter arqueológico y algo naif con elementos que aluden al fenómeno de los contactos con extraterrestres. En ella se combinan los testimonios de personas que han sufrido abducciones con motivos del cine de ciencia-ficción, confrontando aquellos relatos con la iconografía generada por los medios de masas. Un elemento destacable es una especie de quinetoscopio, aparato pre-cinematográfico inventado por Thomas Alva Edison, porque contiene en embrión una clave que Tony Oursler desarrollará en el siguiente vídeo: el cine como ilusión, magia, fantasmagoría.

El video Imponderable (2015-2016) se acompaña de un archivo exhibido en una sala anexa que contiene una serie de documentos sobre fenómenos paranormales: avistamientos de ovnis, fotografías de espíritus, sesiones de espiritismo... y también que aluden a la prestidigitación y la magia. Y es que Imponderable gira en torno al enfrentamiento entre dos mundos: el de los videntes y médiums, y el de los magos e ilusionistas. Los primeros, personas dotadas de poderes paranormales (o unos embaucadores, según los últimos); los segundos, unos maestros en el arte de la predistigitación. Houdini enfrentado a Arthur Conan Doyle y a Mina "Margery" Crandon.

En el siglo XIX el positivismo y el desarrollo de la técnica y la ciencia hizo relegar a las tinieblas de la superchería las antiguas creencias religiosas. Pero, al tiempo, el vacío que dejaba para algunos la religión se llenaba con un retorno al esoterismo y a la superstición. El siglo de la electricidad, del magnetismo y de la máquina de vapor era también el de las sesiones de espiritismo, las fotografías de fantasmas, los médiums y los videntes. Se convoca a difuntos, se mueven mesas, los espíritus hablan a través de los médiums o dejan rastros de su presencia en huellas y ectoplasmas. Por otro lado, magia y ciencia se entrecruzaban en doctrinas como el mesmerismo o el galvanismo o en instrumentos ópticos como la linterna mágica o el mismo cine. Hombres de ciencia, prestidigitadores, pero también charlatanes y espiritistas, cultivaban el prodigio haciendo uso de los mismos medios técnicos. Paralelamente, se observa una tendencia a la espectacularización de lo sobrenatural. Las funciones de fantasmagoría, las sesiones de magia y escapismo, las exhibiciones de panoramas y dioramas... hasta llegar al cine.

Ciertamente, hay una polémica entre los ilusionistas, que se tienen por artistas, y los místicos y videntes, a los que consideran unos charlatanes. Incluso dentro del ilusionismo hay un "género" que se orienta a desenmascarar a los espiritistas e invocadores de los muertos. Tanto Houdini como el abuelo de Oursler, que también se dedicó a la prestidigitación, fueron furibundos perseguidores de todo este tipo de estafas y engaños. Parecería que, con la llegada del siglo XX, este mundo mágico desaparecería. Y, sin embargo, llegaría un nuevo medio que vendría a revivificar la ilusión y la fantasmagoría: el cine. Fundamentalmente a través de Georges Méliès, de la féerie y el filme de trucos; el mismo Méliès, antes de convertirse en realizador, se había dedicado al mundo del ilusionismo, los espectáculos de fantasmagoría y de linterna mágica.

En el penúltimo capítulo de Imponderable uno de los falsos espiritistas desenmascarados por Houdini grita: ¡nos vengaremos! Y esta venganza llega en la última secuencia con las imágenes de Frankenstein -según la caracterización que hizo famosa Boris Karloff- entonando una melancólica melodía. Frankenstein, el ente reanimado a partir de la materia inerte, gracias a los avances de la ciencia y el galvanismo, es una metáfora del cine. Porque también el cine consigue reavivar a los muertos, así como crear la ilusión de la animación a partir de fotografías fijas.