Giulia, cocinera italiana, en un montaje de El Español

Giulia, cocinera italiana, en un montaje de El Español iStock

Pasta y arroz

Giulia, cocinera italiana: "La mejor pasta del mundo no lleva tomate; se hace en 10 minutos con 2 ajos y parmesano"

La pasta italiana más fácil y sabrosa se hace en 10 minutos con ajo, guindilla y aceite. Descubre el truco para que quede cremosa sin usar tomate.

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Hay días en los que abrimos la nevera y parece que lo único que hay es el eco. Sin una salsa preparada, sin verduras, sin nada descongelado listo para calentar y, mientras tanto, las tripas rugen del hambre. ¿Te suena?

Pero para solucionarlo basta con mirar la despensa y buscar pasta, ajo, aceite y poco más. Con eso, la cocinera italiana Giulia Caschera, detrás del perfil de Instagram @cookwithgiulia, demuestra que se puede preparar uno de los platos más míticos de Italia en apenas 10 minutos.

Una receta tan sencilla que en Nápoles la llaman spaghetti di mezzanotte, porque es la que se improvisa al volver a casa de madrugada después de una noche de fiesta. Sin tomate, sin complicaciones y con un resultado sorprendentemente cremoso. Giulia la define como "la mejor pasta del mundo".

Un clásico humilde que nunca falla

La receta no puede ser más fácil: ajo muy picado, aceite de oliva virgen extra y guindilla al gusto. Solo hay que tener cuidado con una cosa y es que al ajo no se le puede quitar el ojo de encima para evitar que se queme. Ese es el único riesgo de un plato que se hace casi solo mientras el agua de la pasta rompe a hervir.

El truco para convertir algo delicioso es la magia de lo que en Italia llaman la mantecatura. Es lo que sucede cuando añadimos un cazo del agua de cocción a la sartén.

Ese líquido cargado del almidón que ha soltado la pasta ayuda a emulsionar el aceite y transforma lo que parecía un simple ajo frito en una salsa ligera que abraza cada hebra de espagueti.

Después, el toque fresco del perejil y, de forma opcional pero muy recomendable, un poco de parmesano rallado para aportar intensidad y ese punto umami que termina de redondear el plato.

Ingredientes

  • Espaguetis, 400 g
  • Ajo, 2 o 3 dientes
  • Guindilla fresca o seca, al gusto
  • Perejil fresco, 10 g
  • Queso parmesano rallado, 30 g (opcional)
  • Aceite de oliva virgen extra, 60 ml
  • Sal, 10 g por cada litro de agua

Paso 1

Ponemos a hervir abundante agua en una olla amplia y la salamos cuando rompa a hervir. Cocemos los espaguetis siguiendo el tiempo indicado en el paquete, pero los retiramos un par de minutos antes para que queden al dente.

Paso 2

Mientras se cuece la pasta, picamos muy finos los dientes de ajo. También picamos el perejil y troceamos la guindilla si es fresca.

Paso 3

Calentamos el aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia. Sofreímos el ajo junto con la guindilla a fuego medio-bajo, vigilando que no se queme.

Paso 4

Añadimos un cazo (unos 60 ml) del agua de cocción de la pasta a la sartén, bajamos el fuego al mínimo y removemos para que se forme una emulsión ligera.

Paso 5

Escurrimos los espaguetis al dente y los incorporamos directamente a la sartén. Removemos durante aproximadamente un minuto para que se impregnen bien y terminen de cocerse.

Paso 6

Apagamos el fuego y seguimos removiendo mientras añadimos un pequeño hilo extra de aceite para potenciar la cremosidad. Incorporamos el perejil picado y el parmesano rallado al gusto antes de servir.

Cómo integrarla en un menú más completo

Aunque por sí sola es un espectáculo, esta pasta puede formar parte de un menú más elaborado. Como entrante, si se desea seguir con los sabores de Italia, una ensalada de hojas amargas como rúcula o escarola con una vinagreta suave de limón puede ser el contrapunto perfecto.

También puede precederla una tabla de antipasti con aceitunas, alcachofas en conserva y queso burrata.

Si se desea añadir proteína, unas gambas salteadas aparte y servidas sobre la propia pasta funcionan de maravilla, aunque igual tendríamos que cambiarle el nombre a la receta

Para cerrar el menú, un tiramisú clásico o una panna cotta ligera pondrían el broche dulce sin restar protagonismo a este icono de la cocina popular italiana.

Otras recetas italianas igual de sencillas y sin tomate

Italia está llena de preparaciones humildes que demuestran que menos es más. La pasta cacio e pepe, por ejemplo, se elabora con queso pecorino y pimienta negra, y solo con esos dos ingredientes se consigue una salsa cremosa gracias al almidón del agua de cocción.

La pasta alla gricia, considerada precursora de la carbonara, combina guanciale y queso sin rastro de tomate.

También el risotto alla milanese, con azafrán y mantequilla, o los gnocchi al burro e salvia, aderezados solo con mantequilla y salvia fresca, son la prueba de que la despensa más básica puede dar lugar a platos memorables.

Preparaciones que, como los spaghetti aglio, olio e peperoncino de Giulia, recuerdan que la verdadera cocina italiana nace de la sencillez bien entendida.