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La calle Serrano, acostumbrada a banderas y acentos diplomáticos, suma desde hace poco una embajada distinta: una que ha llegado dispuesta a regirse por el lenguaje universal del buen comer.

Se llama La Embajada de Serrano y está capitaneada por Nico Reyes, cocinero con una larga y reconocible trayectoria en el Grupo Cañadío, que ahora firma un proyecto propio donde la barra manda, el horario se estira y la tortilla de patata apunta directamente al podio madrileño.

El nombre no es casual. En uno de los ejes más internacionales de la capital —donde conviven las embajadas de Estados Unidos, Japón, Noruega o Marruecos—, Reyes y su socio Sergio Bercedo han querido jugar con esa identidad cosmopolita.

En este esquinazo que anteriormente regentaba Cinco Jotas, se viene a desayunar, a tomar el aperitivo, a comer sin prisas o a dejarse caer a última hora. Un restaurante con todas sus letras, pero sobre todo un punto de encuentro para disfrutones, con barra protagonista y mesas altas que invitan a quedarse.

Y eso es gracias al esfuerzo de Reyes, que desde que subió la persiana, no se ha despegado del sitio y sigue puliendo cosas de sol a sol. Reyes nació en una familia mestiza —padre chileno, madre cántabra criada en Venezuela— y llegó a España en 2002, instalándose en Santander.

El cocinero Nico Reyes, a la entrada de La Embajada.

Allí se formó en hostelería y pasó por casas emblemáticas como el Hotel Real o El Chiqui, antes de consolidar su carrera durante 14 años en el Grupo Cañadío, una escuela que ha marcado a toda una generación de cocineros.

Ese poso se nota en su propuesta actual: cocina clásica de mercado, reconocible y bien ejecutada, con guiños viajeros y algún desvío personal. Nada impostado. Nada forzado. Platos que buscan gustar y repetirse.

La tortilla que espera desde las nueve

Pocas cosas definen mejor el espíritu del local que su tortilla de patata. Contundente, muy cremosa, con cebolla confitada, empieza a cortarse a las nueve de la mañana y se convierte en hilo conductor del día: desayuno, aperitivo o tentempié improvisado.

No es exagerado decir que está llamada a convertirse en una de las tortillas de referencia del barrio —y quizá de la ciudad—, heredera directa de ese ADN Cañadío que tantos adeptos tiene en Madrid.

Así lucen los desayunos de La Embajada.

A su alrededor, el desayuno se construye con pinchos elaborados en cocina: croissant con aguacate, salmón ahumado y huevo cocido; pan de aceite con huevo poché y holandesa.

Especial atención a su colección de sándwiches que va del clásico mixto vitaminado al más rotundo “Embajada”, con redondo guisado, jamón, espárragos, mayonesa, tomate y huevo roto. Para los ortodoxos, tostadas de masa madre, bollería artesana recién hecha, cafés especiales y zumo de naranja natural.

Del norte al mundo, pasando por la barra

Cuando llega el aperitivo, la barra se anima y el norte asoma con claridad: rabas de auténtico calamar, gildas bien afinadas y croquetas de cochinita pibil firmadas por Avrile (Cantabria).

También hay fuera de cartas que vienen protagonizados por una anchoa (del Cantábrico, claro), sobre su mantequilla montada y sobao tras haber pasado por un vuelta y vuelta.

El interior de La Embajada.

Todo ello acompañado por cañas bien tiradas o por una cuidada selección de cerca de 20 vinos por copas, donde conviven generosos, referencias tranquilas y alguna burbuja de champagne.

La carta de comidas muestra el lado más inquieto de Reyes, ese apartado que le permite jugar e 'improvisar' elaboraciones que parten de lo tradicional hacia un planteamiento más actual. A su arroz con berberechos la mantequilla le aporta una untuosidad y suavidad, un pequeño giro que lo convierte en un plato inesperádamente gustoso.

Giros de guión que tampoco faltan en otros platos como su merluza envuelta en alga nori con salsa meunière, canelón de pollo guisado con foie, vitello tonnato de lengua de ternera o carrillera con puré de boniato y vinagreta de apio y hierbas. Platos reconocibles, pero con personalidad, pensados para compartir o para disfrutar en solitario.

La merluza con alga nori con salsa meunière, uno de los platos de La Embajada.

El final dulce queda en manos del arroz con leche merengada, el tiramisú “de mamá Yoli”, la torrija con helado y una tarta de queso que fue reconocida como mejor tarta con queso de Burgos en 2021.

Un lugar para sentirse en casa

El espacio acompaña: clásico, acogedor, sin estridencias, pensado para un público heterogéneo que va del vecino madrugador al comensal de sobremesa larga.

En sala, Sergio Bercedo, con experiencia en el Grupo Lamucca, ejerce de perfecto anfitrión, cuidando el ritmo, sugiriendo fuera de carta y logrando algo cada vez menos frecuente: que el cliente se sienta como en casa.

La Embajada de Serrano nace así como lo que promete ser: un restaurante con alma de bar, donde cada hora tiene su encanto y donde Nico Reyes firma, por fin, un proyecto propio que mira al pasado con respeto y al presente con ambición. Y sí, con una tortilla que merece atención diplomática.