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Ciencia

La UE cambia las normas: pide a España que se prepare para un escenario de hasta 3,3 grados de calentamiento global

El Consejo Científico Asesor de la UE propone utilizar el escenario SSP2-4.5 como referencia de adaptación y recurrir a futuros todavía más adversos para someter infraestructuras a prueba de estrés climático.

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Las claves

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La UE recomienda a España planificar infraestructuras para escenarios de hasta 3,3 ºC de calentamiento global respecto a la era preindustrial.

El Consejo Científico Asesor Europeo sobre Cambio Climático propone usar el escenario SSP2-4.5 para evaluar riesgos y comprobar la resistencia ante trayectorias más adversas.

España, especialmente vulnerable al calor y la sequía, podría enfrentar olas de calor casi anuales y duplicación de sequías en parte del Mediterráneo con 3 ºC de aumento global.

La adaptación implica revisar hidrología, redes eléctricas, regadíos y urbanismo para soportar fenómenos climáticos más extremos, aunque la recomendación aún no es vinculante.

Europa empieza a planificar sus infraestructuras con una premisa cada vez más incómoda: limitar el calentamiento global sigue siendo imprescindible, pero carreteras, hospitales, redes eléctricas o sistemas de abastecimiento construidos hoy también deben resistir condiciones climáticas considerablemente peores que las actuales. España, especialmente expuesta al calor y la sequía, tendrá que prepararse para condiciones considerablemente más extremas.

El Consejo Científico Asesor Europeo sobre Cambio Climático ha recomendado que la Unión adopte una referencia común para esa planificación. Su propuesta consiste en utilizar el escenario intermedio SSP2-4.5, que proyecta un intervalo muy probable de entre 2,1 y 3,5 ºC para el año 2100, y comprobar, además, la resistencia de determinadas inversiones frente a trayectorias todavía más adversas, como SSP3-7.0 (de entre 2.8 °C y 4.6 °C).

De hecho, El Consejo señala además que las proyecciones que emplea dejan aproximadamente un 10% de probabilidad de superar los 3,3 ºC, una posibilidad minoritaria pero relevante cuando se diseñan infraestructuras que deben funcionar durante décadas.

La recomendación afecta también a España como Estado miembro, pero todavía no constituye una nueva obligación jurídica. El Consejo es un organismo científico independiente creado al amparo de la Ley Europea del Clima y sus informes sirven para orientar las decisiones de la Comisión, el Parlamento y los Estados.

3ºC por encima de la era preindustrial

No es que Bruselas esté pronosticando exactamente 3,3 ºC de calentamiento para finales de siglo. Esa cifra se refiere al aumento de la temperatura media global respecto al periodo preindustrial y forma parte del abanico de riesgos que el organismo considera suficientemente relevante como para no ignorarlo al tomar decisiones con varias décadas de vida útil.

El cambio tampoco parte completamente de cero. En 2024, la propia Comisión Europea anunció que utilizaría SSP2-4.5 como escenario mínimo aceptable para evaluar los riesgos climáticos físicos de sus políticas y que recurriría a escenarios más adversos en las pruebas de estrés. También aconsejó a los Estados miembros y al sector privado seguir un planteamiento similar.

Lo cierto es que la Comisión prepara un nuevo marco europeo de resiliencia y gestión de riesgos climáticos, cuya adopción está prevista para la segunda mitad de 2026 tras la correspondiente evaluación de impacto.

Los 3,3 grados tampoco representan un nuevo objetivo climático ni la temperatura prevista específicamente para España en solitario. Se refieren al aumento medio mundial respecto a la época preindustrial dentro de una trayectoria que el panel considera suficientemente plausible como para utilizarla en la planificación.

Europa se calienta más rápido

Europa lleva décadas calentándose aproximadamente el doble de rápido que el promedio mundial y el Consejo señala que, bajo SSP2-4.5, el calentamiento medio europeo podría rondar los 3,9 ºC hacia finales de siglo. La novedad consiste en reconocer que la adaptación no puede basarse exclusivamente en que esos esfuerzos tengan el resultado más optimista, porque una infraestructura construida hoy seguirá funcionando durante varias décadas.

Las consecuencias potenciales para la Península aparecen en distintos estudios del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. En un mundo 3 ºC más cálido que en la era preindustrial, una ola de calor que en el clima de referencia ocurriría aproximadamente una vez cada 50 años podría repetirse casi anualmente en España y algunas zonas de Portugal.

La sequía constituye otro de los riesgos especialmente sensibles. El proyecto PESETA IV estimó unas pérdidas medias actuales asociadas a la sequía de alrededor de 1.500 millones de euros anuales en nuestro país, la cifra más elevada entre los países estudiados.

Con 3 ºC de calentamiento global, el mismo análisis proyecta que la frecuencia de las sequías podría duplicarse en cerca de una cuarta parte de la región mediterránea. Agricultura, generación eléctrica, suministro urbano y ecosistemas figuran entre los ámbitos expuestos, aunque la magnitud final de los daños dependerá también de las medidas de adaptación que se apliquen

Por eso, e informe propone armonizar las evaluaciones de riesgos de los Estados miembros, utilizar escenarios climáticos comunes y someter las inversiones a pruebas todavía más adversas. También reclama objetivos medibles de adaptación y una estrategia para repartir los crecientes costes entre presupuestos públicos, empresas y aseguradoras.

Prepararse para semejantes condiciones no significa asumir que sean inevitables ni que cualquier impacto pueda resolverse reforzando una carretera, ampliando un drenaje o refrigerando un hospital. El propio Consejo Científico advierte de que la adaptación tiene límites físicos, biológicos, económicos y sociales y que su eficacia disminuye a medida que aumentan los riesgos.

La primera Evaluación Europea de Riesgos Climáticos ya considera críticos en el sur de Europa los riesgos del calor y la sequía para los cultivos. También identifica como urgentes los incendios, la exposición de los trabajadores al aire libre y los daños sobre ecosistemas y poblaciones.

Para España, adaptarse implicaría revisar planes hidrológicos, redes eléctricas, regadíos, viviendas, hospitales, colegios y sistemas de alerta. También obligaría a dimensionar puentes, drenajes, costas y desarrollos urbanos para fenómenos que superen los registros utilizados tradicionalmente como referencia.

El cambio de enfoque pretende evitar que una obra cumpla las condiciones del clima pasado, pero resulte insuficiente antes de finalizar su vida útil. Un depósito, una residencia o una red de saneamiento pueden quedar expuestos durante décadas a temperaturas, incendios e inundaciones crecientes.

De hecho, la Comisión está preparando actualmente un nuevo marco integrado europeo de resiliencia climática y gestión de riesgos, cuya presentación está prevista para el último tramo de 2026 y que incluirá medidas legislativas y no legislativas. Hasta que ese proceso concluya, por tanto, hablar de una nueva norma europea que ya obliga a España iría más allá de lo aprobado.

La recomendación introduce así una doble estrategia: intentar contener el calentamiento mientras las administraciones se preparan para que el resultado sea peor.