Image: Julián Ríos

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El Cultural

Julián Ríos

“España lo importa todo en literatura, sin ningún control de calidad”

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Julián Ríos.

Como él mismo escribió parodiando a Hamlet, "Cero no ser". Y él, Julián Ríos (Vigo, 1941), que renovó con Larva (1983) la narrativa española contemporánea, cero no es. Menos aún estos días, en los que presenta Cortejo de sombras (Galaxia Gutenberg), un libro inédito de relatos, escrito en 1968, que ya anticipaba al genio del idioma que es.

Pregunta: Después de 40 años de olvido, ¿qué le ha hecho publicar Cortejo de sombras ahora?
Respuesta: En realidad no hubo olvido sino aplazamiento. En el prólogo detallo las razones que me llevaron a ir aplazando la publicación del libro. La principal fue que poco después de Cortejo, me metí en el cortejo de damas e idiomas de Larva, que iba para larga, y pensé que era mejor dar a conocer antes ese nuevo proyecto, que me parecía más ambicioso.
P: ¿Y luego?
R: Luego se interpusieron otras obras y finalmente reservé Cortejo para el momento en que pudiera encajar, como una pieza que le faltaba al puzle, en el conjunto de mi obra. Ahora abre la publicación de todos mis libros, antiguos y nuevos, con mi nuevo editor.
P: ¿Por qué prefiere no someterse a un cotejo con esa sombra de hace 40 años ?
R: Porque no tengo nada que añadir ni que quitar. Lo escrito escrito está. Ahora sólo puedo ser, y no es poco, su curioso lector.
P: ¿Qué es lo que más va a sorprender de este libro al lector del Ríos de hoy?
R: La persistencia de ciertos temas y obsesiones, el cortejo constante de la forma, la necesidad de contar y de meterse en la piel de unos personajes.
P: ¿Se reconoce en el autor del libro o, definitivamente, "yo es otro, otro autor"?
R: Sí, me reconozco. Un reconocimiento no exento de reconocimiento, de gratitud, porque escribir en España entonces era bastante ingrato.
P: ¿Y no siente nostalgia del escritor que fue?
R: Podría sentir nostalgia de la juventud que se fue; pero creo que el dicho francés "Il faut que jeunesse se passe" es cierto sobre todo para artistas y escritores. El escritor exigente aspira a llegar a ser perro viejo.
P: ¿Qué haría falta para que volviese a Tamoga, el pueblo en el que transcurren los relatos, siente que aún Te ahoga?
R: Tamoga es un país del pasado y sólo puedo volver a él en la lectura o con la imaginación. Ya no ahoga porque es agua pasada…
P: ¿Galicia es quizá su ítaca particular?
R: Cavafis explicó muy bien qué significan las ítacas: ante todo un largo viaje. Confío en que mi particular camino de Compostela sea muy largo…
P: ¿Cuándo terminará su exilio?
R: No hay exilio porque la España que amo, así como nuestra lengua y la literatura que me interesa, las llevaré siempre dentro.
P: ¿Cómo explica la ausencia de enternecimientos y de seudomasoquismos expiatorios por el libro?
R: Porque respeté al joven que lo escribió y no me puse en pose paternalista.
P: ¿Y por qué el libro es tan desolado, tan triste?
R: Porque el país era así de triste, no estaba para demasiadas alegrías.
P: Ya sabemos que no siente saudade del libro, pero ¿cómo el escritor convencional de Cortejo de sombras se convirtió en el demiurgo del lenguaje de Larva?
R: Convencional no me parece el término justo. Tal vez clásico sea más exacto. Pero ese lado "cortés" no quita lo valiente de otras experiencias como Larva. Y Larva sólo es una fase de la metamorfosis.
P: ¿No asoma el Ríos de hoy en expresiones como cuidamaba, o gocespasmos?
R: Sí, efectivamente, en una de las vertientes del Ríos de hoy. Esas expresiones pertenecen a un capítulo, "Palonzo", en el que la escritura aspira a ser creativa para decir lo indecible.
P: ¿Sigue siendo la subversión del lenguaje la mejor aspirina para el mal de los Pirineos?
R: Ya no hay Pirineos, a lo sumo: picos pardos de Europa. Y mal haya quien mal piense...
P: Por cierto, ¿cuál es hoy ese mal?
R: No soy doctor, que ausculten los especialistas.
P: ¿Y en nuestra literatura?
R: Que se importa todo, sin ningún control de calidad, y que con frecuencia se prefiere el sucedáneo al auténtico original.
P: ¿Es Larva el libro más libre de nuestro siglo XX?
R: No sé si el más libre; pero a lo mejor el más "libro" porque no nos deja olvidar que estamos leyendo.
P: ¿Cómo ha conseguido dejar de estar considerado un joyceano enfermo de retruécanos y calambures?
R: Retruécanos y calambures son el tuétano, la "sustanciosa médula" de nuestra literatura más clásica...Todo autor suele evolucionar con los años. En mi caso me parece que con el tiempo he aprendido a disimular las dificultades, a parecer más fácil; pero probablemente los críticos y los lectores también han evolucionado y aprendido a ver facetas que se les escapaban.
P: Es el maestro de muchos de los autores jóvenes más interesantes (Fernández Porta, Ferré): ¿Qué relación tiene con ellos, los lee, los comprende o aconseja?
R: Los leo con mucho interés, intento comprenderlos; pero nunca me permitiría darles un consejo. El único que me parece válido en literatura es el lema de la rabelesiana abadía de Thélème: "Haz lo que quieras".
P: Acostumbra a dar giros radicales a su obra... ¿En qué está trabajando ahora?
R: Son los giros de la espiral, mi figura favorita. Acabé recientemente un nuevo libro de ensayo, Quijote e hijos, subtitulado Una geneología literaria, que saldrá esta primavera, y estoy a punto de entregar al editor mi novela Puente de Alma.