Jordi Teixidor. Foto: Sara Fernández
Jordi Teixidor, pintor abstracto: "Vivimos un momento difícil también en lo estético: lo feo está de moda"
Con motivo de su exposición retrospectiva en la madrileña sala Alcalá 31 entrevistamos a uno de los decanos de la pintura abstracta española.
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Austera e introspectiva, la abstracción de Jordi Teixidor se declina en geometrías mates y planas, como discretas tentativas de lo sagrado. Ahora prepara una completa exposición para la Sala Alcalá 31, sesenta años de pintura en 70 obras que celebran el pensamiento pictórico de un esteta.
Lector apasionado y conversador inteligente, Jordi Teixidor (Valencia, 1941) piensa la pintura ontológicamente, desde su no ser. De ahí el título de esta exposición comisariada por Ángel Calvo Ulloa que se inaugura el próximo 18 de febrero: No-res. Una doble negación que abre un universo de infinitas posibilidades.
Con una extensísima trayectoria, el pintor ha pasado por múltiples etapas –desde el colectivo Support/Surfaces (Trama, en España), el grupo de Cuenca, hasta el cubismo sintético–, pero su reconocimiento llega de obras monocromas y de su riguroso uso del color negro. Le entrevistamos en su taller de la Plaza Elíptica de Madrid. Un paseo por las profundidades de su pensamiento pictórico.
Pregunta. ¿Qué podremos ver en la Sala Alcalá 31?
Respuesta. No es una exposición cronológica, aunque abarque casi 60 años de pintura e investigación, si lo puedo llamar así, ya que presento también 32 cuadernos de trabajo desde 1975. En ellos está toda la historia de mi pintura y, a través de ellos, se puede deducir qué tipo de pintor soy. También está aquello que no pinté, lo que no debía hacerse.
Jordi Teixidor. Foto: Sara Fernández
P. ¿De qué dependió?
R. Cuando veo que el boceto no contiene sensaciones, pensamientos o incluso las ideas que yo esperaba, no se realiza, y se sigue con el proceso pictórico. Un cuadro es la continuación del cuadro anterior. Hay una secuencia y una cadencia; una continuidad en la narrativa de la obra.
P. El título de la exposición es una doble negación: No-res.
R. Res es el término catalán de “nada”. En catalán tiene un sentido más profundo de lo que podría tener en castellano. Abarca aquello que existe a pesar de que el término lo niegue. La nada es algo que se produce en nuestra conciencia y es esa nada la que he procurado plasmar en mi pintura. No certifico una carencia, sino todo lo contrario. Es una asunción de una ausencia que produce la posibilidad de que algo exista.
P. ¿Por qué se dedica al arte?
R. No estoy seguro. Me pareció que era una manera de pensar y reflexionar.
P. Usted estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. ¿Qué recuerda de aquella época?
R. Pues, en aquel momento, año 59, la enseñanza del arte no era admirable. Recuerdo con cariño a los compañeros. Nuestro aprendizaje era una lucha contra su aprendizaje.
P. Entonces termina la carrera ¿y?
R. La salida era la docencia. Estuve dando clases, hasta que llegó el momento en que consideré que podía saltar a la piscina, lo que pasa es que… ¡no tenía agua! [risas]
Un detalle del estudio de Jordi Teixidor. Foto: Sara Fernández
P. Y en el año 66 es nombrado conservador del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.
R. Conocí a Gustavo Torner y a Fernando Zóbel en un viaje de Semana Santa, en que fui a Cuenca con José María Yturralde, que era compañero mío en la escuela, y conectamos con los artistas que fundarían el museo. Se nos ofreció participar como conservadores agregados. Cumplíamos miles de funciones, desde abrir el museo hasta explicarlo a quien lo necesitara.
P. Y, en plena dictadura, ¿cómo tenía acceso a la información sobre arte expresionista americano, por ejemplo, que ejerció tanta influencia en su trabajo?
