El Cultural

El retrato mental de Esko Männikkü

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Eero, 2001

Estrany de la Mota. Passatge Mercader, 18. Barcelona. Hasta el 15 de julio. De 3.000 a 5.000 e.

Fotógrafo de formación autodidacta, Esko Männikkü (Finlandia, 1959) dedicó una de sus primeras series a la vida cotidiana de una familia local. Su proyección internacional sobrevino a mediados de los noventa al difundirse sus fotografías de hombres solteros en zonas deprimidas de Finlandia. Su obra en España se ha difundido parcialmente en colectivas (entre otras, Ocho relatos nórdicos del CGAC). En 2000, Estrany de la Mota le dedicó una individual para la que realizó su serie sobre el barrio de la Mina de Barcelona.

La obra más conocida y difundida de Männikkü consiste en una galería de retratos. En ellos, el paisaje, el ambiente o los objetos cotidianos, es decir todo aquello que constituye el contexto del personaje, tiene relevancia para aproximarse al retratado, o mejor dicho, para expresar un estado de espíritu. Calificado de fotógrafo documental, lo es precisamente por fotografiar el alma de las cosas, el mundo interior e invisible, como reflejo de la condición humana.

El universo de Männikkü es en realidad tremendamente romántico. Describe minuciosamente la devastación del tiempo, la fractura del hombre con la naturaleza, los ideales perdidos… Es una estética de la descomposición, del fracaso personal, del superviviente… Männikkü ha trabajado en los bosques de Laponia, en la frontera de México con los Estados Unidos, en las fábricas de Escocia, en Barcelona… Y sin embargo siempre ha realizado la misma fotografía o el mismo tipo de fotografía. La suya no es, por tanto, una fotografía documental en el sentido tradicional, porque, independientemente del lugar y las circunstancias, Männikkü sabe de antemano qué tipo de foto va hacer. Se trata de un retrato mental, un universo que el fotógrafo finlandés lleva dentro de sí.

La muestra que presenta ahora en Barcelona fue dispuesta en la sala de exposiciones por él mismo. No sigue una disposición tradicional, sino que las fotografías se asocian en conjuntos mezclando las series. éstas consisten básicamente en naturalezas muertas, retratos, paisajes suburbiales y puertas de casas abandonadas… Las exposiciones de Männikkü, más que sus libros de fotografías, más lineales, sugieren una atmósfera global. La idea es deslizar y relacionar contenidos entre sí. ¿Qué pasa cuando un retrato se asocia a una naturaleza muerta que representa un animal en descomposición y a una serie de puertas que, además de estar cerradas, son una especie de ruina? Pues que el retratado se confunde con lo putrefacto y las puertas cerradas se imbuyen de connotaciones de muerte, de ausencia de salida.

Männikkü utiliza el color y lo hace de una manera pictórica. Usa también marcos antiguos, comprados en mercadillos o realizados por él mismo con maderas de desecho. Aspecto éste que explica por sí mismo la intención de ir más allá de los límites de la fotografía, de buscar otros referentes fuera de los estrictamente fotográficos. Pero hay más. Estos marcos viejos contribuyen a explicar también su romanticismo. Como sus fotografías de puertas cerradas, de animales muertos, de paisajes marginales, estos marcos son fragmentos de nostalgia. Expresan una ilusión que se ha perdido para siempre, a la vez que ejercen un magnetismo precisamente por esa fascinación enfermiza que nos provoca la destrucción y las heridas del paso del tiempo. Así es también la obra de Esko Männikkü: hay una melancolía, una desesperanza, pero, al mismo tiempo, hay una búsqueda de signos de una promesa incumplida de paraíso en estos espacios residuales.