Image: Santiago A. Zannou

Image: Santiago A. Zannou

El Cultural

Santiago A. Zannou

"España es un país muy racista"

Juan Sardá
Publicada
Actualizada

Santiago A. Zannou

Hoy se estrena su película 'Alacrán enamorado'

En medio de una gran expectación, Santiago Zannou estrena su segunda película tras haber ganado el Goya como debutante por El truco del manco. Se trata de Alacrán enamorado, en la que reúne a Álex González y Miguel Ángel Silvestre con los hermanos Bardem, Carlos y Javier, el primero también en calidad de coguionista y autor de la novela original, para contarnos una historia de amores interraciales con el fenómeno de los skins (o sus herederos actuales de ultraderecha) como contexto. González interpreta a un corpulento joven perteneciente a una banda de gamberros con ideología nazi que comienza a entrenar como boxeador en un nuevo gimnasio en el que sus radicales ideas no están bien vistas. Su romance con una recepcionista mulata, Judith Diakhate, será la catarsis definitiva. Zannou, un hombre entusiasta como pocos, nos da las claves.

Pregunta.- ¿Cómo surge esta adaptación de una novela de Carlos Bardem?
Respuesta.- Surgió en un momento en el que yo estaba en una situación terrible porque acababa de producir La puerta de no retorno (un documental sobre el regreso a África de su propio padre), la película apenas la habíamos colocado, la estrenaron en tres cines dos semanas y yo y mis socios nos habíamos arruinado con ella. Entonces recibí un mail de Carlos diciendo que le había gustado El truco del manco y me propuso leer su novela. Me la hizo llegar y vi una fábula de superación, de ponerse las pilas, de que hay que tirar para adelante en un momento en el que yo mismo estaba a punto de tirar la toalla y encima con racismo, con skin heads que es algo que siempre me ha preocupado. Le dije que si le encargaba la película a otro director me enfadaría. Nos reunimos y a partir de allí nos pusimos a trabajar. Mi visión era que tenía que ser una fábula de amor y hostias, no quería una película realista sino la verdad de los personajes.

P.- La película parte de un estándar narrativo como el amor imposible de una pareja por motivos externos a ellos, en este caso, la diferencia de razas. No deja de ser una nueva vuelta de tuerca al mito de Romeo y Julieta.
R.- Todos sabemos que todas las películas están hechas. Estábamos trabajando sobre varios elementos muy clásicos: el chico conoce chica, el género del boxeo, el chico que desaparece de la banda... La diferencia es que el tema nunca se había tratado desde el punto de vista de una persona negra. Ya que no puedo ir al Bernabeu y coger un altavoz para hablar con todos los nazis pero tengo la oportunidad de hacer una película y enseñarle a uno cuál es el camino de la luz y de la no violencia. Creo que la mejor manera de hacerlo es con un mundo de fábula y con una estética mucho más atractiva que el cine social tradicional.

P.- ¿Cuánto le pueden haber influido las películas que han tratado un tema similar?
R.- Una de mis películas preferidas es West Side Story. No me he inventado nada, son dos mundos opuestos que se pueden atraer. Me gusta más hablar de esta película que de Romeo y Julieta. Lo curioso de esas películas como Solo un beso, de Ken Loach o Jungle Fever, de Spike Lee, es que casualmente las razas no acaban juntas. Si eso no sucediera, yo no habría nacido. Que yo recuerde acaba bien Adivina quién viene a cenar esta noche. Es una discriminación positiva en la que la conclusión final es que cada uno con su raza. Yo apuesto por el mestizaje entre personas españolas, porque Judith es una actriz de raza pero no es una inmigrante, es una chica de barrio como tantas hay. Se trata de normalizar.

P.- ¿Cree que sigue habiendo muchos skins en España?
R.- Creo que hay muchos racistas en España porque es un país muy racista. Sólo hay que ver lo extraño que es que la gente tenga amigos negros, árabes o latinos, sin embargo, nadie asume que es racista. Culturalmente no estamos acostumbrados al mestizaje y a la mezcla. Cuando se hace la semana de Marruecos en Cataluña, por ejemplo, pues hay gente que va a conocer otra cultura pero hay gente que está indignadísima. Los skins de las botas no existen con el pelo rapado, pero sí una animadversión muy grande por las personas de distinta raza. Lo que quería era meter en la película diferentes expresiones de racismo, y está desde el skin hooligan, hasta el intelectual, pasando por los que son del ku klux klan o los que son más culturales. Es una conjunción de distintas formas de verlo porque ya estaba hecha en España Diario de un skin o American History X, yo quería huir totalmente de eso para construir una fábula porque una película no es un reportaje.

P.- Hemos visto mucho boxeo en el cine americano pero menos en el español.
R.- Ha habido unas pocas, la mayoría de la época del cine quinqui. Todos tienen un denominador común y es que no son de boxeo. Nosotros utilizamos el boxeo como una metáfora de la vida. Particularmente yo creo que es una metáfora del cine porque como cineasta te cierran la puerta muchísimas veces cuando vas con tu guión y te tienes que levantar. ¿Cuántos actores hay en busca de trabajo? Les recomiendo generar dentro de ellos una energía que pueda con todo. El boxeo es una metáfora de la vida porque cuando caes te levantas. Eso ya estaba en El truco del manco. No son dos tíos que suben a partirse la cara, son dos tíos que suben preparados hasta el último gramo con un conocimiento de su cuerpo tremendo y una técnica maravillosa. El boxeo es aprender a pegar y cubrirte, eso lo puedes llevar a tu vida personal. También queríamos huir de que la gente no se crea las peleas, que la acción esté bien hecha y bien coreografiada.

