Jesús Sánchez, chef, en un montaje de El Español

Jesús Sánchez, chef, en un montaje de El Español iStock

Recetas

Jesús Sánchez, 62 años, chef: "El pulpo cocido no se mejora con pimentón; usa esta vinagreta con piparras y huevo duro"

Sin tiempo que perder y sin riesgo de quemarse, el chef al frente del único restaurante con tres estrellas Michelin en Cantabria se marca una de sus recetas "con la gorra" lista en pocos minutos.

Más información: Ni pimentón ni sal: el truco desconocido de las 'pulpeiras' gallegas para que el pulpo 'á feira' quede insuperable

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Cuando llegan esas noches de calor en las que no queremos cocinar, pero sí cenar algo rico, las recetas frías juegan con ventaja.

No necesitan fuego, no nos roban mucho tiempo y, si están bien pensadas, se pueden disfrutar tanto como otros platos que requieren horas de elaboración.

El chef Jesús Sánchez tiene en su perfil de Instagram muchas recetas que son perfectas para esos momentos, como estas brochetas de pulpo. Sencillas, rápidas y muy fáciles de montar.

Es el típico comodín perfecto para el aperitivo que también puede acabar siendo cena. Ligero, saludable y lleno de sabor, funciona especialmente bien cuando el cuerpo pide algo fresco, sabroso y sin esfuerzo.

El chef al frente de El cenador de Amós (3 estrellas Michelin) demuestra que el pulpo cocido puede ser mucho más que pulpo á feira y lo convierte en un pintxo vasco contemporáneo.

Una mezcla bien elegida de proteína marina, encurtidos y un toque cremoso que lo envuelve todo. Simple, rápido y delicioso. ¿Quién necesita más?

Un picoteo sabroso y saludable

Más allá de lo vistosas que puedan resultar, estas brochetas funcionan muy bien como cena ligera y proteica. Langostinos, pulpo y huevo aportan proteínas completas de alto valor biológico, con un contenido graso muy moderado.

Este último procede principalmente del aceite de oliva virgen extra que se usa en la vinagreta, por lo que puede adaptarse la cantidad si se desea una versión aún más ligera. La mayonesa aparece en cantidad mínima, por lo que apenas modifica el perfil nutricional de la receta.

Desde el punto de vista de los micronutrientes destaca especialmente el contenido en minerales como el yodo del marisco, el hierro del pulpo y las vitaminas antioxidantes de los pimientos. Las piparras, además, estimulan la digestión gracias a su acidez.

El resultado es un bocado que sacia sin resultar pesado. Ideal para una cena informal en la que apetece comer con las manos sin renunciar a algo nutritivo.

Ingredientes

Ingredientes

  • Langostinos cocidos medianos, 16 ud
  • Pulpo cocido, 250 g
  • Huevos de codorniz cocidos, 16 ud
  • Piparras en vinagre, 8 ud
  • Pimiento rojo crudo, 80 g
  • Pimiento rojo asado, 8 tiras
  • Cebolla blanca, 80 g
  • Pimiento verde, 80 g
  • Aceite de oliva virgen extra, 60 ml
  • Vinagre suave o jugo de piparras, 20 ml
  • Mayonesa, 30 g

Paso 1

Pela los langostinos cocidos si fuera necesario y los reservamos. Corta los extremos de los huevos de codorniz cocidos para que la yema quede visible.

Paso 2

Corta las piparras en dos trozos cada una. Lava el pimiento rojo y córtalo en tiras alargadas de tamaño adecuado para la brocheta.

Paso 3

Corta el pulpo cocido en rodajas de tamaño similar para que todas las brochetas tengan la misma cantidad.

Paso 4

Monta las brochetas pinchando primero un langostino cocido, después el huevo de codorniz, dos trozos de piparra, media tira de pimiento rojo asado y finalmente un trozo de pulpo cocido.

Paso 5

Para preparar la vinagreta, pica muy fina la cebolla y los pimientos rojo y verde crudos. Mézclalos en un cuenco con el aceite de oliva virgen extra y el vinagre o jugo de piparras hasta obtener una vinagreta ligera.

Paso 6

Aliña las brochetas con la vinagreta procurando que caiga también sobre el huevo. Termina colocando un pequeño punto de mayonesa sobre cada yema y sirve inmediatamente.

El pintxo vasco, alta cocina en la barra

Aunque Sánchez no lo plantea explícitamente como tal, esta brocheta encaja perfectamente en la cultura del pintxo que se extiende por toda la cornisa cantábrica.

Aunque el término se usa hoy de forma genérica, el pintxo nació en el País Vasco en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado como una evolución natural de la tapa, un bocado sujeto con un palillo que se tomaba de pie en la barra, acompañado de un txakoli o un zurito de cerveza.

San Sebastián, Bilbao y Vitoria convirtieron aquel gesto cotidiano en una disciplina casi gastronómica. A partir de los años ochenta, coincidiendo con el auge de la nueva cocina vasca, los pintxos dejaron de ser simples montaditos de anchoa o tortilla para incorporar técnicas de alta cocina en miniatura.

La gilda, compuesta por anchoa, aceituna y guindilla, se convirtió en el pintxo icónico, un ejercicio de equilibrio entre salado, ácido y picante que Sánchez homenajea con sus piparras.