Vista de la exposición 'Alegorías de un porvenir', en el Banco de España. Foto: Banco de España

Vista de la exposición 'Alegorías de un porvenir', en el Banco de España. Foto: Banco de España

Arte

El 'art déco' en el vórtice de la modernización: una historia del arte y del poder contada desde el Banco de España

La institución presenta una sorprendente exposición que parte de la ampliación entre 1927 y 1934 de su sede en Cibeles para contarnos nuestra historia industrial.

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“El modernismo es nuestro clasicismo, nuestra Antigüedad clásica”, escribió una vez Fredric Jameson glosando al cineasta e intelectual alemán Alexander Kluge. Esta cita es útil para referirnos a una exposición donde diferentes niveles de significado se superponen.

Alegorías de un porvenir

Banco de España. Madrid. Comisarios: Álvaro Perdices y Yolanda Romero. Hasta el 28 de marzo

He aquí una caja o máquina de tiempo: desde el presente podemos percibir los anhelos y las proyecciones de un pasado no tan lejano, pues no llega al siglo, pero que ahora, después de décadas de modernización y progreso capitalistas, se antoja remoto, antiguo. Literalmente parece otro mundo y, sin embargo, es el nuestro.

A través de exposiciones históricas como esta, aunque planteadas desde un punto de vista contemporáneo, podemos llegar a comprender nuestro presente un poco más.

Alegorías de un porvenir parte de la ampliación entre 1927 y 1934 de la sede del Banco de España en Cibeles. Esta ambiciosa renovación a cargo del arquitecto navarro José Yárnoz Larrosa (1884-1966) estuvo marcada por la adopción del estilo art déco, convertido en la época en un idóneo lenguaje estético “institucional”. Este conjugaba bellas artes, ingeniería, arquitectura y decoración en lo que entonces, de manera incipiente, comenzaba a llamarse “integración de las artes”.

Desde el volumen monumental del edificio, lleno de transparencia y diafanidad, a la carpintería metálica, el diseño lo engloba todo. A la vez que perpetuaba el statu quo, el idioma visual ordenado y sin estridencias rupturistas del art déco ofrecía confianza y estabilidad, modernidad y progreso. (Ya se sabe que el horizonte de toda transacción financiera es siempre el futuro).

Alfonso de Olivares:  'París', 1927. Colección Banco de España

Alfonso de Olivares: 'París', 1927. Colección Banco de España

Se entrelazan así, como en un poliedro, arte, historia, economía y poder al servicio de una sociedad anónima y privada pero, al mismo tiempo, una de las instituciones más importantes para el Estado antes y después de la Segunda República.

El secreto detrás de una alegoría es siempre alguna clase de ideología o enunciado complejo resumido en una imagen. De este modo, podemos observar dos hermosas vidrieras restauradas que se exhiben enfrentadas por primera vez representando, alegóricamente, la “industria” y la “agricultura”. Estos vitrales atribuidos a Alberto Martorell fueron fabricados por la prestigiosa empresa de origen francés Maumejean Hermanos, con sedes en San Sebastián, Barcelona y Madrid.

La heroica figura masculina de la vidriera industrial es la viva imagen de la modernización y la productividad incesantes; un hombre de porte atlético en una composición centrípeta, marcadamente vorticista, articulada por líneas concéntricas que refuerzan el dinamismo al son de las vanguardistas futuristas, revolucionarias y reaccionarias al mismo tiempo.

Estas cristaleras marcan el tono junto a un buen número de grandes cartones originales e inéditos que idealizan el trabajo manual y retoman tipos humanos del costumbrismo regional. Se trata por lo tanto de una modernidad controlada, sin grandes riesgos aunque de gran belleza.

Archivo Fotográfico Alonso: Construcción de la Cámara del Oro del Banco de España. Ministerio de Cultura y Deporte. Archivo General de la Administración

Archivo Fotográfico Alonso: Construcción de la Cámara del Oro del Banco de España. Ministerio de Cultura y Deporte. Archivo General de la Administración

La pequeña sala de entrada concentra de un modo algo abigarrado el músculo conceptual de la exposición: se abre con Paisaje (Camí Antic de Vilanova) (1890) de Ramón Casas i Carbó, el paisaje pelado de un camino de tierra, una vía férrea y un tendido eléctrico; su modernidad –tanto en su forma como en su contenido– es tal que cuesta creer que fuera pintado en esa fecha.

Ahí se presentan algunas de las “joyas”de la colección del Banco de España que representan el shock moderno, aquel estallido brusco (y dialéctico) entre tradición y modernidad, entre clases plebeyas y burguesas e industriales: Sorolla, Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Gutiérrez Solana, junto a otras sugestivas piezas provenientes de importantes instituciones y museos.

Talón-billete de Banco de España de 1000 pesetas. Emisión de Bilbao de 1 enero de 1937. Foto: Banco de España

Talón-billete de Banco de España de 1000 pesetas. Emisión de Bilbao de 1 enero de 1937. Foto: Banco de España

Como necesario contrapunto, la exposición ofrece un apartado al subterráneo blindado de la Cámara del Oro excavado a 35 metros de profundidad. Fue desde aquí de donde partió el famoso “Oro de Moscú”, es decir, la venta en la Unión Soviética –y también en París– de casi setecientas toneladas de oro para que este no fuera capturado por el bando sublevado y poder así financiar la compra de armamento durante la Guerra Civil.

La dureza de las condiciones de trabajo en su construcción se exhibe en fotografías y documentos de época, como la noticia de la huelga de hambre llevada a cabo por los trabajadores el 21 de julio de 1934. De repente, el idealismo y el oropel del déco se esfuman y transmutan en testimonio de la experiencia de la clase trabajadora. Este episodio añade una porción de realismo al sublimado estetismo del entorno.

Joaquín Torres-García: 'La Catalunya industrial', 1917. Colección Generalitat de Catalunya

Joaquín Torres-García: 'La Catalunya industrial', 1917. Colección Generalitat de Catalunya

La exposición concluye con una concisa aunque imprescindible contextualización del déco a partir de la Exposición Internacional de 1925, que sirvió para su institucionalización como epítome de modernidad ejemplificado en la elegancia y funcionalidad de la arquitectura de Mallet-Stevens, que Yárnoz Larrosa conoció de primera mano.

Una pintura parisina, entre simbolista y dandi, de Alfonso de Olivares –una de las figuras de nuestra modernidad más misteriosas y desconocidas– nos dice hasta luego mientras nos recuerda de nuevo las relaciones y las tensiones entre modernidad y clasicismo. Todo esto hace de esta exposición un laboratorio de la historia que merece ser visitado.