Mónica Mays: 'Pulgar', 2026. Foto: Matadero

Mónica Mays: 'Pulgar', 2026. Foto: Matadero

Arte

Mónica Mays invoca a los cadáveres del Matadero de Madrid con elegancia barroca

La exposición de la artista madrileña está realizada con elementos de los mercados de pulgas, desde bancos de una iglesia a muebles desvencijados.

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La Nave 0 de Matadero continúa con un nivel muy alto de calidad. En la tercera entrega de esta nueva etapa, la joven escultora Mónica Mays (Madrid, 1990) ha partido del fondo mismo de la cuestión: la actividad original del matadero, el tratamiento industrial de animales para su despiece, separando las “suertes” y su comercialización para el consumo humano.

Mónica Mays. Pulgar

Nave 0 matadero. Madrid. Comisaria: Cristina Anglada. Hasta el 24 de mayo

Aunque la peculiaridad de este espacio de entrada, desde donde camino a las curtidurías del sur se pasaba por un Rastro ensangrentado por las pieles desolladas, ha sido abordada a menudo atendiendo a sus funciones, como cámara refrigeradora y depuradora de fluidos, no recuerdo que nunca antes se tocara hueso, quizás por la crudeza del asunto. Ahora, casi podemos oler los restos de aquellos procesos: la sangre, el sudor de los hombres, el pánico de las reses y de los caballos.

También es original que la artista presente una docena de ensamblajes, sin sucumbir a la tendencia de adherirse a transformar el espacio de un modo homogéneo, solo unificado por la siniestra iluminación amarillenta de unas farolas de sodio ya retiradas del entorno urbano. Todo reciclado.

Pulgar, título de esta muestra, alude tanto a los mercados de pulgas o de segunda mano donde la artista se provee de materiales, como a su manipulación: todo pasa por envolver, amalgamar, atar nudos, forrar, vendar, ceñir y recubrir. Operaciones manuales precisas en las que utilizamos el pulgar junto al dedo índice.

Hay aquí toda una exaltación de la expresividad de lo desechado, de lo viejo, pobre y manchado. Quincallerías, patas de muebles, filtros industriales enzarzados y colgados, suspendidos. Formas tan orgánicas y torpes como algunas de Eva Hesse y tan punzantes y exactas como las de Rebecca Horn. Pero esto no queda aquí.

Mónica Mays: 'Pulgar', 2026. Foto: Matadero

Mónica Mays: 'Pulgar', 2026. Foto: Matadero

Sobre precarios pedestales construidos con palés, cartones y tableros se erigen santos inocentes remendados en posturas vulnerables. Y aquí y allá, nos salen al encuentro antiguos bancos de iglesia en posiciones imposibles estructurando otras piezas.

Al fondo de la nave, tres altares encapsulados en cubos de mallas metálicas transparentes –cajas de Faraday, aislantes de campos eléctricos y electrónicos–, terminan de afirmar rotundamente la atmósfera de silencio compasivo que impregna un recorrido tan visceral como trascendente.

Resulta más que interesante que en este trabajo de Mays confluyan la estética de la abyección con la revisión de la imaginería barroca castellana, tan expresiva con llagas, miembros tullidos y decapitaciones de una religión cristiana basada en el sacrificio.

Quienes vieron esta exposición viniendo de la feria ARCO –donde Mays presentaba su Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente, una elegante pieza elaborada en ratán y vitela titulada Conveyors–, sin duda, no pudieron asociar su autoría.

Vista de la exposición. Foto: Matadero

Vista de la exposición. Foto: Matadero

Lo mismo ocurre recordando muestras anteriores en la capital, desde Generaciones y su individual en Twin Gallery en 2022. Solo en Pedro Cera, al final del pasado año, anticipaba alguna de estas piezas, enmarcada en un discurso distinto. Para esto, y para más, da la polisemia del arte.