Image: Rafael Canogar, ética y estética

Image: Rafael Canogar, ética y estética

Exposiciones

Rafael Canogar, ética y estética

Realidad y memoria, 1992/2003

27 marzo, 2003 01:00

Bisagra, 2000. Técnica mixta sobre papel y madera, 78 X 92

Círculo de Bellas Artes. Marqués de Casa Riera, 2. Madrid. Hasta el 27 de abril

Nadie de su generación ha cambiado el rumbo de sus investigaciones, su lenguaje y la orientación misma de su trayectoria tantas veces y con tanta radicalidad como Rafael Canogar (Toledo, 1935). Además, lo hace a cuerpo limpio (sin escudarse en los logros y éxitos previos), puntualmente (antes de agotar una vía) y con autenticidad (acreditando el cambio en la certeza y en lo positivo de las circunstancias). Su proceso resulta, así, convincente, inclusive aleccionador.

Después de haberse formado en un postcubismo de recia factura -la de Vázquez Díaz-, estilo que desarrolló entre 1948 y 1953; después de haber ocupado un sitio central entre los informalistas de nuestras segundas vanguardias, siendo uno de los fundadores del grupo El Paso en 1957; después de haber participado en el movimiento Crónica de la Realidad -junto con Genovés-, al que dotó de un hondo patetismo en la segunda mitad de los 60; y después de emplearse, a partir de 1975, en una abstracción de carácter geométrico y constructivo peculiar, combinando efectos sensuales y expresivos "de materia" con criterios de orden racional, incluyendo asimismo elementos de figuración esquemática (en especial, los perfiles de cabezas de la serie Máscaras); después de todo ello, en 1992 Canogar decidió acabar con el concepto arraigado de cuadro como ventana, decantándose por una pintura de profundo objetivismo, conectando el sentido del cuadro al objeto mismo que él "es", por encima siempre de lo que "representa". En esa orientación viene trabajando en este último decenio, y es a la revisión crítica de esa creación a la que se dedica esta muestra, organizada por el Círculo de Bellas Artes, que así corresponde a la dedicación de Canogar a esta institución en los 80, formando parte de la primera junta directiva después del franquismo, la que promovió la "resurrección" de la entidad.

Dos series integran la exposición: la de los "cuadros-objeto", piezas prácticamente escultóricas, realizadas en pasta de papel, en aluminio o en cristal; y la suite más reciente, basada en elementos fotográficos y de cristal, integrada por piezas que podríamos denominar "cuadros-pantalla", en las que la imagen "mediática" juega un papel de expresión privativa, pues fragmenta los iconos y remite a la pintura de Canogar en los 60, en la que el fragmento corporal tenía tanta importancia y provocaba efectos dramáticos de testimonio social.

En los cuadros-objeto lo pictórico se identifica con lo representado: estas pinturas son "lo que son", gruesas planchas de pasta de papel, de metal o de cristal, enérgicamente manipuladas, expresivas por su manera de estar trabajadas, desgarradas, deconstruidas y reconstruidas. Esa misma condición reconstructiva suya carga a las obras de un sentido evocativo, que completa su literalidad material. Son cuadros que, por su configuración, color y formatos irregulares, remiten a la memoria de los paredones de la casa del siglo XVII que Canogar tiene en Sevilla, a las arqueologías domésticas de Pompeya y a las tumbas selladas -ciegas- del antiguo Egipto. En cambio, los cuadros-pantalla funcionan sobre un doble raíl que provoca un cierto extrañamiento: de una parte, mantienen ese citado interés por lo arqueológico y fragmentario que marca tantas veces el sentido de la creación de Canogar, al tiempo que, por otro lado, los elementos de cristal superpuestos a las fotografías enfrían esa expresión patética originaria implícita en el estilo del maestro -en sus diferentes estilos-, transformando aquí el cuadro en esa especie de "paleta de imágenes" que vienen a ser las figuraciones proyectadas en las actuales pantallas de cine, vídeo, ordenador… En todo caso, ambas series están vivificadas por ese registro rotundo -básico en Canogar- que sabe fundir siempre ética y estética. Uno de sus triunfos, frente al arte inane.