Vista de la exposición en la Fundación Canal
La Fundación Canal propone en esta exposición jugar a ser artista
En 1993, Hans Ulrich Obrist empezó a darle vueltas a una idea: un proyecto de exposición integrado por instrucciones para realizar obras artísticas que se materializarían cuando surgiera la oportunidad. El interés del comisario se centraba no en la re-producción o la copia de una obra dada sino en la interpretación de esas instrucciones, en el paso de la palabra a la imagen o al objeto. En 1996, había conseguido suficientes -hoy son unas 170, creo- como para montar una primera exposición. A lo largo de 15 años Do It ha conocido cerca de 50 diferentes versiones en museos y centros de arte de todo el mundo, y se ha recogido en dos libros y una web (www.e-flux.com/). Esta exposición tiene que ver con el proyecto de Obrist e incluye algunos de los manuales recogidos por éste, pero no se ajusta, al contrario del Do It que en estos mismos días puede verse en el Rocky Mountain College of Art and Design (Denver), a sus principios.El origen es Duchamp
Klaus Littmann, comisario de la muestra madrileña, se ha inspirado en Do It pero ha añadido otros matices. En primer lugar, transforma el concepto: no se limita a la ejecución de unas instrucciones sino que incluye diversas formas de arte "prefabricado". Unas veces con instrucciones y otras sin ellas. Propone, además, una genealogía no muy rigurosa que sitúa en Duchamp y sus ready made el origen de estas prácticas artísticas y que hace hincapié -es suizo- en el Nouveau Réalisme de Jean Tinguely, Niki de Saint Phalle y Daniel Spoerri. Se pretende que el espectador se convierta en artista al accionar los diversos mecanismos o al realizar las obras en casa pero está claro que ésta es una pretensión falaz, aunque es cierto que algunas obras pretenden estimular en el "ejecutor" un espíritu creativo. Lo que sí favorecen es que nos identifiquemos con la poética del artista, que entendamos mejor qué es el arte, cómo se diferencia de otras actividades u otras formas de negociar con la realidad. Y que pasemos un rato buenísimo. Excepción hecha de la sección de ready made actuales encargados a no-artistas con visibilidad social de uno u otro tipo, que hace pegar un bajón a la exposición, casi todo lo demás es estupendo. Dominan las obras con algún componente lúdico o humorístico, fáciles de comprender, cercanas. Dan ganas de ejecutar todas estas "partituras", de jugar a ser artista.
Los procedimientos son muy variados, lo normal con unos 80 artistas participantes, pero destacan algunos esquemas, como el de la máquina para pintar, el kit para fabricación de esculturas o las "instalaciones" con objetos caseros. Las obras están bastante apelotonadas, como en una exposición de trabajos escolares, pero esto no molesta en exceso, pues no se invita a la contemplación sino a la admiración del ingenio, a la complicidad. La nómina de artistas tiene un nivel bastante elevado, incluyendo estrellas internacionales como Damien Hirst, Tacita Dean, John Baldessari, Allora y Calzadilla, Sol Lewitt, Erwin Wurm y muchos más. De unos cuantos, en el pasillo, no se exponen más que los textos, las instrucciones, pero la mayoría se han materializado anónimamente. Por mencionar algunos de los más brillantes: la edición de Gilbert & George que se pudo descargar gratis de la web de The Guardian durante 48 horas, la ruleta para decidir los precios de las obras de arte de Yong Ping Huang, los kits de Hirst, Quinn, Whiteread y Emin de la española Naroa Lizar, la habitación que encierra un mensaje ilegible de Ilya Kabakov, la composición con fotografías familiares del vecino que propone Christian Boltanski... Hagan lo que puedan.