Nadal, subiendo a la red ante de Miñaur.

Nadal, subiendo a la red ante de Miñaur. Andrew Boyers Reuters

Tenis Wimbledon

A octavos de Wimbledon, el Nadal imperial

El español alcanza la segunda semana tras devorar 6-1, 6-2 y 6-4 a Álex de Miñaur en su mejor encuentro en el torneo y se asegura mantener el número uno.

Londres (enviado especial)

La conclusión es la siguiente: Rafael Nadal está preparado para aspirar a todo en Wimbledon. El sábado, la clasificación del español para los octavos de final (6-1, 6-2 y 6-4 a Álex de Miñaur) dejó al tenista en la misma situación que en 2017 (tres primeros encuentros ganados sin ceder un set), le permitió mantener el número uno del mundo (haga lo que haga Roger Federer) y disparó su candidatura a un título que ya hizo suyo en 2008 y 2010. Queda mucho, y queda lo más difícil, pero Nadal está listo para el desafío. [Narración y estadísticas]

“Me sentía más cómodo hoy que el otro día por la forma en la que venía la bola del rival”, reconoce Nadal tras citarse con Jiri Vesely (7-6, 3-6, 6-3 y 6-2 al italiano Fognini) por el pase a cuartos. “Tenía más tiempo para hacer las cosas porque la pelota era más franca, aunque fuese un jugador que tira plano y se apoya en la fuerza del rival”, añade sobre el joven australiano. “A esa edad no tuve a nadie como yo enfrente. Con 17 años tuve a Federer, que pudo ser lo más parecido. Y la sensación, sobre todo era de energía”.

“De Miñaur lo ha hecho muy bien”, elogia Francis Roig, entrenador del número uno. “No me ha sorprendido que saliese sin miedo a la pista central de Wimbledon contra Nadal”, remarca. “Rafa ha jugado el partido que tocaba. Quizás, podría haber subido más a la red, pero no lo ha visto necesario. De Miñaur es un jugador muy rápido, que coge muy bien las posiciones, y no es fácil. Veía que podía tomar un riesgo innecesario yendo a la red, y no lo ha necesitado. Ha estado muy bien, en general”.

A los 19 años, de Miñaur, al que apodan The Demon, sale sin complejos a la pista central de Wimbledon, el escenario más importante de su deporte. El australiano, un manojo de nervios, se planta en el corazón del templo de la hierba sin dejarse impresionar por todo lo que tiene a su alrededor. Está el entorno, cuatro paredes que han visto gran parte de la historia del tenis. Está el público, vestido de gala porque es sábado en Londres y juega Nadal. Está el campeón de 17 grandes, un jugador que impone respeto incluso en fotografías. Y de Miñaur, que empieza a perder el partido muy pronto, que se queda sin posibilidades a los 20 minutos, cae eliminado porque el español es mucho mejor, porque ahora mismo juegan en ligas muy distintas, pero se marcha del torneo sin que nadie pueda llamarle cobarde por sentir miedo. 

Pasan varios minutos de la una de la tarde y en el palco del aspirante hay una fiesta, como no podía ser de otra manera. Allí se se sientan su madre Esther; sus tres hermanos pequeños, Daniel, Sarah y Cristina; su entrenador Adolfo Gutiérrez y su agente David Drysdale. Allí también está Lleyton Hewitt, que desde hace tiempo asesora muy de cerca al joven tenista. El exnúmero uno del mundo, claro, sabe muy bien lo que significa medirse a Nadal (4-7 en el cara a cara) y lo complicado que es ganarle, aunque confía en que exista una opción, que no es ni media porque el balear ataca la clasificación con los colmillos manchados de sangre. 

La jugada con la que arranca el partido es todo un aviso. De Miñaur responde al primer saque de Nadal en el encuentro yéndose hacia delante, haciendo un inesperado resto y red para sorprender al número uno del mundo, que se lleva el punto con una volea sencilla. La atrevida decisión del australiano quiere decir lo siguiente: que está en el partido para intentar ganar, no para disfrutar de la experiencia. La respuesta de Nadal también es un mensaje para su oponente: vas a tener que inventarte algo mejor que eso si quieres inquietarme.

A de Miñaur le falta un tiro decisivo y eso es una gran tranquilidad para el número uno. El australiano, sin embargo, suple la ausencia de ese golpe ganador que deje sentado a su contrario peleando cada pelota sin guardarse nada. De Miñaur corre que se las pela, llegando a cazar bolas imposibles, se mueve con la energía que solo da la juventud y no duda en sacar el puño tras ganar algún punto importante. Es un adolescente por hacer físicamente, pese a que en los últimos meses su cuerpo ha cambiado, pero con poco margen para aumentar la combatividad. Tiene garra, mucha garra, y eso es un seguro de vida para el futuro, cuando le llegue el momento de competir por cosas importantes.

El pase a los octavos se discute en un caluroso día de 30 grados, que empapa en sudor las camisetas de los rivales. Durante toda la mañana, el mallorquín aprieta el gatillo con decisión. Es un Nadal incisivo, que se anticipa a todas las intenciones del australiano, que saca las manos con rapidez cuando se posiciona encima de la línea y que vuelve a encontrar en el revés cortado una manera de frenar el ritmo del duelo. Es un Nadal que no da ni un solo paso en falso, que salva las tres bolas de break que su contrario se fabrica y que pierde solo tres puntos en la red (18 ganados en 21 subidas). Es un Nadal que suma el 78% de los puntos con su primer saque y un 72% con el segundo.

En consecuencia, es un Nadal imperial que desembarca en octavos queriendo mucho más.