Arte

Rafael Moneo pasea por el nuevo Prado

“He respetado, hasta donde ha sido posible, el carácter de lo que fue el antiguo Museo”

26 abril, 2007 02:00

Rafael Moneo. Foto: Sergio Enríquez

A partir del próximo sábado y hasta el 1 de julio se podrá visitar, sólo durante los fines de semana, la nueva y esperadísima ampliación del Museo del Prado realizada por Rafael Moneo. Tras muchos años de enconadas polémicas de toda índole, el arquitecto navarro ha logrado armar un sugerente conjunto arquitectónico que revitaliza el lugar e impulsa el enorme potencial del museo. El Cultural invita hoy a sus lectores a un doble y excepcional paseo por el nuevo Prado de la mano de sus responsables. Por un lado, el arquitecto y crítico de El Cultural Antón García-Abril ha acompañado a Moneo a un dilatado recorrido por los nuevos espacios y recogido sus explicaciones, después de tanta zozobra. Por otro, el director del museo, Miguel Zugaza, ha desvelado a nuestra crítica Elena Vozmediano las dos cuestiones que más le preocupan: la puesta en valor de la colección permanente y el servicio al visitante. Dos paseos privados y muchas respuestas a tantos años de espera e incertidumbres.

El nuevo museo del Prado está a punto de abrir sus puertas definitivamente al público, completando así la ampliación más significativa de los casi 200 años de existencia del edificio. He tenido la oportunidad de pasear con Rafael Moneo por la ampliación, recorriendo y atendiendo sus comentarios sobre el edificio y todo lo que ha rodeado el proceso de construcción. Tras el dilatado proceso de concurso, las complicadas fases de ejecución, y la constante presión mediática, sorprende descubrir el entusiasmo y serenidad con el que Moneo muestra su proyecto.

La visita arranca en un punto clave. Lo que siempre ha sido la espalda del Museo del Prado es ahora el lugar de acceso y relación entre el edificio de Villanueva y la nueva construcción. Explica Moneo que "el hecho de que la ampliación del Museo se haya producido en el ámbito de los Jerónimos ha permitido actuar en el flanco más débil de su arquitectura: la fachada posterior, resultado de lo que han sido las sucesivas ampliaciones y reformas del edificio". Desde ahí, Moneo enseña cómo estos dos edificios exentos se conectan mediante un vestíbulo oculto que ambos comparten bajo una plataforma ajardinada. Ya desde el exterior se aprecia el respeto con el que Moneo interviene en el contexto histórico. Se distancia de la fachada trasera, liberando un espacio urbano que entrega al barrio de los Jerónimos.

Comienza el recorrido
Comenzamos el paseo por el acceso a este nuevo espacio, el vestíbulo que alberga los servicios compartidos de recepción del visitante: tienda, cafetería, consigna y auditorio. Describe Moneo que la geometría del nuevo vestíbulo es el resultado del encuentro entre las alineaciones del Paseo del Prado y la del Parque del Retiro. Conserva incluso la inclinación de la calle que se acomoda a la pendiente natural de la cara trasera del edificio de Villanueva. Este espacio tan importante, que será el acceso más público del edificio, tuvo que modificarse del proyecto original, pasando de ser una ligera estructura acristalada a la actual cubierta ajardinada.

La solución ha resultado muy satisfactoria para el arquitecto y seguramente para todos los ciudadanos que disfruten el paseo por el nuevo jardín que propone Moneo: un manto verde de hileras de boj enanos que invita a tomar unos caminos dibujados entre ellos cuyo fin es asomarse al ábside de la galería principal y contemplar cómo Villanueva los proyectó. Esta obsesión reincide en varias de las más importantes decisiones en cuanto al diseño del conjunto.

La intervención garantiza por lo tanto la conexión entre el nuevo volumen construido en los Jerónimos y el proyectado por Villanueva. "Las nuevas construcciones quedan trabadas y enlazadas con la ayuda de la plataforma ajardinada que cubre el área de enlace entre ellas, produciendo un indivisible y continuo episodio arquitectónico". Moneo siempre ha considerado su proyecto como un nuevo eslabón en la historia del Prado. Ha sido muy riguroso al entender la inercia de las ampliaciones que fue recibiendo el edificio de Villanueva, sobre todo las producidas en el siglo XX.

El comienzo de la visita y las explicaciones de Moneo tejen un exhaustivo análisis histórico, y relata las diversas ampliaciones del museo. Las expone atendiendo a las razones compositivas y encontrando entre ellas las más oportunas y tratando de corregir con su proyecto las menos afortunadas. Porque el Museo del Prado ha recibido siete grandes intervenciones desde que en 1847 Narciso Pascual y Colomer cubre la sala basilical. A finales del XIX Francisco Jarreño incorpora la escalinata en el testero norte, y a principios del XX, Fernando Arbós desarrolla lo que puede considerarse la primera ampliación del museo, completando la fachada posterior con dos volúmenes para ampliar el espacio expositivo.

Entre 1943 y1946 Muguruza sustituye la escalera de Jareño por la actual y poco mas tarde, en 1954 , Fernando Chueca Goitia duplica las crujías de Arbós a cada lado de la sala de Velázquez. En 1968, José María Muguruza cubre los patios liberados en la ampliación de Arbós para ganar más superficie y es en 1983 cuando José María García de Paredes realiza el penúltimo proyecto de ampliación del Museo, con la inclusión del salón de actos, espacio que ahora ocupa el gran distribuidor entre el edificio Villanueva y la ampliación: "Un punto clave del edificio que es el ábside, lo que Villanueva llamaba la Basílica, era el espacio que originalmente las dos academias, de físicos y químicos por un lado y de botánicos por otro, compartían para el desarrollo de sus actividades comunes. Ese cuerpo del edificio que quedó inacabado en manos de Villanueva dio pie a todo lo que ha sido la evolución del Prado e incluso ha estado presente de un modo yo creo que definitivo en lo que ha sido esta ampliación".

