Aceituna rellena.
100 años de la aceituna rellena: Cándido Miró, el alicantino que popularizó este aperitivo desde un pueblo sin olivos
En 1926 Cándido Miró industrializó un producto que se ha convertido en icono de la mesa española y hoy se consume en más de 50 países.
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La aceituna rellena de anchoa cumple un siglo convertida en uno de los productos más reconocibles del aperitivo español. Su origen industrial se remonta a 1926, cuando el empresario alcoyano Cándido Miró Rabasa comenzó a comercializar este producto desde Alcoi, una localidad alicantina sin tradición olivarera y alejada del mar.
Hasta entonces, las aceitunas rellenas se elaboraban de forma artesanal en bares y casas de la ciudad. El proceso era laborioso: había que deshuesarlas manualmente antes de introducir el relleno de anchoa. Miró vio en aquella costumbre local una oportunidad empresarial y puso en marcha un sistema mecanizado de producción que permitió fabricar y vender el producto a mayor escala.
En un pequeño local de la calle Sardina instaló una máquina capaz de deshuesar aceitunas en cadena para rellenarlas después, un avance técnico que marcó el nacimiento de una nueva categoría dentro de la alimentación envasada. Cuatro años más tarde registraría la marca Serpis, llamada así por el río que atraviesa la ciudad.
La empresa, fundada hace ahora cien años, ha evolucionado desde aquella producción inicial hasta convertirse en un fabricante con presencia internacional. Actualmente comercializa más de 600 referencias y distribuye sus productos en más de 50 países.
El dato resulta especialmente singular por el contexto geográfico de su origen. Alcoi no es una zona vinculada históricamente al cultivo del olivo ni a la industria conservera marina. Sin embargo, fue allí donde se desarrolló y popularizó uno de los aperitivos más consumidos en España.
La aceituna rellena de Serpis.
Durante este siglo, la aceituna rellena ha pasado de ser una elaboración considerada casi de lujo —por su preparación manual— a un producto de consumo cotidiano asociado al vermú, las barras de bar y las reuniones familiares. La versión rellena de anchoa sigue siendo hoy el producto emblemático de la compañía, que cuenta también con otras variedades que son éxitos de ventas.
A la Serpis Clásica Rellena de Anchoa, la más icónica de la marca, se suma la Serpis Gran Selección, que utiliza aceituna manzanilla de un calibre superior y la anchoa del Cantábrico con la que se rellena, cuenta con el sello de pesca sostenible MSC. También cuentan con una de bajo contenido en sal, una alternativa ligera con un 35% menos de sal que la tradicional.
El lineal de Serpis con sus diferentes referencias de aceitunas rellenas.
Desde sus instalaciones actuales en Alcoi, de más de 16.000 metros cuadrados, la empresa gestiona una producción de alrededor de 12.000 toneladas de aceitunas al año. En paralelo, ha ampliado su catálogo con nuevas gamas orientadas a la innovación, como productos sin conservantes, opciones con menos sal o formatos diseñados para el consumo fuera del hogar.
El centenario de la aceituna rellena sirve también para recordar cómo una elaboración local terminó convertida en un producto de alcance global gracias a la industrialización alimentaria y a la visión empresarial de un fabricante que supo detectar el potencial comercial de un aperitivo tradicional.