R. A través de lecturas. Estábamos suscritos a revistas. Mis fuentes de aprendizaje siempre han venido por los libros.
P. ¿Cuáles son sus favoritos?
R. Depende. Últimamente no leo novelas; leo ensayo, filosofía y poesía. Encuentro que hay una enorme relación entre la creación de un poema y la creación de un cuadro.
Jordi Teixidor. Foto: Sara Fernández
P. Son lenguajes, al fin y al cabo.
R. Exacto: lenguajes con sus cosas en común. Toda creación se parece. Esto lo explica un poeta que admiro mucho, que es Wallace Stevens. Explica cómo la construcción de un poema nace de una idea que va evolucionando. Aparecen elementos inesperados y, al final, el resultado es algo con lo que no contabas, pero que responde a lo que pensabas que iba a ser.
P. Encuentra lo que busca.
R. Es la obra quien te conduce. Lo importante no es que el tema haga el cuadro, sino que es el cuadro el que valida el tema.
P. ¿Qué busca usted con su pintura?
R. Reflexionar y pensar a través de ella. Existe una enorme libertad de hacerlo o no; desde luego hay que apreciarla. Aceptas la pintura porque la entiendes, y no al revés.
“No soy un pintor geométrico: la utilizo, pero no me interesa para controlar el espacio. La geometría es una herramienta”
P. Pero también hay una parte afectiva e intuitiva que surge del acercamiento. No es necesario entender nada.
R. Las relaciones humanas también funcionan así. Desde luego, si uno no siente una atracción, no se acerca. El atractivo puede ser incluso negativo. Es algo complejo: la manera en que el rechazo supone también un modo de acercarse a la obra.
P. Un aspecto muy interesante de su pintura es cómo utiliza el color. ¿Qué criterio sigue?
R. He evolucionado mucho. Coincidiendo con la vuelta de Nueva York en el año 1981, sí que aludo, incluso, a la naturaleza, hasta que llegamos a los últimos años, en los que el color es una herramienta más, como la geometría. No soy un pintor geométrico: la utilizo, pero no me interesa como manera de controlar el espacio. La geometría es una herramienta con la que se articula el espacio. Yo, por ejemplo, no mido. Una vez abocetado, decido los tamaños, pero no es la medida la que formula el lenguaje de esa obra, sino el aspecto intuitivo de la forma.
Un detalle de los cuadernos. Foto: Sara Fernández
P. Forma y espacio son las claves de su trabajo.
R. La forma es la que genera el espacio.
P. Ha recibido el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2014. ¿Qué significan los premios para usted?
R. No sé, porque he tenido tan pocos… [risas]. Es una satisfacción y son bienvenidos.
P. ¿Qué es la abstracción?
R. Es el camino que escojo para hacer la pintura. A través de ella puedo expresar mi acercamiento a la creación, aunque no es una palabra que me guste usar: la creación es algo muy serio. En cualquier caso, estoy más por la no creación que por la creación. La parte negativa de la creatividad es tan productiva como la creativa. Soy partidario del lado negativo, de la negación, como una manera de reafirmar o hacer presente algo. Hay ejemplos en pintura: el más evidente son Las Meninas, un cuadro que significa la absoluta presencia del no cuadro.
“Creo que la pintura es la más pobre de las artes. Sin embargo, esa imposibilidad, hace que tenga una riqueza enorme”
P. ¿Cómo es eso?
R. Las Meninas es un cuadro que ni siquiera es bello; nunca nadie habla de su belleza. Se habla de la de Vermeer o de Giorgione. No se habla tampoco del color. Se habla de la historia, pero no sucede nada relevante, y en ese no pasar nada es donde se produce la pintura. Es muy consciente Velázquez a la hora de pintar el cuadro: ni siquiera pinta el espacio, de tal manera que el cuadro no es, y ese no ser hace que podamos verlo una y otra vez. Cada vez que lo vemos es como si fuera la primera vez y, sobre todo, que podemos pensarlo; y, pensándolo, ya es válido, sin la necesidad de ser visto.