Espacios y usos del nuevo Prado
Con esta estrategia, Moneo permite que el edificio original respire y muestre una nueva frontalidad que las distintas ampliaciones fueron apagando con la inclusión de edificaciones en la espalda. Este espacio articula el paso hacia el vestíbulo nuevo, que prolonga las dependencias hasta el ámbito de los Jerónimos. "El edificio trata de rescatar o recuperar su historia, el guión que da pie a su vida. En realidad, lo que yo he interpretado de eso se traduce claramente en la ampliación que hemos hecho".

Concluimos la explicación histórica delante del ábside, y desde el vestíbulo continuamos el paseo. Lo que veremos a continuación son los espacios que se encuentran bajo la plaza antesala del edificio de los Jerónimos. En este área se encuentran el auditorio y las salas de exposiciones temporales. Son dos salas gemelas de planta cuadrada, espacios de gran armonía, serenos y equilibrados en sus proporciones. Se iluminan cenitalmente a partir de una linterna que desciende desde el claustro y que permite una controlada iluminación natural. Moneo explica satisfecho cómo se han logrado insertar espacios expositivos de gran escala debajo de la plataforma urbana, lo que permitirá que las exposiciones temporales no supongan que el visitante del Museo del Prado deje de disfrutar de la colección permanente.

Así como en el exterior los materiales se mimetizan respetuosamente con el entorno, en este interior la paleta se amplía, utilizando siempre materiales de gran nobleza. Piedra, madera, vidrio y bronce e incluso un estuco rojo pompeyano. Antes de ascender al nivel de calle por el edificio exento, Moneo propone visitar los sótanos, nuevos espacios para el depósito de las obras de arte situados bajo las salas de exposiciones que acabamos de visitar. Son estos espacios, que el gran público no podrá conocer, donde se vislumbra la dimensión técnica de la ampliación, los espacios de servicios e instalaciones para el óptimo funcionamiento del conjunto.

La aportación de Cristina Iglesias
De ahí pasamos al último bloque funcional localizado en el edificio exento de nueva planta. En él se hallan los nuevos equipamientos que responden a las necesidades crecientes del museo y que suponen una ampliación de la oferta cultural del mismo cada vez más ligado a la participación del ciudadano. Se accede a este nuevo edificio por una gran puerta desde la plaza.

"La puerta al edificio de los Jerónimos va a ser una puerta importante que curiosamente va a establecer una cierta relación con todo el plano verde de los parterres que enlazará lo que queda del Buen Retiro en Felipe IV con el Jardín Botánico y que terminará prolongándose y extendiéndose a las fábricas del edificio de Villanueva. No será el acceso principal al nuevo edificio en absoluto, será un acceso dispuesto para acceder al claustro que va a tener fundamentalmente servicios ligados a las actividades académicas del Prado, los talleres de restauración y el gabinete de dibujos. Pero no es en modo alguno la puerta principal del edificio sino una puerta más a estos servicios que en cierto modo pueden reconocerse autónomos e independientes del edificio principal".

Aquí ha colaborado con Cristina Iglesias para realizar una escultura que define la artista como un "tapiz vegetal". Este acceso es extremadamente simbólico, ya que la escala del espacio que acontece inmediatamente al abrirse las enormes hojas, no acompaña a la dimensión monumental del gesto. Es sin embargo un punto de enorme importancia que representa el acceso a un edificio obligado a estar exento, y que en un futuro cumplirá una función ceremonial. Esta representación del acceso que contundentemente elabora Moneo con la participación de Cristina Iglesias es de gran belleza plástica, y así lo expresa la artista: "No sólo se trata de un puerta sino que forma un pasaje de entrada. Añade nuevas perspectivas porque he asumido crear una puerta que a la vez es una escultura que es autónoma en si misma pero cumple la función que se le ha pedido".

El claustro, central y sugerente
El verdadero protagonista, el claustro, se esconde desde su nivel topográfico original, permaneciendo exactamente en la posición que siempre tuvo. Es, sin duda, el espacio más complejo y sugerente. Todo el edificio nuevo podría entenderse como un plinto que soporta el claustro, que recupera su condición interior y muestra sus piedras con un carácter arqueológico. Se cubre con una estructura acristalada y así la luz natural bajo el control del arquitecto iluminará lo que fue un elemento arquitectónico transformado en una gran pieza de museo. Esta nueva identidad del claustro es una muy inteligente respuesta arquitectónica a un conjunto de piedras que renacen como piezas de la colección del Prado.

Y por su escala y condición abrazan el espacio más interesante de toda la ampliación del Prado. Desde su interior se pueden contemplar las salas de conservación y restauración, que ocupan la parte superior del edificio y se abren al de Villanueva a través de la loggia, el elemento más singular del compacto volumen de ladrillo que se inscribe serenamente en el barrio de los Jerónimos.

Terminamos el recorrido viendo Madrid desde la cubierta del museo, contemplando el perfil de la ciudad y el conjunto de la intervención. La intención de Moneo ha sido siempre "conservar hasta donde fuera posible el carácter de lo que fue el antiguo Museo" . Para ello se ha batido contra la dificultad, venciendo con un gran trabajo de rigor y menos libertad de la que merece.

Ver entrevista con Miguel Zugaza