Gato naranja.
Juan Enrique Romero, veterinario: “Los gatos naranjas se hacen testarudos y distantes sin una correcta sociabilización”
La fama de los gatos naranjas mezcla memes y realidad: el pelaje no determina su carácter, pero la socialización sí puede cambiarlo.
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Los gatos naranjas llevan años cargando con una fama fabricada entre viñetas, vídeos y bromas de internet. Garfield, el Gato con Botas y miles de memes los han convertido en felinos glotones, caóticos, simpáticos o imprevisibles.
La realidad, como casi siempre ocurre con los gatos, es bastante menos sencilla. El color del pelaje puede hacerlos más reconocibles, pero no permite saber cómo será un animal, cuánto buscará contacto o cómo reaccionará ante una casa nueva.
Juan Enrique Romero, médico veterinario y divulgador argentino, ofrece a Infobae una descripción más afectuosa que científica en sentido estricto. Según él, los gatos naranjas suelen ser cariñosos, amables y juguetones, aunque todo depende mucho de sus primeras experiencias.
“Los gatos naranjas son tiernos pero, si no se los hace transitar por una correcta socialización temprana, pueden volverse testarudos y distantes”, escribió Romero al hablar de las características que se atribuyen popularmente a estos felinos.
La frase funciona porque desplaza el foco. No importa tanto si el gato es naranja, negro, gris o atigrado, sino qué ha vivido cuando todavía estaba aprendiendo a relacionarse con personas, ruidos, objetos y otros animales.
Suele necesitar más tiempo y rutinas previsibles
La socialización no consiste en obligar al cachorro a soportar abrazos, visitas o manipulación constante. Consiste en ofrecer experiencias graduales, seguras y positivas para que el animal no interprete cada novedad como una amenaza.
En los gatos, esa ventana empieza muy pronto. VCA Animal Hospitals sitúa el periodo más sensible entre las dos y las siete semanas de vida, una etapa en la que los gatitos aprenden a familiarizarse con personas, animales y entornos nuevos.
Eso no significa que un gato adulto poco socializado esté perdido. Puede aprender a confiar, pero suele necesitar más tiempo, rutinas previsibles, escondites, juego, paciencia y la posibilidad de retirarse cuando una interacción le resulta demasiado intensa.
El color naranja, mientras tanto, tiene una explicación genética. Dos investigaciones publicadas en Current Biology identificaron una alteración relacionada con ARHGAP36, en el cromosoma X, como clave para esta pigmentación tan característica.
Esa localización ayuda a explicar por qué los gatos completamente naranjas son con más frecuencia machos. Ellos tienen un solo cromosoma X; las hembras, en general, necesitan heredar la variante naranja en sus dos cromosomas.
Pero una cosa es explicar el color y otra muy distinta explicar el carácter. La genética del pelaje no demuestra que exista una “personalidad naranja”, por mucho que internet haya convertido esa idea en una categoría casi humorística.
Algunos estudios basados en cuestionarios encuentran diferencias en cómo los propietarios describen a sus gatos, pero ahí entra un problema evidente: las personas también miran a los animales con expectativas, prejuicios y etiquetas culturales previas.
De hecho, un trabajo sobre factores demográficos y personalidad felina no encontró un efecto significativo del color del manto sobre los rasgos de personalidad estudiados. La conducta real parece depender de una mezcla mucho más amplia.
Por eso llamar testarudo, distante o payaso a un gato naranja puede servir como broma, pero no como diagnóstico. Un gato puede ser sociable, miedoso, activo o independiente por su historia, su salud, su ambiente y su manejo.