P. Es muy interesante lo que dice: entender la pintura desde el no ser.
R. Es lo mismo que dice John Cage cuando dice: “No quiero decir nada, pero diciéndolo ya estoy diciendo algo”.
P. ¿Y después de Alcalá 31?
R. Después de 60 años la continuidad es relativa.
Jordi Teixidor en su estudio. Foto: Sara Fernández
P. ¿Se le agota la pintura?
R. A veces. Ahora me cuestiono la pintura como valor. Me interesa más la filosofía.
P. ¿Ha trabajado otros medios, como la escultura o la fotografía?
R. Es algo con lo que he fracasado. Siempre he querido hacer escultura. Lo más que me he atrevido es a hacer relieves. Sobre todo, mentalmente. Creo que la pintura es la más pobre de las artes. Sin embargo, esa imposibilidad de no poder abarcar más hace que tenga una riqueza enorme.
P. Hay un acercamiento metafísico a la pintura.
R. Más bien ontológico, hacia lo que no es; por eso se llama No-res. La existencia de lo que no es garantiza que sea.
P. Es arriesgado su acercamiento en estos tiempos.
R. Por eso yo nunca he hecho una pintura continuista. Tengo muchas etapas. En la exposición veremos lo que ha sido Teixidor. Empieza con un collage del año 1963 y el último es de este verano.
P. ¿Es un artista de taller?
R. Sí. El taller es el santuario de los artistas, como el que va a haber en Alcalá 31: una capilla con tres cuadros negros. Lo importante es que sea un lugar para encontrarnos con nosotros mismos ya que es un espacio de contemplación, de introversión frente a la pintura. Algo místico, como decía San Juan de la Cruz a sus cofrades al llegar a Córdoba y ver cómo se maravillaban de la ciudad: “No hemos venido a ver, sino a no ver”. Y en el no ver es donde se encuentra algo.
“Un cuadro es la continuación del cuadro anterior. Hay una secuencia y una cadencia; una continuidad en la narrativa de la obra”
P. ¿Cómo encontramos el carácter sagrado de su pintura?
R. A los cuadros negros les he puesto oro. Lo sagrado, pese a toda la evolución del descubrimiento, pese a Nietzsche y su muerte de Dios, sigue existiendo en el arte. No hay arte sin una relación con lo sagrado: ese es el hilo conductor de la creación. Hoy lo sagrado ha desaparecido y ser artista se entiende de otra manera.
P. ¿Es usted creyente?
R. No, sin embargo, me interesa mucho la teología.
P. ¿Por qué?
R. Contiene un aspecto inherente al ser humano: creer en algo que no vemos pero que está; o que no sabemos si está, pero que queremos ver. También desde su contrario: la blasfemia es otro modo de entender lo sagrado, del mismo modo que la pornografía es otra manera de entender el erotismo.
P. ¿Cómo ve el presente?
R. Estamos viviendo un momento difícil: no solo en lo político, sino también en lo estético. Desgraciadamente, lo feo está de moda. Hace tiempo que no hay un movimiento artístico que sea importante. Las pantallas nos han derrotado; han podido
con nosotros, como dijo Philip Roth. ¿Cómo compites con eso?
Detalle de la mesa de trabajo. Sara Fernández.
P. Las pantallas nos obligan a mirar de otra manera.
R. Lo malo es que nos reeducan con intereses capitalistas: en el dinero, el lujo, el éxito fácil, los fenómenos de masas o esta cosa tan horrible que se llama “inmersivo”, que de ahí a que sea arte…
P. El arte, ¿qué conditio sine qua non debe tener para serlo?
R. Nos hace entrar en algo que desconocemos y que incluso nos hace ser mejores.
P. ¿Puede cambiar el mundo?
R. Antes de Nietzsche parecía que sí; después de él y del descubrimiento de la nada, es la nada la que se impone.
P. Es un poco nihilista.
R. Sí.
P. ¿Y el arte del futuro cómo será?
R. Será.