Zverev celebra su victoria ante Shelton en la final del US Open.

Zverev celebra su victoria ante Shelton en la final del US Open. REUTERS

Tenis

Zverev ofrece su mejor versión y anula la reacción de Shelton para conquistar el US Open por primera vez en su carrera

Al alemán no le tembló la muñeca tras perder el tercer set y reaccionó para no dar opción a su rival en el cuarto y ganar su segundo Grand Slam (6-3, 7-6, 5-7, 6-2).

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Nueva York tiene la costumbre de encumbrar a quienes han aprendido a sobrevivir sobre el alambre, pero también adora devotamente a sus propios ídolos.

Bajo las luces de la imponente pista Arthur Ashe, el escenario parecía preparado para la coronación de Ben Shelton,el joven portento estadounidense que había deslumbrado a la ciudad firmando un torneo sencillamente increíble. Sin embargo, el guion de la noche le tenía reservado el papel de rebelde ante la consagración definitiva de Alexander Zverev (6-3, 7-6, 5-7, 6-2).

Durante años, el tenista alemán cargó con la pesada etiqueta del eterno aspirante, el talento de proporciones infinitas que amenazaba con resquebrajarse en los instantes decisivos. Pero esa narrativa ya es historia.

Zverev ha demostrado en la Gran Manzana que su metamorfosis es absoluta, proclamándose campeón del US Open y levantando al cielo el segundo Grand Slam de su carrera.

Aquel ansiado título en la arcilla de Roland Garros no fue solo un trofeo más para adornar su palmarés; fue el punto de inflexión que le cambió la vida. Conquistar París le sirvió para exorcizar sus demonios, quitándole un peso asfixiante de encima y liberando, por fin, a un jugador que ha sabido dejar atrás las dudas.

En Flushing Meadows hemos sido testigos de la versión más letal de Sascha: un tenista inmensamente maduro, imperturbable ante el ruido ensordecedor, que juega con la solidez de quien ya no siente el vértigo de las grandes citas, sino el aplomo innegable de un verdadero campeón.

Su tenis ha entrado en una nueva dimensión donde la presión resbala y la raqueta fluye con una autoridad incontestable.

Temple de campeón

Sobre el asfalto neoyorquino, la final fue un auténtico combate de pesos pesados que exigió la mejor versión mental del alemán. Zverev arrancó dando un verdadero golpe sobre la mesa al someter la efervescencia de Shelton durante los dos primeros parciales (6-3 y 7-6).

Pese a que el estadounidense saltó a la pista cabalgando sobre un tenis eléctrico, el alemán cimentó su ventaja en la precisión de su resto y en una frialdad quirúrgica durante la muerte súbita del segundo set.

Parecía que la final transcurría por la vía rápida, pero Shelton, negándose a entregar el partido frente a su público, sacó a relucir su orgullo para llevarse la tercera manga por 7-5, encendiendo la caldera de la Arthur Ashe y amenazando con cambiar el rumbo de la historia.

Fue justo en ese instante de máxima exigencia, donde el Zverev del pasado habría titubeado, cuando emergió la madurez del nuevo rey de Nueva York. En el arranque del cuarto set, el alemán asestó un zarpazo letal rompiendo el saque de Shelton a las primeras de cambio.

Ese break tempranero fue un soplo de aire fresco que le devolvió de golpe toda la confianza. Con un rápido 2-0 a su favor, Sascha cerró filas en torno a su servicio, convirtiéndolo en un búnker inexpugnable.

A partir de ahí, no cedió ni un solo milímetro con su saque, apagando el ímpetu del norteamericano y cerrando la puerta a cualquier atisbo de remontada hasta sellar la victoria. Zverev ya tiene dos grandes en su vitrina, y la solidez mostrada para sofocar el motín de Shelton confirma que su era de dominio no ha hecho más que empezar.