El Hotel María Cristina junto al río Urumea de San Sebastián.
Hotel María Cristina, el clásico de San Sebastián refugio de artistas y ahora también meca de 'gourmets'
Ese icono de la Belle Epoque donostiarra ha sumado la llegada del dos estrellas Michelin Amelia a su coctelería, tienda gourmet y una reputada escuela de cocina.
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Hay hoteles que son simples lugares de paso y otros que terminan formando parte del alma de una ciudad. Ni falta que hace decir que el Hotel María Cristina, a Luxury Collection Hotel, San Sebastián, pertenece a esta segunda categoría.
Desde que abrió sus puertas en 1912, a orillas del río Urumea y a pocos pasos de la playa de La Zurriola, esta gran dama de la hotelería española ha sido testigo privilegiado de la historia de San Sebastián y refugio predilecto de aristócratas, estrellas de cine y viajeros en busca de la elegancia más atemporal.
Bautizado en honor a la reina María Cristina, gran enamorada de la ciudad, el hotel nació en la época dorada de la Belle Époque donostiarra, cuando San Sebastián se convirtió en el destino estival favorito de la alta sociedad española. Su arquitectura monumental y su proximidad al Teatro Victoria Eugenia hicieron que pronto se consolidara como el gran salón de la ciudad, un lugar donde alojarse era, y sigue siendo, algo parecido a un sueño.
A lo largo de más de un siglo, el María Cristina ha sabido reinventarse sin perder un ápice de su personalidad. La gran renovación de 2012, coincidiendo con su centenario, supuso un punto de inflexión y a pesar de que hayan transcurrido otros catorce años, el hotel sigue manteniéndose joven.
Ya con ese 'lavado de cara', principalmente de su interior, recuperó su esplendor con una profunda redecoración que lo situó de nuevo entre los establecimientos más sofisticados de Europa.
Regreso a la Belle Epoque desde el interior del Hotel María Cristina.
Hoy cuenta con 139 habitaciones y suites en las que el lujo se expresa de manera silenciosa, entre tonos grises, blancos y pinceladas en verde, pero también elegantes revestimientos y delicados mármoles que engalanan el hotel desde que cruzas esa singular puerta giratoria que no se corta en dejar pasar la brisa marina que regala el Cantábrico.
Entre sus estancias más codiciadas destacan las Royal Suites, con terrazas y vistas al Urumea y a un mar tan azul como los ojos de la célebre Bette Davis, la legendaria actriz estadounidense que se alojó aquí durante el Festival de Cine de San Sebastián en 1989, poco antes de su fallecimiento, a la que dedican la más especial de todas ellas.
La habitación conserva el espíritu de la diva de Hollywood con retratos en blanco y negro, una elegante cama con dosel y balcones desde los que la ciudad parece desplegarse como un decorado cinematográfico, además de un amplio salón con diván, escritorio y sofá, donde refugiarse los días de tormenta y contemplar desde los ventanales un Cantábrico enfurecido.
Y es que si algo define al María Cristina es su íntima relación con el séptimo arte. Durante décadas ha sido el hotel oficial del Festival de Cine de San Sebastián, convirtiéndose en la residencia temporal de actores, directores y productores de todo el mundo. Por sus pasillos han transitado algunas de las mayores leyendas del cine, alimentando un aura de glamour que todavía hoy se respira en cada rincón.
Pero el hotel ya no vive únicamente de su glorioso pasado y en los últimos años su nueva forma de conquistar a los viajeros ha sido a través de la gastronomía. El María Cristina se ha transformado también en un destino culinario por derecho propio, un lugar donde el buen comer se ha convertido en una experiencia tan importante como el alojamiento.
El salón que acoge los majestuosos desayunos que ofrece el hotel.
Sus desayunos son casi una institución en San Sebastián. En el majestuoso salón bañado por la luz de la mañana, los huéspedes se entregan a un festín de zumos recién exprimidos, frutas de temporada, quesos y embutidos locales, panes artesanos, bollería recién horneada y una cuidada selección de productos que rinden homenaje a la extraordinaria despensa vasca. No hay que levantarse de su mesa sin haber probado sus fabulosos huevos Benedict, que sirven con una suave y sabrosa salsa de setas.
La propuesta gastronómica continúa en The Gallery, un espacio que reivindica el producto de temporada y la cocina contemporánea, y en el elegante Dry Bar, de Javier de Las Muelas, convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de la ciudad.
El Dry Bar de Javier de Las Muelas, dentro del hotel.
En este salón de inspiración art déco, donostiarras y visitantes se reúnen para disfrutar de una refinada coctelería de autor -mención aparte su Dry Martini, como manda la tradición y la ocasión- y de una selección de pintxos que demuestra que el hotel también habla el lenguaje gastronómico de San Sebastián.
A esta nueva vocación culinaria se suma la presencia de Mimo San Sebastián, la reconocida escuela de cocina situada junto al hotel, que ha contribuido a consolidar al María Cristina como un auténtico centro de peregrinación para los amantes de la gastronomía.
Más de un siglo después de su inauguración, el Hotel María Cristina continúa siendo el gran símbolo de la elegancia donostiarra. Un lugar donde la memoria de las estrellas de cine convive con el entusiasmo de los viajeros gourmet y donde el lujo ya no se mide solo por la belleza de sus suites o la excelencia de su servicio, sino también por la capacidad de ofrecer una experiencia profundamente ligada a la cultura y a la cocina de una de las ciudades más fascinantes de Europa.