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En primavera, entre las aperturas que se van sucediendo a lo largo del año, se sumará la que Sevilla suma a su mapa gastronómico. Nino Redruello, alma mater de Familia La Ancha y creador del universo Fismuler, ha escogido la capital andaluza para inaugurar su primer proyecto en Andalucía.

La apertura está prevista para el próximo mes de mayo y llega de la mano del grupo hotelero Serras, con el que hace poco inauguraba su primer restaurante (segundo en terreno internacional) en Andorra.

De hecho, Sevilla fue el origen de todo, explica Redruello. El proyecto andorrano se adelantó en el calendario, pero la idea de instalarse en el Serras Sevilla, miembro de Preferred Hotels & Resorts estaba dentro de los planes de expansión.

El lobby de Serras Sevilla, miembro de Preferred Hotels & Resorts.

Un enclave monumental frente a la Catedral

El restaurante Fismuler Sevilla se ubicará en un edificio monumental en una de las esquinas más privilegiadas de la ciudad, frente a la Catedral, en la Avenida de la Constitución. Un espacio con historia, piedra, muros cargados de solera y esa “energía especial” que Redruello considera clave para que un restaurante tenga alma.

El proyecto va mucho más allá de un comedor. Como ya ocurre en Andorra, Fismuler se encargará de toda la propuesta gastronómica del hotel: restaurante principal, lobby, room service, eventos y, en el caso sevillano, un rooftop con vistas directas a la Catedral. “Las vistas son espectaculares. Imagínate una noche de verano, una copa, algo para picar y Sevilla delante”, resume con entusiasmo.

Sevilla tiene un color especial y más aún desde el hotel Serras Sevilla.

Primera vez en Andalucía

Será la primera vez que Familia La Ancha desembarque en Andalucía, una plaza que durante años se consideró compleja para proyectos llegados de fuera. “Sevilla siempre se ha visto como una ciudad muy suya, pero eso está cambiando.

Ahora está más abierta, como ha pasado en Madrid o Barcelona. Creo que es un buen momento para entrar”, afirma el restaurador.

La elección de Serras como socio no es menor. Redruello insiste en la importancia de “encontrar compañeros de camino” cuando se sale de casa. “Son una familia muy alineada con nosotros: exigentes, profesionales, muy implicados en el negocio y en la calidad.

Una mesa de Fismuler.

Eso nos da tranquilidad”. El modelo es el del management hotelero, una fórmula que permite crecer sin perder identidad ni control sobre la cocina y la experiencia.

Fismuler llega a Sevilla en plena madurez. Diez años después de su nacimiento, el concepto no solo no ha envejecido, sino que parece más conectado que nunca con el momento actual. “La marca, la comida, el lenguaje… todo está más vigente ahora que hace diez años”, reflexiona Redruello.

Fismuler y su escalope San Román, al fin del mundo si hace falta.

La filosofía se mantiene intacta: producto, sabor, naturalidad y cero pretensión. Aquí no se recitan platos ni se buscan discursos grandilocuentes.

“Aquí les dejo las judías verdes”, y punto. La cocina parte de la lógica popular, de entender el mejor momento de cada producto y de unirlos con intuición y respeto, aunque el resultado pueda parecer, a veces, una mezcla inesperada.

Sevilla, con respeto y sin prisas

En la carta no habrá una adaptación forzada al recetario andaluz. Al menos, no de entrada. “No puedo llegar y decir: voy a hacer un salmorejo.

Primero hay que aprender, probar, hablar con proveedores, entender la cultura local”, explica. Con el tiempo llegarán los guiños al territorio, como ya ha ocurrido en otros destinos, siempre desde el respeto y la escucha.

Los desayunos en Sevilla con sello Fismuler, de La Ancha.

Los precios serán similares a los del resto de Fismuler y no faltarán otros sellos de la casa: la música en directo, el ambiente vivo, esa sensación de martes con espíritu de viernes que Redruello defiende como parte esencial de la experiencia.

“La música te hace más feliz. Cenas, suena una guitarra, aplaudes, te ríes… y sales con la sensación de haber hecho un plan”.

La apertura de Fismuler Sevilla consolida una vía de crecimiento que Familia La Ancha combina con sus proyectos propios.

Inversión directa y proyectos personales, sí, pero también alianzas hoteleras donde el equipo se implica “como si fuera un hijo más”. En Andorra, Redruello y su equipo estuvieron en cocina desde el primer día. En Sevilla, promete, será igual.