Blanda y crujiente, dulce y amarga, suave y terrosa, crujiente, la almendra es uno de los frutos secos que más benefician a la salud. Es un torrente de vitaminas y nutrientes de facilísimo acceso: vitamina E, fibra, biotina, calcio, fósforo o magnesio son algunas de las propiedades que se le atribuyen. Pero la cosa no acaba aquí, según un estudio de la Universidad de Harvard, las almendras reducen el riesgo de enfermedades cardíacas al disminuir el colesterol total y tener efectos antiinflamatorios y antioxidantes.
 
La absorción del colesterol y ácidos biliares es gracias a los esteroles vegetales que se encuentran en las almendras, cuya gran cantidad de grasas insaturadas favorece un perfil lipídico mejorado que puede reemplazar a otros alimentos con alto contenido de grasas saturadas y carbohidratos refinados.
Son ricos en calorías, pero según las investigaciones no existe un indicio de que su consumo conduzca a un aumento de peso, además las contienen fitonutrientes que favorecen el crecimiento de microbios intestinales beneficiosos y su ingesta, según demuestran los ensayos, puede disminuir la inflamación, promover la salud de los vasos sanguíneos y reducir la resistencia a la insulina.
 
Los frutos secos como aliados a la hora de picar entre horas es siempre una gran idea, en el caso de la almendra, si se consume dos o más veces por semana el riesgo de enfermedad cardiovascular total reducirá un 13% y un 15% cuando se trate de patología coronaria. Con una ración de 25 g de almendras al día, además, estamos obteniendo 18 % de las ingestas diarias recomendadas de fósforo para la población de estudio.  

Beneficios de la almendra 

- Son una fuente de vitamina E, C, cobre, potasio, fósforo, hierro y magnesio.

- Ayuda a reducir el colesterol por su contenido en Omega 3.

- Podría ayudar a reducir el riesgo de padecer cáncer.

-Contiene antioxidantes gracias a la vitamina E.

La almendra en la cocina

La almendra es un ingrediente presente en muchos platos del recetario español como el cardo con almendras, un plato que nunca falta en invierno, ni el conejo guisado con almendras, un clásico que nunca falla. Además, en los últimos años ha ganado protagonismo particularmente en la repostería, ya que se usa en muchas ocasiones como alternativa a la harina de trigo y sirve como solución a los intolerantes al gluten.

En polvo, en leche, enteras, laminadas... hay muchas maneras de incorporarlas a las elaboraciones y antes de ello, para que pelarlas no sea un fastidio, recurrir a este sencillo truco que compartimos en su día. 

Para esta receta será necesaria la leche de almendra que le sienta muy bien a las sopas, al igual que otras leches vegetales, palabra de Mer Bonilla, autora de esta a base de pescado, como la que le preparaba su madre: "a diferencia de la leche de vaca, no se te cortan, y quedan los caldos así como más espesitos, más aterciopelados. Al fin y al cabo, a los curris se les echa leche de coco".

Ingredientes

  • Cebolla, 1 grande
  • Zanahorias, 2
  • Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas
  • Manzanilla (el vino, no la infusión), 1 vaso pequeño
  • Patatas medianas, 2 o 3
  • Guisantes, 150 g
  • Leche de almendras sin azúcar, 400 ml
  • Caldo de pescado o marisco, 400 ml
  • Pescado para cocer limpio (merluza, rape, salmón,…), 600 g
  • Sal

Cómo hacer la sopa de pescado 

1: Sofreír las verduras

En una cazuela ponemos a calentar el aceite de oliva virgen extra y sofreímos la cebolla cortada en brunoise y las zanahorias en bastones con una pizca de sal, a fuego medio y removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla se ablande y empiece a dorarse.

2: Añadir la manzanilla

Añadimos el vino, subimos el fuego a tope y lo dejamos a fuego vivo durante unos 5 minutos hasta que se evapore.

3: Cocer las patatas

Añadimos las patatas peladas, lavadas y cortadas en trozos de bocado, preferiblemente chascándolas con el cuchillo para que suelten almidón y le den una textura más melosa al caldo. Añadimos la leche de almendras, el caldo de pescado y los guisantes si están congelados. Si los guisantes son frescos, basta con añadirlos al final cuando las patatas casi estén listas.

Dejamos el fuego alto hasta que hierva, tapamos la cazuela, bajamos el fuego al mínimo y dejamos que se cocine durante 15-20 minutos, dependiendo del tipo de patatas que utilicemos.

4: Añadir el pescado

Cuando las patatas estén tiernas, probamos la sopa, rectificamos de sal si es necesario, y añadimos el pescado cortado en trozos de bocado, sin espinas y ligeramente sazonado. Mezclamos el pescado en la sopa, tapamos la olla y dejamos durante unos 5 minutos para que el pescado se cocine con el calor residual.

5: Servir

Servimos la sopa directamente en la cazuela en la que la hemos cocinado, para que no se nos enfríe en trasvases. Se trata de comerla calentita, para que resulte muy reconfortante.

Notas

Cuenta la autor, que su "madre solía hacer esta sopa de pescado con un majado de almendras tostadas que le va de auténtico lujo, yo para ahorrarme lo de tostar las almendras y machacarlas y de paso ahorrarme fregar sartén y mortero, hace tiempo que lo que hago es cambiar la mitad del caldo de pescado por leche de almendras sin azúcar, acabo mucho antes y la sopa sigue conservando ese puntito tan especial que le dan las almendras a algunos guisos".