P.- Hay algo de exaltación del cuerpo masculino joven y musculado.
R.- No es tanto eso como una exaltación del cuidarte. A mí me gusta salir a correr y hacer mis sesiones. No es tanto por el cuerpo fuerte como el cuerpo definido, que es lo que tiene Alejandro. No está fuerte, está esculpido, y eso es disciplina, como un samurai.

P.- Hay mucho sexo.
R.- Tiene que haber sexo, es fundamental. Las personas nos conocemos cuando estamos desnudas, cuando nos tocamos la piel. Yo soy joven y me gusta el sexo, es lo razonable. Ya me gustaba mucho la portada del libro de ese nazi con la piel tatuada con una chica mulata encima. Es una imagen muy interesante. El sexo también expresa su rabia, el primero es ultrasalvaje y la chica le dice que prefiere eso a que se vaya a dar una paliza.

P.- ¿Le molesta si le dicen que se está convirtiendo en el especialista en hacer películas sobre la vida en los barrios periféricos?
R.- Bueno, es que yo soy un chico de barrio. Ahora vivo en Cataluña pero estoy muy orgulloso de mis raíces. Además, he conseguido gracias a venir de un barrio tener una rapidez y una fuerza para buscarme la vida tremenda. Estoy muy orgulloso y en mis películas me encanta que estos personajes tengan voz. En los barrios como suceden muchas situaciones límite aflora la verdad de cada una de las personas. Me encantaría hacer una película como El grito de Bergman que es una de mis películas favoritas, pero no tengo ese background y sí que tengo el background de barrio. Salvando las distancias, Tarkovski no podría hacer El truco del manco ni yo podría hacer El espejo porque me costaría muchísimo meterme en esa situación y a él en la mía. Zapatero a tus zapatos y un director se siente cómodo con lo que conoce. Al final nuestra obligación es hacer películas para comunicar nuestra visión del mundo.

P.- ¿Necesita que sus películas sean cercanas?
R.- El primero que disfruta y sufre la historia es el director, lo primero que tiene que hacer es saber lo que cuenta. Tenemos que responder 300 preguntas y si no tienes un background fuerte el equipo te da la espalda.

P.- La relación entre Carlos Bardem y Alex González reproduce otro estándar, la transmisión generacional, el lazo que une a discípulo a maestro.
R.- Vuelvo a repetirlo, soy joven y estoy harto de que a los jóvenes no les den ninguna oportunidad cuando están ultra preparados. Yo tuve la suerte de que Fernando Colomo y Beatriz de la Gándara confiaran en mí. Yo he tenido la suerte de que personas con más experiencia me ayudaran a crecer. No tiene que haber una barrera que nos separe, su experiencia nos tiene que ayudar a no cometer los mismos errores aunque desgraciadamente el ser humano suele tropezar dos veces con la misma piedra.

P.- Le ha quedado una película muy optimista.
R.- Hay una cosa que es fundamental que es que el público se siente en el cine y salga con ganas de comerse el mundo. Ahora mismo que la gente está jodidísima que encima te metas a ver una película y salgas peor de lo que has entrado no tiene pase. Hoy en día hay que mostrar caminos para poder cambiar esta situación. Mi película es dura pero infinitamente optimista. Como dice el protagonista, yo no tengo miedo a vivir, yo quiero vivir. Nunca diré que el mundo es una mierda, el mundo es difícil pero también por eso más interesante. Todo el equipo de la película con muchísima humildad les queremos decir a los espectadores que a veces te dan ganas de llenarte de rabia y quemarlo todo pero si canalizas tu energía a algo que te llene el corazón tal vez tu vida cambie. En mis películas opina todo el mundo. Si decimos que la vida es una mierda todo el día acabaremos con una guerra civil. Tenemos una fuerza dentro que puede ser veneno o luz y nosotros optamos por la luz.

P.- ¿Cómo cambia un proyecto cuando entra Javier Bardem?
R.- Cuento una anécdota y es que el día que anunciamos que Javier Bardem iba a estar en la película me llegaban alertas de Google en chino, en brasileño, en una lengua eslava y allí te das cuenta de la ascendencia internacional que tiene. Se te llena el estómago de mariposas. Él es consciente de esto y lo que hizo fue sentarse a mi lado y decirme que quería hacer una buena película igual que yo. Me dio la master class más bonita de mi vida, compartimos una cocacola y un sándwich y desde su humildad me empezó a dar consejos: de Woody Allen esto; de Sam Mendes, lo otro... Pasas nervios pero desde el minuto uno se presentó como su personaje y no como una estrella. Él consigue poner un listón de exigencia que hace que la película sea mejor.

Ver otros Buenos Días