Andrea Canepa. Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Andrea Canepa. Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Arte

Andrea Canepa, la artista que concilia y reinventa el mundo precolombino con el occidental

La artista peruana que reside en Berlín es la más buscada por las grandes instituciones españolas. Ahora en el IVAM despliega su magia entre lo ancestral y lo moderno.

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Entre lo profundo y lo distante reza el título de la exposición de la artista peruana, residente en Berlín, Andrea Canepa (Lima, 1980) en el IVAM. Una muestra que coincide, entre otras cosas, con la presentación de la gran lona que envuelve el Palacio de Cristal del Retiro madrileño, de la que la galería Rosa Santos presentará en ARCO los lienzos de los que parte este proyecto. Todo ello en una temporada en la que su trabajo, inevitablemente, dará mucho que ver.

Andrea Canepa. Entre lo profundo y lo distante.

IVAM. Valencia. Hasta el 12 de abril

Más allá del Retiro, la exposición en el IVAM es el proyecto más ambicioso llevado a cabo hasta ahora por Andrea Canepa, justo en Valencia, donde se formó como artista. Se trata de un site-specific ideado para una sala de dos plantas, cuya arquitectura presenta enormes dificultades expositivas.

Sin embargo, estos aprietos parecen, más bien, haber sido un revulsivo para la concepción de este trabajo; de tal manera que el resultado consigue adueñarse de la sala y ser catapulta de un proyecto que resulta sorprendente.

El textil, material que la artista viene usando desde prácticamente los inicios de su carrera, funciona aquí como elemento sustentante y, también, invisible argamasa que hace que todo case como aglutinador de experiencias en un lugar que acaba siendo otro. De ese modo, cabe entender el apego de Andrea Canepa al bricolaje, tan característico en su obra, y que resulta muy efectivo, dado su interés por concebir su trabajo en función del espacio y no como simples objetos.

Así es como el display se convierte para la artista en algo estratégico; un efecto que llama la atención por su carácter teatral, en el sentido que lo entiende Rosalind E. Krauss, y mediante el que difumina los límites entre las disciplinas y las barreras con el espectador, llamado a ser partícipe y experiencia, como parte de la obra.

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

En ese sentido, cabe señalar asimismo la importancia que tiene el material en el trabajo de Andrea Canepa. Como podemos observar en esta exposición, y es común en su producción, recurre a tejidos, madera, metal o cristal para pervertir la forma esperada, elevada a un plano poético y simbólico.

El ensayo The spell of the sensuous (traducido como La magia de los sentidos) de David Abram –una indagación en el modo en el que la cultura occidental moderna fractura la relación sensorial con el mundo natural a través del lenguaje escrito y el pensamiento abstracto– es la fuente de inspiración de Andrea Canepa para el desarrollo de este proyecto, conciliador de conflictos, de dos mundos: el occidental y el precolombino.

En la planta inferior, una serie de capas de telas colgantes multicolores y estructuras que surgen desde el suelo conforman un paisaje cavernario. En parte uterino, este escenario parece evocar lo profundo extraído desde el interior de la tierra. Esto nos hace estar atentos a cuanto nos rodea, llevándonos a establecer conexiones con el entorno, cuando avanzamos por un espacio mental y sensorial a la vez y que surge de muy adentro, pero que casi podemos tocar. Y así, Andrea Canepa nos introduce en un reducto en el que lo corporal avanza más allá de lo pensado. Lo experiencial, allí, cobra una magnitud inesperada, al precipitarnos en lugares no vistos, habitando otros mundos.

Todo cambia de escala en un espacio escenográfico que, de repente, puede ser, también un jardín infantil abierto al juego. A media luz, se adivinan plantas ocultas, cavernas, pasadizos y gotas de estalactitas, hasta que la ondulación de flecos de una serpiente voladora nos conduce a la planta superior enfrentándonos, en mitad de la escalera, con el tapiz El soplo de la pintón.

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Este salto en una tela de grandes dimensiones, entre Hilma af Klint y Sophie Taeuber-Arp, acaba en un espacio superior que podría ser celestial, ahora despejado, donde una línea esparce horizontes en todas direcciones. Aquí definitivamente la abstracción, en un sentido aún más reductivo, ya no desfigura el espacio, sino que lo aleja a partir del trazo de la línea. En esta instalación, el ablandamiento de la forma mínima humaniza a Robert Morris y Donald Judd, provocando un salto metafísico que parece futurista.

De la línea, a modo de zócalo, penden piezas extraordinarias que, como asombrosos quiebros, paralizan un tiempo sin medida posible. Este aligeramiento de la forma, y su delito como ornamento (Adolf Loos), proyecta otras perspectivas del mundo que nos saca de los dramas del presente, sin ocultarlos del todo. Porque en ese aligeramiento y pérdida de densidad de la forma geométrica abstracta hay siempre una llamada al sentir sereno, sin perder de vista el suceso, el de atrás y el que estaría por venir.

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Vista de la instalación. Foto: Juan García / IVAM

Con ello, Andrea Canepa parece invocar su cultura inca, llamando al Utaca para que nos señale el camino donde reconocer los huacas, los espacios de armonización, donde restablecer lo poético y lo espiritual, más allá de lo meramente material.

Una artista en temporada alta

Andrea Canepa delante de la instalación del Palacio de Cristal en el Retiro de Madrid. Foto: Museo Reina Sofía

Andrea Canepa delante de la instalación del Palacio de Cristal en el Retiro de Madrid. Foto: Museo Reina Sofía

El brillante momento profesional que atraviesa Andrea Canepa se refleja en la cantidad y la envergadura de proyectos profesionales que está presentando casi simultáneamente en instituciones de máximo nivel. No sorprende, ya que la calidad de su trabajo es extraordinaria y linda con lo antropológico, lo arquitectónico y lo performático, también con el espacio, el cuerpo y el deseo. Sus instalaciones de colores vibrantes y formas sinuosas se convierten en experiencias para ser habitadas, dispositivos que alteran la escala y producen un encantador extrañamiento.

Actualmente pueden ver su obra sobre la lona del Palacio de Cristal del Retiro de Madrid, al que ha envuelto como un Fardo funerario peruano respondiendo a la invitación del Museo Reina Sofía. Está también realizando una residencia en el nuevo Infinito Delicias de la Fundación Carasso en Madrid. Si pasan por Palma de Mallorca pueden visitar en Casal Solleric la exquisita instalación del patio titulada Capfico.

A partir de marzo en Tabakalera San Sebastián tendrá una site-specific dedicada a familias y niños y el 23 de mayo vuelve a Madrid, a la galería Bombon Crisis, para inaugurar una individual. Si les gusta leer, también liderará el Club de Lectura de La Casa Encendida el próximo 12 de febrero y acaba de incorporar recientemente su obra a la Colección INELCOM.