Imagen | Bene Bergado y Rosalía Banet, el peligroso arte de comer

Imagen | Bene Bergado y Rosalía Banet, el peligroso arte de comer

Arte

Bene Bergado y Rosalía Banet, el peligroso arte de comer

Las artistas reflexionan sobre nuestra manera de estar en el mundo y el efecto de la alimentación en nuestro cuerpo y en el planeta

21 mayo, 2021 16:35

Huevos sobredimensionados apoyados en una gran malla gigante, una larga cadena de intestinos que dibujan los mapas de China, Estados Unidos o América, un vídeo de un comensal engullendo cantidades industriales de fast food son algunos ejemplos de las obras con las que Bene Bergado (Salamanca, 1965) y Rosalía Banet (Madrid, 1972), reflexionan sobre nuestra manera de estar en el mundo y el efecto que la alimentación tiene tanto en nuestro cuerpo como en el planeta. 

Bergado lo hace apoyándose en esculturas e instalaciones de estética fría que juegan con los sutiles límites entre la realidad y la representación, la nutrición y el veneno, la economía y la política; Banet tomando siempre el dibujo como punto de partida, trazando figuras de apariencia naíf. A Bene Bergado la recordarán por su exposición del MUSAC de León, Persona (2016), en la que ensayó algunas de las instalaciones que veremos a partir del 27 de mayo en la Sala Alcalá 31 de Madrid. A Banet, quizá por el banquete quemado que mostró en Matadero, un triclinio funerario del siglo XXI, fruto de su paso por la Academia de España en Roma.

“Comer hoy en día es un acto político, un asunto complejo en el que convergen cuestiones sociales y medioambientales”. Rosalía Banet

Coinciden en el tiempo, además, dos muestras en las que ambas artistas ponen en el punto de mira en el efecto que nuestra alimentación tiene sobre el planeta. Consumimos alimentos que se producen a miles de kilómetros, que recorren absurdos trayectos y se cultivan con químicos más que cuestionables antes de llegar a nuestras mesas. Los títulos de sus propuestas ya nos dan varias pistas: Irreversible, de Bene Bergado junto a la comisaria Susana Blas, y Slow World, de Rosalía Banet, acompañada por Nekane Aramburu, en la Fundación Giménez Lorente, un espacio de la Universidad Politécnica de Valencia vinculada a la cartografía histórica. 

Pregunta. ¿Qué lugar ocupa esta preocupación por la industria alimentaria en sus obras?

Rosalía Banet. La alimentación, el cuerpo y el territorio son sus ejes centrales. Comer hoy en día es un acto político, un asunto complejo en el que convergen cuestiones culturales, sociales, económicas y medioambientales. La nutrición es fundamental para la vida pero el sistema actual nos confunde, enferma y destruye el hábitat que nos sustenta. 

Rosalía Banet: 'Muk bang infinito', 2021

Bene Bergado. Para mí cada proceso de trabajo es un comienzo e Irreversible hace referencia a la gran amenaza medioambiental de este siglo. Me impactó mucho leer hace años La revolución de una brizna de paja de Masanobu Fukuoka en la que avisaba, recorriendo las carreteras de Mallorca hace más de 20 años, de que había que ponerse a trabajar rápidamente para parar el proceso de desertización y empobrecimiento vegetal. Donde nosotros veíamos un paisaje aceptable él observaba el principio del fin. 

P. Abordan estas inquietudes desde distintos medios. ¿Con cuál se sienten más libres? 

R. B. El dibujo es siempre la base de mis proyectos, el inicio. A partir de ahí me gusta experimentar, no ceñirme a una sola técnica, plantearme las obras de manera multidisciplinar dependiendo de su contenido y de sus particularidades.

B. B. En mi caso, mi trabajo ha estado siempre marcado por mi relación con los objetos. Todos ellos tienen un momento de ideación, de fabricación, están cargados de un pasado y de un presente. Su forma y su materia son información y mensaje sobre un estilo de vida. Y la escultura juega con esa fuerza de los objetos. El poder animado, mágico, que siempre les he atribuido choca con la desatención de nuestra sociedad que los condena a una eternidad contaminante y acumulativa. Lo que el artista ofrece es una manera de mirar. Yo soy de procesos largos y cuidados de elaboración de obras.

P. ¿Y cómo ha mirado hacia una sala tan compleja como la de Alcalá 31?

“He planteado la instalación como un gran sistema digestivo devorador, entendiendo la Sala Alcalá 31 como un organismo”. Bene Bergado

B. B. Desde el principio entendí el espacio, con su planta basilical y su pasado bancario, como un organismo. Planteé la instalación principal, Trampa del bienestar, como un gran sistema digestivo devorador y el panel central de la parte superior con un vídeo, Prospecto, en el que va pasando un listado de los aditivos alimenticios aprobados por la Unión Europea, a modo de créditos cinematográficos o lista de empresas del Ibex 35. Son dos obras crudas, sin aderezos, porque he intentado que el edificio se muestre desnudo.

¿Manjar o basura? 

Banet señala también los excesos de la alimentación actual en una obra audiovisual de nueva producción, un "paisaje comestible", entre alimento sabroso y basura desagradable "para llamar la atención sobre la calidad de la comida, el placer de la ingesta y la cantidad de desperdicios que generamos". Le acompañan otras piezas como Mapamundi desollado (2014), una cartografía sobre papel que representa la finitud del planeta y de sus recursos. 

Vista de la exposición 'Irreversible' de Bene Bergado en la Sala Alcalá 31. Foto: Guillermo Gumiel

P. ¿Qué persiguen despertar en el espectador con todas estas reflexiones?

R. B. Slow World es un análisis y una crítica al sistema actual con una finalidad pedagógica positiva: hablar de cuestiones más importantes relacionadas con una alimentación sostenible como son el compost, los bancos de semillas, lo tradicional y la innovación, los diversos modelos de cultivos que favorecen la biodiversidad... El arte es aún un lugar propicio para abordar temas fundamentales en una sociedad cada vez más deshumanizada y pragmática. 

P. ¿Y qué preguntas formulan a través de sus trabajos?

B. B. Plantear el arte en términos de preguntas y respuestas parece algo más propio de la interpretación que de la acción. Wagensberg escribió que Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? y Ángel González decía que "se habla de arte para no hablar de lo que el arte habla". El arte tiene un lugar en lo simbólico de la actividad humana que apela a la subjetividad del espectador. El paisaje se convirtió en un género cuando surgió la idea de un espectador que lo contemplaba. Con el tiempo hemos ido perdiendo la cultura de la tierra y vemos el mundo como un paisaje al que ir de vacaciones.

R. B. Yo creo que es fundamental crear nuevos relatos sociales para abordar el cambio hacia un modelo sostenible, pues los actuales están centrados en un consumo excesivo. ¿Cómo hacer el cambio sin provocar una feroz crisis social? ¿Cómo construir ciudades más respetuosas? ¿Cómo evitar la pérdida y el desperdicio del 40 % del alimento que producimos?

@LuisaEspino4