La sala del restaurante Aponiente, de Ángel León.

La sala del restaurante Aponiente, de Ángel León.

Restaurantes

El restaurante de pescado de Cádiz que está entre los mejores del mundo: sirven 'bacon' de lubina y embutidos de caballa

Aponiente, del cocinero Ángel León es uno de los cinco restaurantes que destaca The World's 50 Best Restaurants por su trabajo con el producto marino.

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El mar ha sido siempre sinónimo de lujo en la mesa. Ya en la Antigua Grecia las ostras abrían los banquetes, mientras que en Roma el esturión se comparaba con el pavo real. Hoy, sin embargo, la gran revolución del producto marino no pasa solo por el precio o la escasez, sino por la imaginación.

Desde la maduración en seco del pescado hasta la elaboración de “leche marina” o embutidos hechos con atún, una nueva generación de cocineros está reinterpretando el océano desde la alta cocina. Y en esa vanguardia mundial hay un nombre español —gaditano, para más señas— que lidera el cambio.

Aponiente, El Puerto de Santa María

Aponiente, de Ángel León.

Aponiente, de Ángel León.

El Puerto de Santa María, el chef Ángel León ha hecho del Atlántico su laboratorio. Su restaurante Aponiente no solo cocina pescado: reimagina el mar como despensa total. Aquí aparecen ingredientes improbables como la miel marina (extraída de la planta ruppia maritima), embutidos elaborados con caballa o un sorprendente “bacon” creado a partir de la ventresca de lubina.

El menú —servido en un antiguo molino de mareas del siglo XIX— propone platos que desafían cualquier canon clásico: colágeno de merluza convertido en noodles, sobrasada de caballa o incluso una tarta tatin de plancton. En Aponiente, cada elaboración, incluidos los postres, nace del ecosistema marino local. Es cocina de territorio… aunque ese territorio esté bajo el agua.

Saint Peter, Sidney

Saint Peter, Sidney.

Saint Peter, Sidney.

Si alguien ha cambiado la forma en que el mundo mira al pescado, ese es Josh Niland. Su filosofía “de la branquia a la aleta” aplica técnicas propias de la carne —como la maduración en seco o la charcutería— al producto marino. En Saint Peter, el atún puede convertirse en ’nduja y la médula ósea del pescado acabar formando parte de un fudge dulce.

La Marine, L'Herbaudière (Francia)

La Marine, Noirmoutier.

La Marine, Noirmoutier.

En la isla de Noirmoutier, el chef Alexandre Couillon fue pionero en llevar la cocina centrada en el mar al fine dining francés. Sus platos —como la caballa a la parrilla con remolacha confitada o el ‘retour de pêche’— destacan por una precisión casi minimalista que rinde homenaje a la captura del día.

Uliassi, Senigallia (Italia)

Spaghetti con marisco en Uliassi.

Spaghetti con marisco en Uliassi.

En la costa adriática italiana, Mauro Uliassi experimenta con combinaciones tan insólitas como un batido de arenque con anchoa y nuez o un ossobuco emulsionado con callos de bacalao. Su cocina propone un diálogo constante entre tierra y mar.

Jordnær, Copenhagen

Un takoyaki en Jordnær, Copenhague,

Un takoyaki en Jordnær, Copenhague,

El danés Eric Vildgaard ha llevado a Jordnær al puesto 56 de The World’s 50 Best Restaurants 2025 con una propuesta sin carne que fusiona técnicas japonesas y nórdicas. Su cocina apuesta por la pureza del producto: cigalas a la brasa o takoyaki coronados con erizo y caviar.

Willem Hiele, Ostende (Bélgica)

El comedor del restuarante Willem Hiele.

El comedor del restuarante Willem Hiele. Jan Bellen

En la costa belga, muchas veces eclipsada por sus vecinas gastronómicas europeas, el chef Willem Hiele reivindica el recetario marítimo local desde un imponente edificio de estética brutalista. Su cocina bebe directamente de la tradición pesquera de Ostende —donde aún hoy se recolectan gambas a caballo—, pero la reinterpreta con una mirada contemporánea y profundamente personal.

El verdadero espectáculo sucede a la vista del comensal: un rodaballo entero cocinado al exterior sobre parrilla de leña, cubierto con sacos de yute empapados en agua de mar para lograr una cocción simultánea al vapor y al humo. Tras ello, el pescado se disecciona con precisión quirúrgica y se sirve en bocados únicos, acompañados de una salsa dorada emulsionada a partir de sus propias espinas.

En todos ellos hay un hilo conductor: el mar ya no es solo un ingrediente, sino un lenguaje. Desde Bangkok hasta Los Ángeles, pasando por Bélgica o Sídney, la alta cocina mira hoy al océano como el nuevo territorio creativo. Y en esa conversación global, Cádiz —gracias a Aponiente— no solo participa, sino que marca el rumbo.