Los jugadores del Atlético celebran el gol de Griezmann.

Los jugadores del Atlético celebran el gol de Griezmann. Reuters

Europa League

Griezmann y Oblak obran el milagro en Londres

El equipo de Simeone empata ante el Arsenal (1-1) con un gol del delantero francés y saca un buen resultado del Emirates. Vrsaljko (por doble amarilla) y Simeone, expulsados antes de cumplirse el primer cuarto de hora de partido. Lacazette marcó para el conjunto ‘gunner’. 

Hay días en los que un equipo tiene que sobrevivir. Ni más ni menos. El éxito consiste en salir magullado, con heridas, pero no muerto. Y el Atlético lo consiguió. Quizás de milagro, puede que con algo de suerte o, simplemente, haciéndolo lo mejor posible. No se pide más. Qué se le va a hacer. A qué otra cosa se podía aspirar. El equipo rojiblanco resistió. Esa era la única alternativa. En inferioridad desde el minuto 10 por doble amarilla de Vrsaljko y sin entrenador por la expulsión de Simeone, el cuadro colchonero apenas si pudo salir de su campo. Se metió en su área, reforzó la zaga a partir del minuto 65 (con dos cambios conservadores) y se fue con un resultado aceptable del Emirates Stadium gracias a un gol de Griezmann en el minuto 81 y una parada portentosa de Oblak a Ramsey en la jugada inmediatamente posterior. ¡Menudo milagro! [narración y estadísticas: 1-1].

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Antes, no obstante, el Atlético tuvo que sufrir. De hecho, la noche no pintaba bien. Porque a los dos minutos, Vrsaljko vio la primera amarilla. Algo, a priori, sin importancia; pero, a posteriori, determinante. Porque poco tiempo después, en plena ofensiva del Arsenal, el lateral vio otra tarjeta por una entrada sobre Lacazette. Es decir, el Atlético se quedó con 10… y sin Simeone, expulsado por protestar. Temblaron las piernas rojiblancas, se aceleró el pulso e incrementó el ritmo el equipo de Wenger, que contó con innumerables ocasiones en la primera mitad. Todas, atajadas por Oblak, el otro hombre milagro.

A partir de ahí, el Atlético se recompuso dentro de sus límites. Tuvo hasta dos ocasiones; ambas de Griezmann y con Thomas como escudero fiel de todos y cada uno de sus compañeros. El centrocampista, todo músculo, sentó cátedra desde la medular. Organizó el ataque desde la retaguardia, condujo desde abajo en las pocas jugadas de ataque rojiblanco, generó peligro en las inmediaciones del área y, sobre todo, fue el pilar sobre el que se asentó la defensa numantina del equipo de Simeone

Pero la tentativa no fue permanente. El Atlético, estirado como un acordeón durante los últimos minutos de la primera mitad, se refugió en su área en la segunda parte. No le quedaba otra. Con 10, tocaba aguantar durante otros 45 minutos, pactar el empate a cero y salir con vida del Emirates Stadium. De hecho, el ‘Mono’ Burgos, en calidad de Simeone, trató de reforzar la defensa con dos cambios conservadores (Gabi por Gameiro y Savic por Correa). Sin embargo, el zarpazo llegó. Wilshere la puso desde la izquierda y Lacazette, con un salto portentoso en el segundo palo, remató de cabeza para poner por delante al conjunto ‘gunner’.

Se avecinaba –o eso parecía entonces–una goleada, un final agónico y un sufrimiento no deseable. Pero entonces llegó él, Griezmann. Aprovechó un fallo de la defensa, cabalgó hasta la portería y marcó el empate. Éxtasis, gloria y… un susto para acabar. Ramsey tuvo en su cabeza el segundo del Arsenal. Pero apareció Oblak para amarrar las tablas, para enfilar el camino hacia la final tras sacar un gran resultado en Londres. No se puede pedir más. El Atlético mantuvo la calma, resistió y supo esperar. Obró el milagro. ¡Y vaya milagro!