Delcy Morelos: 'Bruja  (Sorgin)', 2025. Foto: Delcy Morelos & Marian Goodman Gallery / Delcy Morelos, Bilbao, 2025

Delcy Morelos: 'Bruja (Sorgin)', 2025. Foto: Delcy Morelos & Marian Goodman Gallery / Delcy Morelos, Bilbao, 2025

Arte

La exposición que muestra el giro ético y ecologista en el arte desde los años 60 hasta hoy

El Guggenheim acoge 'Artes de la Tierra', una gran muestra que desglosa las prácticas que surgieron con el 'arte povera', el conceptual activista, el 'land art' y el 'body art'.

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Artes de la Tierra, la gran muestra comisariada por Manuel Cirauqui en el Museo Guggenheim Bilbao, es un descollante atlas multidisciplinar sobre el giro ético y ecologista en el arte que acontece desde el final de los años sesenta hasta nuestros días.

Artes de la tierra. Guggenheim.

Bilbao. Comisario: Manuel Cirauqui. Hasta el 3 de mayo

Recorrer esta muestra suscita asombros críticos y nuevas experiencias estéticas. El arte povera, el conceptual activista, el land art y el body art emergieron con implicaciones recíprocas y fueron pioneros en esa atención a la tierra y al ecosistema vulnerable.

Un modo de investigación artística mediante prácticas y cooperaciones dispares parte de la consciencia de que el desierto del Antropoceno y la crisis global no deja de crecer. Una heteróclita constelación de artistas da cuenta de esos litigios estéticos, éticos y políticos donde se renueva una cultura material y crítica desde las artes visuales, la arquitectura, la artesanía y el diseño.

Instalaciones y propuestas que utilizan tierras diferentes, madera, hojas, raíces y plantas, además de recursos fotográficos, audiovisuales y collages, se despliegan por las salas del museo, que ha tenido que acondicionarse para que pueda acontecer el devenir de entes vivos.

Así, por ejemplo, podrían mencionarse las encantadoras composiciones botánicas de Hans Haacke como Crecimiento dirigido (Directed Growth), 1970/72; o las “cajas de Ward” de la artista alemana Isa Melscheimer realizadas en 1973; y la instalación Root Sequence (copse) de Asad Raza, artista paquistaní-americano que reúne veintiséis árboles de múltiples especies locales que serán replantadas en el territorio vasco al término de la exposición. Relevante es también el proyecto en progreso de Mel Chin, Campo de regeneración (Revival Field), del año 1991.

Vista general de la exposición. Foto: Museo Guggenheim

Vista general de la exposición. Foto: Museo Guggenheim

Otras piezas destacadas son Sin título (Untitled, n.d.), unos sutiles collages intempestivos con hojas secas de Joseph Beuys. No podía faltar el gran Giuseppe Penone con dos piezas muy representativas: Uña y hojas de laurel (Unghia e foglie di alloro), 1989, y Albero di 5 metri, 1969-1970. Tampoco, los pioneros del land art Dennis Oppenheim, con sus montajes conceptuales realizados entre 1968 y 1970.

Gabriel Orozco está presente con Roiseau 6, 2012, una cautivadora instalación de ramas de bambú y plumas. Un enigmático dibujo de Vicente Ameztoy cifra esa tensión crítica y metamórfica entre lo humano y lo vegetal, una presencia modesta que podría haber enriquecido con otras obras de este artista. Giovanni Anselmo expone su célebre instalación Mientras la tierra se orienta (Mentre la terra si orienta), 1967/2007.

Esta muestra es un descollante atlas multidisciplinar del giro ético y ecologista en el arte del siglo xx

Por su parte, Delcy Morelos dispone un monumental alegato con su instalación de Bruja (Sorgin), 2025, construida con tierra y barro sobre estructura de madera. De Agustín Ibarrola, pionero en el contexto vasco en la intervención en el bosque y en la reutilización de palos de avellano pintados, restos vegetales, se presentan varios ensamblajes. Y de María Cueto unas sutiles urdimbres de cáñamo, esparto, ramas de haya y otros materiales que deviene tramas suspendidas, agrupadas bajo el título Memoria vegetal, construidas a mediados de los noventa.

Sobresale también la irónica y acuciosa investigación de Fina Miralle, Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, en relación a los entornos naturales y desplegada en instalaciones como Translaciones. Elements naturals en un spai no natural, 1974, o en la fotoacción L’ arbre. L’ arbrei altres elements naturals: fruits de pedra, 1975. David Bestué, con Agujeros (limo), 2025, se apropia materiales del río Nervión para sus innovadoras esculturas.

Frederick Ebenezer Okai: 'Mariposa  I (Butterfly I)', 2022. Foto: Frederick Ebenezer Okai, Bilbao 2025

Frederick Ebenezer Okai: 'Mariposa I (Butterfly I)', 2022. Foto: Frederick Ebenezer Okai, Bilbao 2025

Asier Mendizabal La chaine et la trame (Urritza), 2016, reutiliza materiales compostados, hormigón y PVC para sus piezas que siempre manifiestan una tensión entre lo material y lo simbólico, y entre el fragmento y la totalidad. Más artistas, hasta llegar casi a los cincuenta, integran esta abrumadora muestra.

La completan: Ana Mendieta, Claudia Alarcón, Heidi Bucher, Gabriel Chaile, Patricia Dauder, Mar de Dios, Jean Dubuffet, Inland/Campo Adentro, Richard Long, Ana Lupas, Isa Melsheimer, Asunción Molinos Gordo, Frederick Ebenezer Okai, Gabriel Orozco, Claire Pentecost, Perejaume, Solange Pessoa, Benedetta Pompili, Asad Raza, Óscar Santillán, Jorge Satorre, Daniel Steegman Mangrané, Tomás Saraceno, José María Sicilia, Michelle Stuart, Paulo Tavares, Unión Textiles Semillas, José Luis Uribe, Sumayya Vally, Meg Webster y Héctor Zamora.

Giuseppe Penone: 'UNGHIE E FOGLIE', 1989. Foto: Museo Guggenheim, Bilbao

Giuseppe Penone: 'UNGHIE E FOGLIE', 1989. Foto: Museo Guggenheim, Bilbao

Esta sorprendente muestra interpela también a las prácticas museales y a sus propósitos; de modo que, participar en ese nuevo curso de los acontecimientos críticos, exige una atención creciente a cómo se relacionan las prácticas artísticas contemporáneas con la emergencia ecológica.

Y, asimismo, una presencia mayor de obras y propuestas que desbordan las ideas de autosuficiencia y estabilidad para promover otras que se definen por procesos y materiales sujetos a transformaciones.

Lleva años el museo Guggenheim de Bilbao acercándose a ese giro museístico más fraterno desde las “artes de la tierra”, además de la tentativa fallida de abrir una nueva sede expandida en la reserva de la biosfera de Urdaibai, que se orientaba a ese horizonte. Ese proyecto finalmente no podrá ser, pero sí cabe perseverar en este modelo de exposiciones que cartografían las tomas de posición de las artes cruzadas con la investigación ecológica, cultural y antropológica.