Retrato de Isabel Matoses.

Retrato de Isabel Matoses. Colección particular

Arte

Isabel Matoses, una fotógrafa olvidada que brilla ahora en todo su esplendor en el Lázaro Galdiano

Se recupera el legado de esta artista que redescubrió la técnica de la solarización.

Retrató España en el momento de su modernización.

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Es curioso que una de las técnicas más empleadas por Isabel Matoses (Madrid, 1930-1985), la solarización –un procedimiento que consiste en exponer brevemente a la luz el negativo o la copia durante el revelado, provocando una inversión parcial de los tonos y característicos contornos luminosos metálicos–, esté ligada a Lee Miller y Man Ray.

Isabel Matoses, la imagen recuperada. Museo Lázaro Galdiano

Madrid. Comisaria: Begoña Torres
Hasta el 6 de septiembre

El fenómeno era conocido desde el siglo XIX, pero Miller lo redescubrió accidentalmente y lo incorporó de forma sistemática a su obra contribuyendo a su popularización.

Un día Miller revelaba en el laboratorio parisino de Ray cuando sintió que algo le caminaba sobre el pie. Asustada por el correteo precipitado de una rata encendió la luz, aunque la apagó inmediatamente. El artista, en un intento de salvar las fotos, las sumergió en fijador. Ray, fascinado por el resultado, se atribuyó el mérito exclusivo del hallazgo.

Quizá Matoses utilizara esta técnica para cubrir a España de una pátina de modernidad, para reinventar nuestras imágenes y darles a los retratos de políticos o escritores –como este de Cela que pueden ver en nuestras páginas– la ilusión de ser más modernos, más creativos, más interesantes.

Descubrir a Pitita Ridruejo solarizada es, sin duda, un fiel reflejo de la España del 74: esta lisérgica y alucinógena señora de la alta sociedad afirmaba ver a la Virgen María y haber sido testigo del ‘milagro del sol’ en Prado Nuevo.

Isabel Matoses: 'Cela', 1974.

Isabel Matoses: 'Cela', 1974. Colección particular

La España de Matoses era la España moderna, un concepto que nos conecta con la revista que editó José Lázaro Galdiano (La España Moderna, también con editorial homónima), una de las más importantes durante la Restauración y un instrumento decisivo para la modernización intelectual del país. Ahí conectan ambas figuras.

Reconocida por la crítica y por las instituciones durante su vida, Matoses desapareció, sin embargo, de los relatos posteriores sobre la fotografía española.

Su temprana muerte, a los 55 años, pudo contribuir a ese olvido. La comisaria Begoña Torres recupera ahora su figura en esta exposición del Museo Lázaro Galdiano, que reúne por primera vez en más de cuarenta años casi la totalidad de una obra hasta ahora dispersa, inédita o fuera de la circulación pública.

La muestra, compuesta por más de setenta imágenes, no se limita a las solarizaciones, aunque es su mayor producción.

Incluye efectos de bajorrelieve, sobreimpresiones, dobles y múltiples exposiciones, tramas, virados, desenfoques, barridos, separación de tonos, posterizaciones y manipulaciones de negativos y copias. El proceso se convierte en parte esencial de la creación difuminando las fronteras entre fotografía, dibujo y grabado.

Esa voluntad de incorporar la fotografía al circuito de las artes visuales se advierte también en la presentación material de las obras, impresas en distintos soportes y concebidas con una marcada intención artística.

“Defiendo un papel para este arte similar al que posee la pintura”, afirmó la fotógrafa en una entrevista publicada por Cinco Días en 1982.

La variedad de procedimientos da fe de un temperamento eminentemente experimental.

Isabel Matoses: 'El Ángel Caído 1', 1973

Isabel Matoses: 'El Ángel Caído 1', 1973 Colección particular

Aunque defendió de manera decidida el blanco y negro, también trabajó ocasionalmente con el color, como muestran algunas imágenes de lugares como Jerez de los Caballeros (1981) o la Iglesia Prerrománica de San Julián de los Prados (1982).

Los retratos ocupan una sección relevante del recorrido. Comparecen Antonio Gala, María Dolores Pradera, Juan de Borbón y Rafael Alberti, entre otros.

Matoses fue responsable de la imagen de la campaña electoral de Adolfo Suárez en 1977, lo que prueba su reconocimiento en vida, publicando sus retratos en diferentes revistas, como Sábado Gráfico, y en el Diario YA.

Su lenguaje mantiene afinidades con el Op Art, el Pop Art y ciertas estéticas psicodélicas.

Destaca su reinterpretación solarizada de El Aquelarre de Goya, realizada en 1972, una obra especialmente significativa dentro de la colección del museo.

El hallazgo de esta pieza fue, según la documentación de la muestra, una de las conexiones que impulsaron la producción de la muestra. También insiste en fotografiar el Ángel Caído del Retiro desde diferentes perspectivas.

Isabel Matoses: 'L´anima dannata', 1971

Isabel Matoses: 'L´anima dannata', 1971 Colección particular

Celebramos esta recuperación que reescribe el relato. Matoses fue una artista pionera, audaz y de gran imaginación, capaz de nutrirse de fuentes muy diversas, desde el afiche pop al Barroco.

Su obra no persigue tanto la consigna política como una alteración perceptiva del mundo: una búsqueda estética que convierte cada imagen en un territorio inestable, suspendido entre lo visible y lo latente.

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Isabel Matoses: 'El Akelarre', 1972

Isabel Matoses: 'El Akelarre', 1972 Colección particular

Reconocida en vida y olvidada por la historia, Isabel Matoses se licenció en Derecho y Periodismo y estudió fotografía en Roma, donde aprendió las diferentes técnicas. Expuso por primera vez en el Palazzo Lovatelli de la capital italiana en 1971. En 1973 vuelve a Madrid para fundar una escuela en la Plaza del Alamillo donde estudiaron figuras tan relevantes como Chema Madoz.