Pilar Albarracín: 'Guapa', 2015. Foto: IVAM

Pilar Albarracín: 'Guapa', 2015. Foto: IVAM

Arte

Lo hogareño toma el IVAM: cuando lo rural y lo tradicional se vuelven contemporáneos

El museo valenciano presenta la primera exposición comisariado por su directora, Blanca de la Torre, protagonizada por los relatos y materiales excluidos de la historia del Arte.

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A media lumbre presenta la que podemos considerar primera exposición comisariada por su directora, Blanca de la Torre, en el IVAM, donde emerge parte de los asuntos que vienen ocupando sus investigaciones. El interés por cuestiones al margen de los grandes relatos del arte, como son la aplicación de procedimientos artesanales y materiales naturales o reacondicionados, así como la observación del medio rural y su relación con la naturaleza, como también los procesos de trabajo colectivo, son las propuestas que acotan esta muestra. Para ello, se cuenta con el uso de la cerámica y el textil, en manos de veintisiete artistas con propuestas muy diversas, que propician otro acercamiento al trabajo artístico.

A media lumbre. IVAM

Valencia. Comisaria: Blanca de la Torre. Hasta el 14 de junio

Aunque hoy la cerámica y el textil son cada vez más habituales en museos y galerías, ya en los años sesenta y setenta –e incluso en las vanguardias– muchos las utilizaron para cuestionar la separación entre gran arte y artes menores, y, especialmente, las mujeres, para reivindicar su lugar en el ámbito artístico, sin sometimientos ni exclusiones.

Este renovado interés por lo artesanal puede responder al hartazgo de la imagen digital. Ante su omnipresencia, el arte busca una experiencia física y directa con los espectadores, más allá de las pantallas. Sin embargo, el auge del textil y la cerámica corre el riesgo de convertirse en un fenómeno de moda, por lo que sería necesario que las instituciones aborden este hecho para que podamos separar el grano de la paja.

El título A media lumbre ya ofrece pista de por dónde van los tiros, cuando el mismo vocablo ‘lumbre’, casi en desuso, hace referencia a contextos rurales y es evocador de poéticas del hogar y de un tiempo, otro, en suspenso. En torno a esta metáfora, hacen corro las obras expuestas, urdiendo voces y narrativas varias, arropadas por un esmerado montaje que busca crear un ambiente íntimo y humilde, de entornos cálidos y suaves, donde no hay lugar para estridencias.

En la entrada a la exposición, dos grandes obras en las que el tejer salta a la vista. Guapa (2015), de Pilar Albarracín, e Hilera de traiciones (2025), de Ana Laura Aláez abren boca de lo que está por venir y que culmina, más adentro, en la formidable instalación Cardinal Directions (2025), de Jessica Stockholder; obras que marcan, de forma sobresaliente, los acentos que van modulando la exposición, desde el exceso de lo mínimo y la contención de lo mucho.

Sonia Navarro: 'Espartaria V', 2024. Foto: IVAM

Sonia Navarro: 'Espartaria V', 2024. Foto: IVAM

En la pieza de Albarracín, la palabra “guapa”, bordada con flores sobre una tela blanca, a modo de pancarta, saca la expresión del mantón de manila para celebrar el ornamento de la mujer, frente al piropo vejatorio; toda una exuberante declaración de intenciones.

Junto a ella, Ana Laura Aláez recurre al modesto tejer del esparto para trenzar cuerdas que caen desde el techo y vuelven a él, para dar cuerpo a una especie de hamaca gigante, girada sobre sí misma, donde se retuerce la relajación de tensiones posibles en el espacio. Y luego, a través de la obra de Ana Esteve Llorens, tejida con materiales naturales, se llega al núcleo de la exposición donde se acompasan el textil y la cerámica con múltiples procedimientos artesanales.

A destacar la interesante obra Txapela Big Size (2022) de Laurita Siles en la que, de forma rotunda, abriga al relato pastoril y su arraigo en clave identitaria. La agrandada redondez de la boina, tejida a partir de lanas de ovejas en peligro de extinción, envuelve el extraviado concierto entre memoria, cultura y territorio; algo común en otras obras expuestas. A su lado, la pieza olfativa The Fall (2019), de Julie C. Fortier, consistente en un monumental collar, compuesto por piezas de cerámica y vidrio, pone en relación lo corpóreo y sensorial, con todo refinamiento.

En tanto, la pieza Memoria de forma (2022), de Antonio Fernández Alvira, a lo bruto, trastoca la función de ánforas, jarras y cuencos, sostenida en estructuras metálicas en las que el barro se deja caer como fragmentos cárnicos. A su lado, la cerámica cobra brillo en la pieza, de Sarah Viguer, mediante la que expone las posibilidades metamórficas de lo fragmentario en llamativas estructuras biomórficas.

Mónica Jover: 'Espacio hilado en verde', 2015. Foto: IVAM

Mónica Jover: 'Espacio hilado en verde', 2015. Foto: IVAM

La cerámica, asimismo, toma cuerpo en el muy interesante trabajo de Concha Ybarra, Verde (2017-2022), compuesto por nueve piezas de barro, engobe, esmaltes y cristal. Expuestas a modo de bodegón, estas piezas potencian lo táctil hasta dejarlo a flor de piel, cuando las funciones del objeto mutan a través del ornamento y se convierten en figuras asombrosas que despiertan el deseo de tocar.

Y del cocer pasamos de nuevo al coser y tejer en las piezas Alenade (2025), de Isabel Servera, en las que son manipuladas las costumbres, usos y funciones del material, el palmito, aquí ennoblecido. Así, hasta llegar, en la última sala, a la llamativa instalación Tejiendo historias de supervivencias (2023), de Josefina Guilisasti, donde, colgada del techo, una alfombra de mariposas diversas, tejidas con crin, vuela todas a una, para exhibir su ineludible naturaleza migratoria.

Y con todo ello, acabas queriendo ver más, cuando se anda de un lugar a otro, conducido por una sencillez de propósitos que sitúa las piezas al alcance de la mano, para ir más allá del simple y acelerado ver de las cosas. De este modo, lo manual y artesanal, lo modesto y sencillo, asoman lentamente, sin hacer ruido.

Pero, ojo, porque estas interesantes cuestiones, vinculadas a la exploración de lo rural y tradicional, podrían caer en cierta romantización; algo que no parece ser el propósito de esta muestra si nos atenemos a los interesantes textos del catálogo. La exposición tendrá su eco en una itinerancia con parada y posta en Casal Solleric y Es Baluard en Mallorca, en el CDAN de Huesca y en Museu Terra, en L’Espluga de Francolí (Tarragona).