Un gato.

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Ciencia

Los veterinarios coinciden: en verano los gatos entran en un período de 'latencia' y comen mucho menos

En otoño los gatos alcanzan su mayor nivel anual de acicalado debido a la muda que prepara su pelaje para el invierno.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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En verano, los gatos reducen su actividad y entran en una fase de 'latencia', disminuyendo considerablemente su apetito.

Las altas temperaturas y la duración del día influyen directamente en los hábitos de los felinos, que buscan conservar energía y protegerse del calor.

La menor ingesta de alimento en verano ayuda a los gatos a evitar un aumento de la temperatura corporal, ya que el proceso digestivo genera calor interno.

Durante las noches y al amanecer, los gatos suelen mostrar picos de actividad, mientras que durante el día prefieren descansar para evitar el calor.

Las altas temperaturas no solo alteran las rutinas humanas. También modifican de forma notable el comportamiento de los gatos, que adaptan su actividad diaria a las condiciones ambientales para conservar energía y protegerse del calor.

Según explica el veterinario Carlos Gutiérrez, los felinos perciben cambios estacionales que muchas veces pasan desapercibidos para las personas. La duración de los días, la temperatura o incluso las lluvias influyen directamente en sus hábitos.

Durante el invierno, por ejemplo, los gatos suelen mostrarse menos activos. La reducción de las horas de luz provoca que jueguen menos y busquen con más frecuencia lugares cálidos donde descansar durante largos periodos.

En esa época también experimentan cambios relacionados con el pelaje. Su manto invernal es más denso y abundante, por lo que dedican parte de su tiempo a mantenerlo en buenas condiciones mediante el acicalado.

La llegada de la primavera supone un giro importante. Los días más largos favorecen una mayor actividad física, incrementan las ganas de jugar y reducen las horas destinadas al descanso y las siestas.

Luz y hormonas

Además, la luz tiene efectos sobre determinados procesos hormonales. En gatos no esterilizados, la primavera coincide con una mayor actividad reproductiva, mientras que otros ejemplares pueden mostrar comportamientos más territoriales y vigilantes.

Sin embargo, el cambio más llamativo aparece durante el verano. Cuando las temperaturas aumentan considerablemente, los gatos reducen de forma natural sus movimientos y entran en una especie de estado de baja actividad.

Los expertos describen este comportamiento como una fase cercana a la latencia. El objetivo es sencillo: evitar un gasto energético excesivo y prevenir que la temperatura corporal alcance niveles potencialmente peligrosos.

Esta reducción de la actividad tiene una consecuencia directa sobre la alimentación. Al moverse menos durante el día, los gatos necesitan menos calorías para mantener sus funciones habituales y conservar su equilibrio energético.

También existe otra razón que explica por qué comen menos. El proceso digestivo genera calor interno, por lo que disminuir la ingesta ayuda a evitar un aumento adicional de la temperatura corporal.

Lejos de ser un problema, esta adaptación forma parte de los mecanismos naturales de protección frente al calor. Gracias a ella, los felinos minimizan el riesgo de sufrir complicaciones asociadas a las temperaturas extremas.

Por esa misma razón, sus momentos de mayor movimiento suelen trasladarse a las horas nocturnas. Es habitual que registren picos de actividad avanzada la noche y también al amanecer.

El verano puede añadir otro factor relevante: las tormentas. Algunos gatos, especialmente aquellos adoptados cuando ya eran adultos, suelen mostrar más temor ante estos fenómenos y buscan refugios seguros dentro del hogar.